La historia de los Cuarteles de Daoiz y Velarde, en el barrio de Pacífico es, desde que dejaron de ser cuarteles, la historia de un forcejeo entre los vecinos del distrito y diversos intereses particulares que, a menudo con la complicidad del gobierno municipal, han pugnado por hacerse con esta ‘joya de la corona’.
Entre las primeras firmas que se recogieron a favor del polideportivo y el centro cultural en estas instalaciones figuraban las de algunos soldados de reemplazo que salían del cuartel gracias al pase de pernocta. Cuando el vecindario inició esta lucha había soldados de reemplazo, había pases de pernocta, mili, muro de Berlín, cabinas de teléfono, alcalde socialista y movida madrileña. No había correo electrónico ni Internet y los teléfonos móviles eran del tamaño de un zapato de Fernando Martín (que, por aquel entonces, formaba parte de la mítica selección española de baloncesto).
Los diferentes gobiernos municipales intentaron cederlo a Telemadrid primero, a la Iglesia, a empresarios del mundo del teatro…, hubo misteriosos incendios de naves protegidas por patrimonio y una incesante presión ciudadana, que logró que los antiguos cuarteles se mantuvieran como un espacio público. Y que se invirtieran millones de euros en su rehabilitación para los nuevos usos.
En 2015, durante los últimos meses del mandato de Ana Botella, el entonces equipo de gobierno perpetró un intento de inauguración de la Nave que, después de interminables años, parecía estar lista para alojar cierta actividad cultural. La tentativa suscitó las protestas de diversas asociaciones vecinales, que denunciaron la maniobra claramente electoralista.
Y por fin, durante el mandato de Ahora Madrid, este edificio cobro vida albergando a una enorme variedad de iniciativas vecinales: un espacio de ocio adolescente, uno de crianza, exposiciones, festivales de cine, salas de ensayo, teatro y talleres. Una nave de 7.000 metros cuadrados desbordante de actividad diaria.
Sin embargo, en 2019, con Almeida al frente del Ayuntamiento, la Nave se cerró a cal y canto. Y así ha permanecido desde entonces, a la espera de que finalizara otra obra que se ha retrasado durante más de tres años y que se podría haber compatibilizado perfectamente con la continuidad de la actividad cultural.
Como ya ocurrió entonces con Botella, el Gobierno de Almeida anuncia ahora, a las puertas de unas elecciones municipales su próxima apertura. La puesta en funcionamiento de la Nave se hará mediante un convenio con el Teatro Real, que al parecer hará posible que se desarrolle una ambiciosa programación cultural en parte de sus instalaciones. El resto del edificio podría ser utilizado para actividades lucrativas de carácter privado. Lo que sí garantiza el convenio es que ya no habrá lugar para los vecinos y sus iniciativas.
El PP demuestra no tener más proyecto que el de quitarse de encima este lío y para eso está dispuesto a pagar una millonada (más de tres millones de euros), llevándose por delante buena parte del presupuesto del Área de Cultura.
Al oportunismo electoralista se suma, además, que el grueso del convenio se desarrollará en el próximo mandato. No conformes con haber mantenido cerrada a cal y canto la Nave durante estos tres años y medio, imponen al próximo gobierno municipal la forma en la que se abrirá cuando ya no manden. Todo deacuerdo con el tradicional ‘atado y bien atado’.
Aunque a los que ahora gobiernan les incomode, las vecinas y vecinos de Retiro continuarán peleando por tener su espacio en la mayor infraestructura cultural del distrito, como llevan haciendo los últimos 35 años. Habrá movilizaciones, denuncia pública, acciones judiciales... Habrá movimiento de una ciudadanía que no quiere ser un mero espectador del monólogo que practica este Ayuntamiento. Quieren ser sus protagonistas y les toca ocupar el centro de la escena.