La Policía Nacional ha desarticulado una banda, responsable de asaltos a 17 viviendas de varias provincias, que tenía su 'sede' en la capital y cuyos cuatro integrantes se desplazaban periódicamente al norte de España para perpetrar los robos.
Para acceder a los domicilios,
desmontaban las mirillas de las puertas para observar el interior y luego rompían el bombín de la cerradura, según ha explicado el Ministerio del Interior..
Los delincuentes fueron
detenidos 'in fraganti' tras robar en dos viviendas, y durante los registros fueron intervenidas dos armas de fuego, gran cantidad de joyas y relojes, 5.500 euros en efectivo, equipos informáticos y audiovisuales, televisores, tabletas y consolas de videojuegos.
El grupo organizado de delincuentes, formado por ciudadanos de origen español y colombiano y asentado en Madrid, había actuado en
Navarra, La Rioja, País Vasco y Madrid.

Los miembros de la banda solían elegir viviendas de complejos residenciales ubicados en el centro de las localidades. A la hora de cometer los asaltos,
la única mujer del grupo, que resultaba menos sospechosa en caso de ser vista por los vecinos, realizaba las comprobaciones pertinentes y
elegía el domicilio que se encontraba vacío en ese momento.
Mientras uno o dos de los integrantes de la banda esperaban a que la mujer les confirmara el objetivo para acceder con las herramientas necesarias para forzar la puerta, el último de los miembros permanecía en todo momento en el exterior,
vigilando desde el vehículo para alertarles en el caso de que apareciera algún vecino o la Policía.
Los delincuentes
actuaban con rapidez y permanecían durante poco tiempo en el interior de las viviendas, donde utilizaban guantes para evitar dejar huellas.
Una vez obtenido el botín,
daban salida a los productos sustraídos vendiendo las piezas de joyería y los relojes en casas de compraventa, y remitían parte del dinero a sus familiares a través de empresas de envío de dinero.
Los efectos que no conseguían vender, así como los equipos de imagen y sonido de última generación, teléfonos móviles y ropa
los "colocaban" en el mercado negro nacional a través de peristas conocidos.