Concha Piquer tenía 42 años en 1948. Ya era una artista consagrada tras más de un cuarto de siglo sobre los escenarios. Ese año la Piquer se presentó en el teatro Calderón de Madrid con el espectáculo Canciones y bailes de España, con música de Juan Solano y letras de Ochaita y Valerio. Era un compendio de variedades en el que contaba, entre otras, con las actuaciones de su hermana Ana Piquer y del humorista Palitos, hermano del coreógrafo conocido con el mismo nombre. Dos años después, enero de 1950, doña Concha volvía al Calderón con Tonadilla, esta vez de Antonio Quintero y Rafael de León. Ocho años después la tonadillera se despidió para siempre de los escenarios.
Pero La Piquer ha reaparecido en el escenario de la calle Atocha, reencarnada en la cantante Diana Navarro. Junto a ella, el poeta Rafael de León y con la participación de un García Lorca, que nunca se encontró con la cantante. Es el espectáculo En tierra extraña, creado por José María Cámara y Juan Carlos Rubio. Casi tres años después de su estreno en el Español, está a punto de echar el telón para siempre.
Rubio ha elegido como título el pasodoble En tierra extraña que el maestro Penella -con quien tuvo una relación la Piquer- le compuso en 1927. Una extraordinaria canción que narra la nostalgia de los españoles alejados de la patria, que se convirtió casi en un himno.
La acción del espectáculo transcurre la tarde del 12 de julio de 1936, el día en que fue asesinado el teniente Castillo, con tambores de guerra en la sociedad española. La Piquer y Rafael de León ensayan en el escenario desmantelado del Calderón. Al levantarse el telón preparan Tatuaje, con la sorna sobre el marinero hermoso y rubio como la cerveza. Después aparecerá Ojos verdes, la canción que surgió de un encuentro entre Lorca, Rafael de León y Miguel de Molina. Se interpretó por primera vez en público en 1937 y ese mismo año la grabó Concha Piquer, haciéndola imprescindible en su repertorio.

La cantante y el letrista esperan a un invitado especial: Federico García Lorca que, como siempre, llega tarde. La Piquer quiere que el poeta le escriba una canción, a lo que este se resiste hasta que la conozca bien. Pero en la velada también aparece la pasión de Rafael de León hacia Lorca, no correspondida. El dolor de los amores homosexuales frustrados produce algunas de las letras más hermosas y emocionantes. Además de sus sentimientos personales, la tragedia acecha y doña Concha le ruega a Federico que abandone España. Este se niega y se despiden, presintiendo que es para siempre. Finalmente la cantante aparece en escena para protagonizar un final apoteósico con la supuesta canción de García Lorca.
Es emotivo ver esta historia en el escenario real que pisaron Concha y Rafael, que en el franquismo fue uno de los preferidos para los espectáculos folklóricos. Hay un extraordinario trabajo de interpretación por los tres artistas. Diana Navarro es una reconocida cantante que ha hecho un afortunado debut como actriz. Avelino Piedad y Alejandro Vera dan un auténtico recital de humor, de música y de emoción. Su complicidad escénica es total. Algunos de los temas de la Piquer (o de Quintero, León y Quiroga) salpican la representación en afortunadas versiones. Terminada la última canción, El amor oscuro, el público se pone en pie como impulsado por un resorte. Las aclamaciones no cesan y así viene sucediendo cada día desde hace tres años.
Pero la Piquer se va a despedir para siempre del Calderón y de Madrid. La aventura teatral acaba y cada uno de sus artífices se incorpora a nuevas producciones. En los telares del centenario Calderón quedarán flotando las notas de Te quiero más que a mi vida, A la lima y al limón, Tatuaje y, sobre todo En tierra extraña. Todos los teatros presumen de fantasma. Tal vez el del Calderón, sea el de doña Concha.
Están hasta el domingo 30. No se lo pierdan.