Un total de 97 vuelos han sido cancelados en la red de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA), 42 operaciones de llegada y 55 de salida, en unos aeropuertos en los que se puede hablar de "normalidad completa", según confirmaron fuentes del gestor aeroportuario. Para este miércoles, fin del Puente de la Constitución, hay programados 4.576 vuelos en la red de AENA, frente a las 3.923 operaciones programadas el martes.
En el conjunto de la red, se han operado hasta las 17.00 horas un total de 2.288 vuelos, 1.094 de llegadas y 1.194 de salidas, de las 4.576 operaciones previstas. En la normalidad en los aeropuertos españoles ha contribuido el que se incorporaran en el turno de tarde 271 controladores a los centros de control, de los 280 programados, por lo que sólo se han registrado nueve bajas "justificadas".
No obstante, a pesar de que parece ser que todo vuelve a la normalidad, el vicepresidente primero y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha afirmado que a los controladores "no les puede salir gratis" el conflicto montado en puertas del puente de la Constitución y, por tanto, el Gobierno exigirá responsabilidades a este colectivo.
Rubalcaba ha subrayado que el Gobierno va a impedir que esto vuelva a pasar y estudiara que mecanismos tiene para ello en la Constitución. "Hemos demostrado que no nos va a temblar el pulso para hacer, con la ley en la mano, lo que tengamos que hacer", ha añadido. Asimismo, ha señalado que los controladores tienen que dar cuenta de sus responsabilidades, porque "
no se puede abandonar el puesto de trabajo, marcharse a casa pretextando no sé qué enfado y dejar tirado a los ciudadanos en los aeropuertos. Por tanto, hay que exigir responsabilidades y las vamos a exigir", ha manifestado.
En manos de la justicia
Para ello, ha explicado que existe la vía laboral, es decir, la relación laboral de AENA con sus controladores; y la vía judicial, donde a su vez se abren dos canales: la vía penal, donde la Fiscalía reclamará responsabilidades, y la civil, abierta para todos aquellos que se vieron perjudicados por el caos aéreo provocado por los controladores (viajeros, aerolíneas, hoteleros). En ese sentido, ha señalado que este "intrincado jeroglífico jurídico" ya está en marcha y que
será la justicia quien determine si hay que pagar y, en su caso, quién tiene que pagar.
El vicepresidente ha indicado que el conflicto de estos días con los controladores surgió a raíz del cálculo "peculiar" que hizo el colectivo sobre las horas que tenían que trabajar. Como algunos empezaban a abandonar sus puestos alegando que ya habían trabajado las horas estipuladas, empiezan a surgir problemas de personal, y esto se convierte, según Rubalcaba, en una "mancha de aceite que se va extendiendo".
"Desde que soy pequeño, mi vida y la de muchos españoles ha estado asociada a los controladores: en el verano eran el bañador, la playa y los controladores; en Semana Santa eran el tiempo y los controladores; en Navidad, los polvorones y los controladores. Han formado parte de nuestra vida, pero no para bien. De lo que se trata ahora es que de eso no pase y el controlador pase a ser como un maestro, un médico, es decir, un trabajador que cobra de la administración pero que no amenaza periódicamente a los ciudadanos para defender sus privilegios", ha afirmado.
Sin privilegios
Para Rubalcaba, todo lo ocurrido "no es más que un episodio de una guerra que trata de desmontar un edificio de privilegios que se ha construido durante muchos años por parte de los controladores". El ministro ha añadido que nadie se atrevía con este colectivo hasta que llegó José Blanco al Ministerio de Fomento. "No puede haber 2.000 trabajadores que periódicamente le echen un pulso, no al Gobierno, sino a los ciudadanos y al Estado", ha comentado.
Preguntado por si la crisis de los controladores ha beneficiado de alguna manera al Gobierno, el vicepresidente primero ha indicado que, la noche de autos, cuando estalla el conflicto, en ningún momento salió en sus conversaciones con Blanco y con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que esto podría mejorar la imagen del Gobierno. "Es una crisis y a ningún Gobierno le gusta la crisis. piensas en poder arreglarlo y antes de tomar una decisión como la de declarar el estado de alarma uno se lo piensa mucho. No me gustan mucho los estados de, ni el de alarma, ni ninguno", ha comentado Rubalcaba, que ha agregado que si el Ejecutivo tiene que ir al Parlamento a
prorrogar el estado de alarma, "vendrá".