El pistoletazo de salida de las elecciones regionales y municipales de la Comunidad de Madrid ofrecieron detalles curiosos e inusuales. Madridiario les ofrece la otra noche de pegada de carteles.
La jarana electoral empezaba mucho antes de los actos oficiales de comienzo de campaña. De hecho, ya el día anterior, los técnicos habían comenzado a montar sus escenarios en distintos puntos de la capital. Todas las miradas se concentraban en Madrid, salvo las de Getafe y Leganés, en donde sus alcaldes socialistas preferían quedarse en sus feudos para preparar la
maratón electoral (bueno, y para mantener una distancia prudencial de Tomás Gómez, que había intentado quitarlos de su equipo meses antes).
La calle de Génova era el marco para el Partido Popular. El PSOE se trasladaba al Callao peatonalizado. Izquierda Unida, a la plaza de los Carros. Y eran precisamente los carros el primer punto de fricción de la tarde. La Polícía Municipal se mostraba a primera hora de la tarde muy expeditiva con los técnicos de montaje del PSM porque creaban
problemas de tráfico en plena Gran Vía.

A las 21 horas, las fiestas comenzaban de diversas maneras. El PSOE trataba de atraer a la concurrencia que pasaba por allí con la peculiar voz de Jaime Urrutia con su
Gabinete Caligari. Por desgracia, el
botellón de la plaza de San Ildefonso le hacía la competencia. Izquierda Unida emitía vídeos de denuncia y explicaciones del programa. En la plaza de los Carros, todo el mundo (periodistas y políticos) estaba pendiente de la decisión del Tribunal Constitucional sobre la inclusión de
Bildu en las elecciones.
Porras y pitillos
El PP aprovechaba para cenar con la prensa. Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón invitaron a sus séquitos periodísticos correspondientes a dos restaurantes distintos que apenas distaban unos metros. Ella fue al
restaurante Arturo, propiedad del presidente de la Cámara de Comercio y la CEIM, a quien llamaron por teléfono para ver si se podía fumar dentro del local (como no era una fiesta privada, los amigos del pitillo tuvieron que salir a la calle). Él al restaurante
El Puchero, en la calle de Larra. Este establecimiento es muy querido por el candidato porque su familia lo ha frecuentado durante toda su vida.
Los altos mandos de Ruiz-Gallardón iban llegando poco a poco. Concepción Dancausa aparcaba el
coche oficial sobre la acera. El vicealcalde Manuel Cobo se cruzaba con el equipo de Aguirre y pasaba casi haciendo mutis. Los dos ágapes fueron distendidos. La 'Guardia de Corps' de la lideresa prefería obviar las ocurrencias de Gómez y se centraban en narrar sus objetivos a ritmo de Shakira, Black Eyed Peas, Carlos Baute y Macaco. La mano derecha de Ruiz-Gallardón organizaba una porra (sin apuesta, sólo se juega el orgullo) con los periodistas de local sobre el
número de concejales que iba a sacar el Grupo Popular en esta legislatura.
Abucheos y risas
El tiempo se echaba encima y los candidatos se apresuraron a sus escenarios. El que más revuelo levantó fue el de Callao. Allí, todos los curiosos se quedaban impresionados al ver a
tres ministros (Blanco, Jiménez y Pajín) en la apertura de campaña. Los lemas eran parecidos en todos los frentes: 'Presidente' y 'presidenta', con sus correspondientes respuestas de los miembros de las facciones contrarias, que gritaban loas a sus alcaldables. En Génova, hubo abucheos y risas al hablar de Zapatero y de Gómez. En Callao, el discurso de Pepe Blanco (doblado a lenguaje de signos) se vio interrumpido por
gritos en contra del paro. En el acto de Izquierda Unida, el espontáneo era bastante menos divertido. Un joven descamisado bailaba al son de la música de la banda Soulados. Acabó discutiendo con algunos asistentes y tuvo que
intervenir la Policía para que el rifirrafe no fuese a más.
Las sorpresas no terminaron ahí. Un hombre
vestido de vaca fue expulsado del discurso del PP mientras portaba un cartel que rezaba 'Justicia gratuita'. Un
pulpo Paul preparado se hizo la foto electoral con Gómez, Lissavetzky y Blanco para ver si la suerte pasaba por allí. Al terminar los actos, comenzaron los himnos. Aguirre y Ruiz-Gallardón desaparecieron a ritmo de discoteca. Mientras, los socialistas se dieron un baño de multitudes mientras su himno clásico llenaba la Gran Vía. Todos se fueron con la música a otra parte. En este caso, a dormir. Al día siguiente les esperaba la campaña.