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Apocalipsis

Apocalipsis

jueves 17 de marzo de 2011, 00:00h
Actualizado: 06/04/2011 12:28h
La palabra tiene todas las connotaciones necesarias para poner  los pelos de punta al más “pintao”. Y no la ha dicho ningún visionario, echador de cartas o descubridor del futuro de poca monta, no. Se ha dicho en el seno de la Unión Europea, un escenario respetable, admirado y con el suficiente reconocimiento internacional como para sentirnos atemorizados. La situación de Japón se puede calificar de apocalíptica. Toda una declaración oficial de lo que está ocurriendo en esa zona del mundo. Si las imágenes que vemos en la televisión en cada informativo no habían estimulado el sentimiento lo suficiente, desde la Comisión Europea llega la declaración de ruina mayor que se puede hacer: el Apocalipsis de Japón.

No es el terremoto el que merece esa calificación, tampoco el tsunami. Lo que aterroriza a la población de manera definitiva es la fuga radiactiva, las explosiones nucleares en la central de Fukushima donde la situación está fuera de control, según las informaciones que llegan. Ya se ha detectado la presencia de contaminación en los alrededores. Es el principio de una situación de alarma con final desconocido, incierto y temido.

Siempre nos habían dicho que las centrales nucleares eran seguras, muy seguras, y el medio ideal para garantizarnos la energía que no tenemos y que necesitamos, cada vez más. Pero como la naturaleza es nuestra mejor crítica, con sus actuaciones viene a demostrarnos lo equivocados que estamos. Cuando decide hacer una exhibición de fuerza nos lleva al límite que quiere sin que podamos hacer nada para evitarlo. En esta ocasión ha puesto en duda los sistemas de seguridad de las centrales nucleares hasta tal punto que en toda Europa y lo que denominamos como el primer mundo ha surgido la duda, lógica, sobre lo que nosotros creíamos que era seguro.  El concepto ha cambiado, necesitamos revisar aquello que hasta hoy era ideal y ofrecía garantías. ¿Es qué nadie había contado con un terremoto?.

Lo malo de este nuevo problema que se incorpora a las preocupaciones del mundo occidental, es que la crisis, que creíamos que era solo financiera y de crecimiento, nos está enseñando una nueva dimensión. La naturaleza necesita más cuidados y atenciones de los que estamos ofreciéndola y, o cambiamos, aunque sea despacio, o estamos en peligro todos: ricos y pobres.

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