Los Juegos, la euforia y la realidad (II)
jueves 11 de abril de 2013, 00:00h
Actualizado: 18/04/2013 00:52h
Comentábamos en la primera parte de este artículo por qué Madrid no debería ser candidata olímpica. Trataremos ahora de dar un paso adelante y explicar qué sucedería si en septiembre la capital es designada como sede de los Juegos Olímpicos de 2020.
Organizar los JJOO tiene otros efectos perniciosos extremadamente graves que es mi obligación señalar. Unos Juegos Olímpicos no son una inversión más, sino un “modelo (erróneo) de crecimiento económico” que no solo detrae cuantiosos recursos de otras inversiones si no que necesariamente generará externalidades negativas al especializarse la economía local a la demanda olímpica. La inversión volverá a centrarse en la economía no productiva olvidándose de lo que realmente hace avanzar una nación, la investigación en todas las áreas universitarias y no universitarias, desde las biomédicas a las ciencias sociales, las nuevas tecnologías, el valor añadido, la excelencia y la innovación. Así, mientras los mejores de nuestros jóvenes se tienen que marchar de España o bien quedarse aquí asumiendo que su futuro laboral difícilmente les ofrecerá algo mejor que tirar unas cervezas en cualquier bar, las mentes pensantes no encuentran otra idea mejor para sacar al país del atolladero que unas Olimpiadas paralizando la inversión productiva y de amplio alcance para apostarlas a un evento de veinte días. Desolador.
Pero en nuestro análisis no podemos olvidarnos de otra externalidad negativa y que a la larga resultará más costosa que la propia construcción de las olímpicas infraestructuras. Me estoy refiriendo a los gastos recurrentes que se producirán una vez finalizados los JJOO como consecuencia de tener que mantener las infraestructuras olímpicas y que pasarán a engrosar el gasto corriente del Ayuntamiento. Un “pequeño detalle” que olvidan mencionar desde el Partido Popular.
En España tenemos ya muchos ejemplos sobre lo que digo, grandes y costosísimas infraestructuras sin uso tras su construcción. No hace falta irse muy lejos y ver en qué han quedado las infraestructuras de las Exposiciones Universales de Sevilla o Zaragoza, o los Estadios Olímpicos de Barcelona y Sevilla, la Ciudad de la Cultura en Santiago, la del Circo en Alcorcón, la de Las Artes y las Ciencias en Valencia o los aeropuertos de Castellón y Ciudad Real, entre muchos otros. En Madrid tenemos nuestros propios ejemplos como el Palacio de Cibeles o la Caja Mágica. Este último un recinto deportivo de diseño, sin uso y con un altísimo coste de mantenimiento que el Ayuntamiento no puede afrontar. Caja Mágica, de la que ha huido el Real Madrid de Baloncesto y que posteriormente el Ayuntamiento quiso vendernos “la moto” de convertirlo en la sede del desaparecido equipo español de Fórmula 1 HRT, es el ejemplo de la mala gestión y de lo que sin duda supondrá construir instalaciones que ni necesitamos, ni podemos permitirnos.
¿Quién, con qué dinero y de qué manera se mantendrán las costosísimas infraestructuras tras las Olimpiadas? Ya respondo yo, de la misma manera que la Caja Mágica, es decir, de ninguna manera y detrayendo recursos de otros gastos verdaderamente necesarios. Un disparate.
Por los motivos expuestos en estos dos artículos en Unión Progreso y Democracia consideramos que “Madrid no está para Juegos”. Hubiera sido fácil y cómodo desde un punto de vista político subirse al carro del despilfarro y “la fiesta”. Pero hemos decidido hacer política de la única manera que queremos hacerla, con responsabilidad. Con la responsabilidad que supone anteponer la verdad y el deber sobre los intereses de partido o particulares por incómoda que resulte ésta. Poner el interés común por encima de los votos.
Creemos en Madrid y en los madrileños, y como tal queremos que su futuro sea mejor para ellos, para nosotros y para los que nos vienen detrás. Por eso, creemos sinceramente que todo este dinero despilfarrado en artificios debería invertirse en economía productiva, en investigación, en minimizar las necesidades y dificultades de los más débiles y de los que peor lo están pasando por la crisis. Solo de esta manera garantizamos que lo invertido alcance a todos, no solo a unos pocos, y sirva para establecer un modelo de crecimiento distinto, viable y una sociedad más justa y solidaria. Los Juegos Olímpicos no valen nada si en el camino precisan hipotecar nuestro futuro, recortar en derechos, en protección a los parados, a los mayores o las familias.
Cada uno elige su camino, en Unión Progreso y Democracia hemos elegido éste.
Jaime Berenguer, portavoz adjunto de UPyD en el Ayuntamiento de Madrid.