Se van a cumplir tres meses del comienzo de la erupción en El Hierro y el interés de los primeros días se ha ido apagando. En el momento de escribir estas líneas,la erupción prosigue de forma similar a lo que lo venía haciendo en días anteriores y ya ha superado la media de duración de las erupciones históricas canarias (unos 50 días).
Han sido unos meses de gran intensidad, aunque ahora parezca que se trata de un proceso monótono. Han sido especialmente duros para la población, la principal víctima del proceso, que se ha visto afectada por la inseguridad que genera un fenómeno volcánico que puede evolucionar en uno u otro sentido en cualquier momento. Meses de gran tensión también para los responsables del seguimiento de la crisis que han tenido que tomar importantes decisiones en muy poco tiempo y sin datos suficientes.

Para los científicos no implicados en los comités de seguimiento han sido unos días enormemente interesantes. No es frecuente que se pueda seguir una erupción submarina y en este caso, gracias a los datos que iban facilitando los organismos responsables en internet, toda la comunidad científica ha podido hacerse una idea bastante aproximada de lo que estaba sucediendo.
Desde el comienzo de la crisis (el 19 de julio, casi tres meses antes) los sismos habían sido muy frecuentes, de media unos 120 diarios, aunque variando mucho su número de unos días a otros. El día 9 de octubre es, en ese aspecto, un día normal. Se detectan 70 sismos, cuatro de ellos de magnitud superior a 2, aunque algunos mucho más superficiales de lo habitual. El día 10 comienza igual, pero poco después de las 4:15UTC (5h 15min locales) el sismograma cambia radicalmente, comienza un temblor continuo (el tremor volcánico) que ha seguido hasta ahora.
La erupción era submarina, al Sur del pueblo de La Restinga, pero su posición precisa no se conocía. El primer informe indicaba que estaba situada entre los 4 y los 7km del extremo sur de la isla. Al día siguiente se habla de una erupción a una milla de la costa. Aparecen peces muertos y el día 13 una mancha en el agua, junto con fragmentos humeantes de rocas volcánicas a los que acompañaría en los siguientes días un burbujeo. La erupción queda entonces bien posicionada.
Las informaciones (no oficiales) de esos días parecen indicar que la erupción ha ido desplazándose por una fisura eruptiva hacia la costa y, por lo tanto, a zonas más someras. En este tipo de erupciones es normal que la actividad emigre a lo largo de fracturas y, si en este caso se estaba aproximando a la costa, cabía la posibilidad de que alcanzara zonas poco profundas, con menor presión de agua, lo que podría dar lugar a una erupción de tipo “surtseyano” más explosiva y peligrosa.
No era ésta la única forma de que se produjera ese tipo de erupción. La acumulación de material volcánico en la zona de salida de la lava generaría un montículo volcánico bajo el mar, que si creciera lo suficiente podría alcanzar zonas someras, lo que tendría el mismo efecto que si se acercaba a la costa. Finalmente si el magma emigrara aún más a lo largo de la fractura, podría dar lugar a una erupción en tierra firme, posiblemente de carácter estromboliano.
Los días siguientes fueron por lo tanto muy intensos, la posibilidad de una erupción más explosiva, la presencia de gases volcánicos, o la mayor o menor toxicidad del agua del mar eran factores que por momentos aconsejaban evacuar o no a la población.

En ese momento era muy importante conocer lo que estaba pasando en el fondo del mar y el nuevo buque oceanográfico español (el Ramón Margalef) realizó en el sur de la isla una campaña los días 23 a 25 de octubre, en la que confirmaron la erupción, su posición exacta y además aportaron importantes detalles sobre la forma del volcán submarino.
El Instituto Oceanográfico Español había realizado una campaña de estudio del fondo marino de Canarias, dentro del programa de la ZEEE (Zona de Exclusión Económica Europea) en el año 1998, por lo que tenía datos precisos de la topografía submarina antes de la erupción. Ahora se podía apreciar que el nuevo volcán había surgido en la cabecera de un valle submarino y que parte de los materiales que estaba emitiendo rellenaban poco a poco el valle preexistente.
Hacia final de octubre el tremor volcánico disminuyó en intensidad poco a poco, pero en la primera quincena de noviembre se reactivó. La intensidad del tremor aumentó notablemente y llegó a sentirse desde La Restinga. El burbujeo era más intenso y en ocasiones levantaba columnas de agua de varios metros. Parecía posible que pronto pudiera emerger el volcán que, de alguna forma, la gente está esperando.
Sin embargo, en la segunda quincena de noviembre el proceso se estabilizó. La nueva campaña submarina realizada por el buque oceanográfico del IEO los días 11 y 12 de noviembre, 15 días después de la anterior, mostró que la forma del volcán había cambiado y que un gran bloque de unos 500 x 300 m se había desprendido junto al volcán, mientras que las rocas volcánicas seguían removilizándose, bajando por el cañón submarino hasta al menos los 1800 m de profundidad. Los últimos datos, correspondientes al 7 de diciembre indican que se ha emitido mucho más material y que ya no hay un cono, sino tres conos adosados. La profundidad de los conos es de 160-180 metros y las rocas descienden ya hasta los 2000 m.
El tremor ha variado mucho según los días. En ocasiones ha aumentado notablemente, pero en otras ha disminuido bruscamente (como el 17, 18 y 19 de noviembre) o parado totalmente durante algunos minutos (como el 21 y el
23 de noviembre). Muchos días era inestable con incrementos bruscos muy cortos (al final de noviembre). En los últimos días la señal es monótona y de baja intensidad, y, en ocasiones con paradas de minutos o incluso de horas
La erupción no ha progresado en el sentido que se suponía que podía hacerlo. No ha emigrado hacia zonas menos profundas y el edificio volcánico submarino se ha derrumbado en parte y no ha crecido lo suficiente. Salvo que haya una reactivación importante, la posibilidad de que haya una erupción surtseyana y de que como consecuencia pueda surgir una pequeña isla parece cada vez más lejana y, por el contrario, todo parece indicar que la erupción puede cesar en cualquier momento.
Autor: Eumenio Ancochea. Grupo de Vulcanismo. Dpto. Petrología y Geoquímica. Fac. de Ciencias Geológicas. Universidad Complutense.