Cuando desde el gobierno municipal de Madrid se comunica el
interés por plantar árboles en la recién remodelada Puerta del Sol, a diez metros de la misma se puede apreciar un singular “adoquinazo”: los árboles que se secan en Montera son sustituidos por adoquines.
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Desde la primavera de 2011 cada vez que se muere un árbol en esta calle, su alcorque es inmediatamente adoquinado. Así se han perdido ya siete y dos están en camino. Teniendo en cuenta la poca longitud de la calle, el pavimento se está imponiendo al arbolado.
Contrasta el súbito interés reforestador municipal para Sol y la evidente deforestación en Montera y en otros puntos del centro. ¿No es más fácil plantar árboles donde ya existen huecos? ¿No resulta más complicado, costoso y de dudosa eficacia tener que levantar el pavimento de Sol para plantar árboles?
La peatonalización de Montera se presentó como una acción básica para regenerar uno de los puntos más negros de la geografía urbana madrileña. Lejos de haberse logrado, la degradación social, urbanística e higiénica avanza a pasos agigantados. La pérdida de árboles solo contribuye a hacerla más inhóspita. A no ser que se quiera liberar espacio para terrazas a costa de la vegetación.
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Sería deseable que en este repentino interés por el arbolado en el centro, se levantaran los adoquines de Montera y se volvieran a plantar ejemplares que puedan adaptarse a este entorno urbano. Si solo se agujerea la Puerta del Sol, seremos muchos los que pensemos que, realmente, lo que se pretende no es ganar árboles.
Por cierto, ningún grupo de la oposición municipal ha denunciado o llamado la atención sobre este “adoquinazo” de Montera.