Durante esta semana, la Comunidad de Madrid ha vuelto a activar el protocolo de Alto Riesgo por Calor ante la nueva ola de calor en la que se han registrado temperaturas superiores a 40 grados. Con estos datos, es normal que los madrileños busquen alternativas para hacer frente a los elevados niveles de los termómetros, evitando las horas de más calor y buscando las sombras por las calles. Bajo esta premisa nació ‘La Fresquita’, un proyecto de “refugio climático” creado por los vecinos de Lavapiés que pretendía ser “un lugar autogestionado de encuentro para los habitantes de la zona” en un solar de titularidad municipal situado en la calle Santiago el Verde. Sin embargo, tres días después de las tareas de limpieza, los operarios del Ayuntamiento de Madrid sellaron la entrada al espacio aplicando el procedimiento antiokupación que tiene establecida la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo, titular del 80 por ciento de este terreno.
Después de años en desuso, un grupo de vecinos decidió crear un “refugio climático”, donde poder combatir las altas temperaturas con zonas arboladas y sombras con pérgolas de madera que permitieran a los residentes de la zona tener un lugar para reunirse.
“Queríamos que fuera un espacio abierto para la gente del barrio. Teníamos pensado crear huertos o, por ejemplo, celebrar los cumpleaños de los niños. Son cosas que a día de hoy no se puede hacer porque la zona es totalmente hostil”, apunta uno de los integrantes de ‘Vecinas a la fresca’, plataforma del movimiento ‘La Fresquita’.
‘La Fresquita’ buscaba ser una respuesta ante las olas de calor, la falta de espacios verdes y, sobre todo, un espacio para pensar y actuar en colectivo. Los miembros de ‘Vecinas a la fresca’ denuncian la falta de este tipo de espacios: “No hay ni una sola sombra, tenemos plazas que tienen ese nombre arquitectónicamente porque no se puede estar. (…) La iniciativa salió de las propias necesidades de los vecinos”. Con la ilusión de crear ese espacio de encuentro y hacer frente a las altas temperaturas, limpiaron la zona del solar que se encontraba en un estado “salvaje” y de completo abandono.
“Era peligroso, incluso para los incendios”
Tenían en mente crear una asamblea para aclarar el rumbo del refugio y buscar “los recursos necesarios para que fuera una zona acogedora y que los vecinos del barrio la pudieran disfrutar”.
Propiedad del solar
El solar de Santiago el Verde pertenece en un 81.56 por ciento a la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo de Madrid (EMVS), mientras el 18,44 por ciento queda en manos privadas. En la actualidad, se está tramitando un procedimiento judicial para que la EMVS adquiera el 100 por 100 del suelo a través de una subasta.
Una vez que la EMVS adquiera la totalidad de la propiedad, el Ayuntamiento tiene previsto construir unas 15 viviendas en régimen de alquiler social para jóvenes. Mientras tanto, la responsabilidad del mantenimiento del espacio recae en la empresa municipal.

Las ‘Vecinas a la fresca’ piden que mientras dure el procedimiento judicial, el Ayuntamiento ceda el solar a la organización para que los vecinos del barrio puedan disfrutar de él. Y recuerdan que, durante el Gobierno de Manuela Carmena, el solar quedó a disposición de la Mesa de Infancia y Juventud del distrito y se desarrollaron actividades para niños y adolescentes con la coordinación del Centro Social Comunitario Casino de la Reina. No obstante, desde hace unos años el solar quedó en desuso.
“No entendemos por qué quieren tener espacios públicos en desuso, nos parece una sinrazón. No sé si no quieren que la gente se junte”, manifiestan las ‘Vecinas a la fresca’, que hacen alusión a otro “refugio climático” en Antonio Grilo que tuvo el mismo final que ‘La Fresquita’.
Un proyecto más grande
La iniciativa de este refugio climático nace de un proyecto aún más grande, con pocos meses de vida, ‘Vecinas a la fresca’. Una plataforma que se creó para que los vecinos de Lavapiés pudieran quedar en una plaza para conocerse y compartir “alegrías y penas”, así como “debatir de los problemas del barrio”.
“No queremos un barrio que la comunicación entre vecinas sea solamente sentar en la calle y pueda disfrutar de unos espacios públicos y vivir mediante el consumo en una terraza, queremos un barrio donde la gente se pueda relacionar como antes, como en las antiguas corralas de Lavapiés donde la gente compartía momentos”, dicen los integrantes de la plataforma, que denuncian que la barriada se haya convertido en una zona dominada por los pisos turísticos y las amplias terrazas, que, en ocasiones, “superan con creces los límites establecidos en su licencia”.
Esas quedadas pretenden ser “un juego entre vecinos”. Para ello, los vecinos se juntan cada dos semanas a compartir en la plaza Arturo Barrera con concursos gastronómicos y con la intención de tener “un espacio común para hablar y hacer barrio”. “Hay gente que se acerca porque lo ha visto en redes sociales o en la cartelería y hay días que hay un gran poder de convocatoria. Es bastante fluctuante”, señalan.