lunes 02 de enero de 2012, 00:00h
Actualizado: 11/01/2012 17:32h
EApenas ha comenzado 2012 y ya intuimos que va a ser el año que vivimos peligrosamente, porque la crisis económica es galopante y cabalga sobre los intereses de todos y patea a los más desfavorecidos. El recién estrenado gobierno de Rajoy no está para fantasías infantiles, por mucho que los Magos de Oriente parezca que vienen cargados hasta las topes, pero buena parte de esa carga contiene carbón, carbón amargo para quienes no fueron capaces de atajar a tiempo la crisis.
Al gobierno de Rajoy le está pasando lo mismo que a los alcaldes del Partido Popular que conquistaron alcaldías del PSOE tras las elecciones del pasado mes de mayo y se encontraron con que la situación económica de los ayuntamientos era mucho peor de lo que suponía y de lo que decían sus antecesores, cuando descubrieron que las arcas municipales estaban más tiesas que la mojama y que los responsables salientes habían ocultado la auténtica realidad.
El gobierno de Rajoy se encuentra ahora con que las cuentas de España son más negras de lo que dijeron los hombres de Zapatero, que las cuentas presentes y las inmediatas están mucho peor de lo que aseguró Rubalcaba y sus compañeros de gobierno socialista, y eso ha llevado al nuevo presidente del gobierno a coger el toro por los cuernos e improvisar un primer paquete de recortes y medidas de carácter urgente, de presión impositiva que no estaba en su programa electoral.
Ante esta decisión tomada desde la firmeza de una realidad que no permite la ocultación, la reacción de los socialistas, entre ellas la de Rubalcaba, tiene mucho de mezquindad y hasta de cara dura, criticando duramente a Rajoy por esta serie de medidas de emergencia que había ocultado en su programa electoral, y le acusa de mentir, cuando resulta que todo indica que quienes mintieron fueron aquellos que no contaron la verdad o que, directamente, no dijeron que la situación era mucho peor de la que ellos aseguraron al abandonar el poder. Es como si el pirómano critica duramente al bombero por derrochar agua en la extinción del incendio que él mismo ha provocado, y le hubiera gustado que el fuego se extinguiera por sí mismo, aunque dejará el paisaje achicharrado.
Decía Edward Kennedy que: “En la política es como en las matemáticas: todo lo que no es totalmente correcto, está mal”.
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Cronista Oficial de Madrid y Getafe
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