Vivimos en un país que inaugura iniciativas constantemente sin que
tengamos costumbre de rendir cuentas y evaluar el resultado parcial o final de
cuanto se pone en marcha. Nos encontramos así con un panorama de continuos
anuncios e inauguraciones de los que nunca volvemos a saber.
Menos mal que no es un comportamiento generalizado en todos los
gobiernos, ni en todos los países. Sobre las cuentas de formación y cheques de
formación hay, por ejemplo, abundante documentación y, pese a las diferencias
en los diseños de este tipo de programas, que hemos podido comprobar hasta el
momento, las evaluaciones coinciden en algunos resultados.
Una primera apreciación es que en todos los sistemas de cuenta
formación o cheque formación analizados hay más mujeres que hombres que abren
las cuentas, o utilizan el cheque. Pero también aparece el dato de que los
trabajadores y trabajadoras poco cualificados utilizan poco estos sistemas de
formación. En Guipúzcoa, por ejemplo, el 40 por ciento de los beneficiarios
eran titulados superiores. Si no hay medidas que promuevan la participación de
las personas con baja cualificación en estos programas, el resultado es que son
poco utilizados por quienes más necesitan formación y corrigen muy poco las
desigualdades.
En general, los mayores de 45 años también resultan
infrarrepresentados en este tipo de programas, aunque existen excepciones como
el caso holandés, donde la participación es similar.
Lo mismo ocurre con los trabajadores y trabajadoras de empresas de
menor tamaño. Además esta infrarrepresentación se produce tanto en lugares como
Estados Unidos, donde la aportación empresarial es voluntaria, como en Holanda,
donde la utilización del cheque no incrementaba el acceso a la formación en
empresas de menos de 20 trabajadores, pero sí hacía crecer la participación en
formación de los empleados y empleadas de empresas de más de 20 trabajadores.
Otro dato a tomar en cuenta es que cheques y cuentas de formación
suelen constituir un estímulo positivo para acceder a la formación y comenzar
un curso, pero presentan un mayor número de abandonos, precisamente mayor entre
los colectivos de baja cualificación. En Inglaterra, el 50 por ciento de las
cuentas abiertas no llegó a concretarse en formación alguna. En Bélgica,
durante los primeros cuatro meses de experiencia con personas empleadas, se
registraron 100.000 solicitudes, de las cuales se concedieron 85.000 pero sólo
31.500 fueron utilizadas.
Los propios beneficiarios critican, con carácter general (salvo en
Austria), que la formación a la que se accede con estas cuentas y cheques es de
corta duración, lo cual no facilita planificar y diseñar una carrera
profesional.
En cuanto a la evaluación de los procesos de Información y Orientación,
se suele considerar conveniente que exista y se financie la orientación de los
trabajadores y trabajadoras, o cuando menos, se facilite una adecuada
información. Sin embargo hay países como Estados Unidos donde existen modelos
distintos de acceso a las cuentas: con orientación obligatoria, con orientación
optativa y sin orientación. Resulta curioso que el número mayor de solicitudes
se produjera entre personas que no habían recibido orientación.
En nuestro país, la idea del cheque formación, tras las negativas
experiencias de los cheques guardería, los cheques residencia, los cheques
servicios, el cheque bebé, nace muy contaminada por componentes ideológicos.
Para nuestros gobernantes, de profundas convicciones ultraliberales, el cheque
de cualquier tipo es un mecanismo óptimo, en un contexto de mercado, para
asignar recursos, actuando desde el principio de la libertad individual.
La idea es tractiva para mucha gente. Es teóricamente el individuo, el
que toma las decisiones sobre su aprendizaje. No son las instituciones las que
orientan la formación del individuo, sino el individuo el que orienta su propia
formación.
Esta visión ideologizada y edulcorada de una realidad mucho más
compleja, no consigue evitar críticas como las formuladas por Renkema, quien
pone de relieve que "las cuentas de formación están situadas en una forma de
entender la política en la que el ciudadano es descrito como un individuo
racional orientado hacia objetivos y compensaciones, una especie de empresario
autónomo que dirige su propia vida como un pequeño negocio. Hodkinson y Sparkes
señalan que las teorías de la elección racional no sirven para analizar los
procesos de toma de decisiones de los alumnos. Según ellos, el proceso de toma
de decisiones de trabajadores con baja cualificación no está sólo ni
predominantemente determinado por una evaluación racional de sus necesidades,
sino influido por complejos factores subjetivos, actitudes ante la educación y
la eficacia que se le atribuye, así como por experiencias previas en procesos
formativos y la influencia de los otros. Estos factores son difíciles de
cambiar a través de intervenciones sociales a corto plazo".
Precisamente una de las lagunas de las evaluaciones realizadas sobre
cheques formación y cuentas individuales de formación, se encuentra en la
escasa atención que se presta a valorar los contenidos de la formación
realizada y el grado en que resulta innovadora o provechosa para la persona y
para la sociedad en su conjunto.
Tal vez por esa visión ideologizada de la libertad del individuo, se
da por buena cualquier elección de cursos de formación pagados con un cheque
formación, dándose por supuesto que esa elección ha sido realizada por un
individuo "informado", cuando todos sabemos la capacidad de mediatizar la
información y dirigir la toma de decisiones en las sociedades modernas.
Por todo ello, a la vista de lo que revelan las conclusiones de las
evaluaciones existentes, una de las ideas que podemos extraer del
funcionamiento de los cheques formación y las cuentas individuales de
formación, es que pueden terminar por convertirse en un mecanismo del mercado,
que no corrige las desigualdades que el propio mercado ha creado, sino que
contribuye a mantenerlas e incrementarlas. Dedicaremos el último capítulo final a algunas consideraciones y
propuestas sobre los cheques de formación y cuentas individuales de formación.
Francisco
Javier López Martín
Secretario de
Formación Confederal de CCOO