Un empresario secuestrado en el año 2008 se encara con sus captores durante el juicio y relata la angustia que vivió durante las dos semanas que estuvo retenido. "Fue el peor momento de mi vida. Pensé que eran los de ETA y tomé la decisión de que no me iban a meter un año en un agujero", ha recordado ante el tribunal.
Tenía ganas de echarse a la cara a sus captores y no ha desaprovechado la ocasión. Pedro A.O., un empresario vasco secuestrado el seis de marzo de 2008 en La Moraleja, ha arremetido con dureza contra sus presuntos secuestradores, hacia quienes ha mostrado una actitud de desprecio. Tanto, que incluso la presidenta del tribunal le ha tenido que pedir que se dirigiese a ella durante su declaración. "Es que tengo ganas de mirarle a este tío a la cara", ha respondido, desafiante, el empresario.
Pero su desprecio y su ira han alcanzado también a los abogados defensores, a quienes se ha dirigido con dureza. "Eso que me ha preguntado usted es una tontería -ha contestado al letrado del presunto cabecilla del secuestro, José Carlos Serna Sánchez-. Usted no ha leído nada de este caso o no ha escuchado nada. El día ocho de marzo de 2008 yo no estaba paseando por Muros, sino que estaba secuestrado, esposado y recibiendo palizas de su cliente".
Esta actitud, según ha declarado él mismo en la Audiencia Provincial, no difiere mucho de la que mantuvo durante las dos semanas que estuvo secuestrado. "La palabra hijo de puta se la dije más de 30 veces para que tuviese claro mi desprecio", ha recordado el empresario justo después de reproducir una conversación con Serna -un viejo conocido de la Justicia al que acusa de ser el cerebro del secuestro y que se ha fugado dos veces tras su detención-, en la que éste le pidió 11 millones de euros. "Le dije que no le iba a dar ni un puto duro y que era un hijo de puta".
Durante la
tercera jornada del juicio -en la que ha reconocido a Serna y a otros cuatro de los seis acusados- el empresario ha recordado la angustia que vivió cuando descubrió que le estaban trasladando desde Madrid hacia el norte de la Península. "Fueron los peores momentos de mi vida. Creí que eran los de ETA y tomé la decisión de que no me iban a meter un año en un agujero". Fue entonces cuando, según ha relatado, intentó escapar aprovechando que el coche se había detenido en un peaje de la autopista. "Pero me descubrieron y me dieron varios guantazos".
Eso fue en la madrugada del seis al siete de marzo. Pedro A.O., vicepresidente de la empresa Decoexsa, había caído la tarde anterior en una trampa en La Moraleja. En concreto, según ha recordado, los supuestos delincuentes se hicieron pasar por unos empresarios brasileños interesados en un negocio de importación de pescado desde Argentina. Junto a él acudió a la cita el director general de la empresa, Francisco Javier N.G., quien fue liberado cinco días después del secuestro para que su mujer quitara la denuncia que había puesto por su desaparición.
Una vez en el punto de encuentro, según ha recordado durante la vista, dos mujeres les condujeron a un bungalow del Hotel La Moraleja. "Me pareció raro que nos citasen en un sitio para después llevarnos a otro, así que avisé a un colaborador para que me llamase cada media hora y alertase a la policía si no contestaba".
Dos semanas de palizas e insultos
Sus sospechas se confirmaron al llegar al bungalow. "Estaba cerrado y oscuro. Un tipo se echó encima de Francisco Javier y ví que otro venía hacia mí. Me enfrenté a él, pero me dio con una pistola en la cabeza y quedé inconsciente". Muy seguro de sí mismo y con ganas de revancha, el empresario ha reconocido a dos de las acusadas -Elsa María M.G. y María Manuela do Espirito Santo A.C.- como las mujeres que le condujeron hasta el hotel y a los otros dos acusados portugueses -Luis Manuel C.G. y José Paulo M.- como los hombres que les estaban aguardando en el bungalow y que después se encargaron de vigilarle, y golpearle, durante las dos semanas siguientes.
A partir de ese momento, Pedro A.O. ha relatado un calvario en el que estuvo siempre encadenado y con los ojos tapados y durante el que recibió constantes palizas, insultos y amenazas. Desde La Moraleja, los presuntos secuestradores trasladaron a sus víctimas hasta una casa de campo en la localidad coruñesa de Muros, donde permanecieron varios días.
A pesar de estar amordazado y con los ojos tapados, el empresario reconoció al presunto cabecilla de la operación, al que conocía porque su hermano le había demandado por una presunta estafa en la compra de una finca. "Escuché una voz que conocía que me dijo que esto se arreglaba si venía mi hermano -ha recordado el responsable de Decoexsa-. Yo ya tenía claro quién era, y me dijo que le tenía que decir a mi hermano que retirase la querella y que le diese once millones de euros".
Después de varios días de secuestro y de una cita fallida con el hermano del empresario secuestrado, que se presentó acompañado por la Policía, el grupo se trasladó a una casa de la localidad de Monte Gordo, en el Algarve portugués. "Llegó un momento en el que le dije a Serna que hasta para un secuestro había que tener lógica, y que él no la tenía". Días después, en la madrugada del 19 al 20 de marzo, Pedro fue liberado por la Policía Judicial portuguesa en colaboración con el Grupo de Extorsión y Secuestros de la Policía Nacional. Ahora, Serna y los otros seis acusados se enfrentan a penas que oscilan entre los cinco y los 22 años de cárcel por detención ilegal, lesiones y delitos contra la integridad moral.