Hace unos días el Ayuntamiento de Madrid presentaba el plan de plantaciones de árboles y arbustos, con el ánimo de reforzar y aumentar el envidiable patrimonio verde de la capital, después de que durante los últimos años de sequía económica, de crisis, se hayan podido regar con inversiones nuevos espacios de la ciudad. En esta ocasión me quiero referir en concreto a la renovación de las zonas verdes de barrio, una iniciativa que va a mejorar 90 espacios ajardinados de los 21 distritos de la Madrid.
Me parece muy importante este plan, que afecta a la renovación y mejora de las redes de riego, a nuevas plantaciones, al mobiliario urbano y a las zonas de esparcimiento infantil, porque los pequeños jardines de barrio son lo más próximo que en verde tenemos antes de llegar al parque; porque dibujan el paisaje agradable desde la ventana o a la salida del portal, y cuidarlos y mejorarlos es tan importante como cuando se actúa en el parque urbano o en el parque histórico. En estas zonas verdes de barrio es donde juegan los niños, ven pasar el tiempo buscando un rayo de sol los ancianos, pasean los cesantes y tejen sus palabras de amor los enamorados. El jardín del barrio es lugar de encuentro, de parada y alivio, de abrazo con la naturaleza de proximidad, y son en buena medida, los responsables de que Madrid sea la segunda ciudad más verde del mundo, que el reparto de metros cuadrados de naturaleza viva por habitante sea de los más altos del planeta. Madrid, es una ciudad de parques históricos, urbanos, de barrio; también ciudad de medianos y pequeños jardines, o lo que es lo mismo, la vegetación a la puerta de casa.