Borja Carabante ha resultado ascendido en el nuevo Gobierno formado por
Esperanza Aguirre. El responsable de la Dirección General de Carreteras es ahora viceconsejero, es decir, el segundo al mando del máximo responsable de la Consejería de Transportes,
Antonio Beteta. Este licenciado y máster en gestión económica y financiera se ha ganado el puesto a pulso. Desde que asumió la D.G. de Carreteras, Carabante se esforzó por hacer lucir uno de los departamentos que menos réditos mediáticos había dado a la Consejería hasta el momento. Su labor, sin embargo, ha sido más interna que externa, ganándose a los alcaldes de los pequeños municipios a fuerza de recoger sus demandas y hacer pequeñas obras (incorporaciones, eliminación de puntos negros, desvíos, variantes, travesías) que benefician sobremanera a los vecinos.
Porque se ha pateado toda la Comunidad de Madrid en menos de cuatro años hasta conocerla al dedillo, Beteta le ha colocado como su mano derecha. Ahora bien, el motivo de esta confianza sería más bien a otro y tiene nombre de carretera:
M-501. Borja Carabante y su equipo van a ser los responsables de llevar a cabo el compromiso estrella de Esperanza Aguirre en materia de infraestructuras. La presidenta regional se comprometió durante la última campaña electoral a duplicar lo que queda de la
carretera de los pantanos hasta Ávila. La empresa, reconocen los propios implicados, es más que difícil teniendo en cuenta la orografía y el nivel de protección ambiental de la zona, pero Aguirre está decidida a acometerla por mucho que los tribunales ya hayan dictaminado que el desdoblamiento entre Quijorna y Navas del Rey
fue ilegal. Carabante ya está trabajando en ello.
