martes 07 de diciembre de 2010, 00:00h
Actualizado: 14/12/2010 17:36h
Debo de ser uno de los pocos que se resiste a quedarse con la foto oficial del conflicto con los controladores y me pregunto qué es lo que ha llevado a la práctica totalidad de los controladores a negarse a trabajar, a sabiendas de que la situación que iban a provocar a los miles de afectados les pondría en contra de la opinión pública.
Lo más simple son los titulares que dicen "estos ganan mucho" y a renglón seguido "leña al mono, que es de goma". Es cierto que ganan mucho, ya que no hay controladores suficientes y a AENA siempre le ha resultado más rentable mantener baja la plantilla de controladores y pagar caras las horas extra, que contratar más personal. Una práctica que se fomenta por todos los gobiernos desde el convenio colectivo firmado por Arias Salgado en 1999. Lo que no se dice es que los controladores llevan años reclamando a AENA y a Fomento el incremento de la plantilla y la modificación del convenio colectivo.
Y así, en lugar de apuntar al Ministerio de Fomento o a AENA, como causantes de la situación actual, el foco se coloca sobre los controladores, pandilla de insolidarios, egoístas e insensibles con los millones de parados que hay en el país...
El de este viernes de puente ha sido el tercero de los decretos (y una orden ministerial) con los que, desde primeros de año, se ha ido acorralando al colectivo de controladores, en una serie de reducción de derechos impensable para cualquier otro profesional.
El primero de los decretos les retiró el derecho a la negociación colectiva y amplió a golpe de decretazo su jornada laboral en 600 horas al año. Es decir, los controladores pasaron de trabajar 160 horas mensuales (como cualquier otro trabajador, 40 horas semanales x 4 semanas) a trabajar 200 horas mensuales. Eso sin tener en cuenta los turnos, guardias, disponibilidades, etc. como sucede por ejemplo en profesiones médicas. ¿Por qué? Porque faltan controladores y convertir en horas de jornada laboral parte de las horas extra permitía reducir el precio al que éstas se pagaban además de convertirlas en obligatorias, evitando que un controlador decidiese cumplir únicamente con sus 40 horas semanales. A golpe de decreto, no lo olvidemos. Después de esto cualquier posibilidad de negociación de los controladores pasaba por los tribunales.
Hubo un segundo decreto, el que acabó con los descansos y les obligó a estar disponibles 365 días al año, 24 horas al día. Adicionalmente este segundo decreto de Fomento reduce el número máximo de horas extra que pueden realizar anualmente. Lo que ha sucedido después del segundo decreto, cosas de la planificación realizada por AENA y Fomento, es que a la vuelta del verano, a pesar de tener que trabajar por el primer decreto 50 horas a la semana, se les puso a hacer más horas extra y alcanzaron el máximo anual de horas (las mismas que se establecieron en el segundo decreto). Así que por ese mismo decreto, terminan el verano con la prohibición de trabajar más horas... Horas por otra parte necesarias para la prestación del servicio, porque la plantilla es insuficiente y toda la política de personal se basa en que los controladores trabajen más horas que ningún otro profesional.
¿Solución? A estas alturas el Gobierno ya le ha cogido el gusto a los decretos para regular sus condiciones de trabajo, la opinión pública está en su contra y ya nadie se acuerda de que los controladores son, antes que nada y antes que un sueldo, personas.
Y este viernes llegó el tercer decretazo. Los dos anteriores siguen su curso en los tribunales, no olvidemos que desde el primer decreto ya no tienen posibilidad de negociación colectiva ni existe convenio laboral, ahora todo va de BOE en BOE. Y el tercer decretazo elimina (con efecto retroactivo por cierto) vacaciones, bajas, permisos, reducciones de jornada por maternidad. Con este tercer decreto solamente cuentan las horas que un controlador esté delante de la pantalla, ¿y las vacaciones? ¿y las que está de baja por enfermedad? ¿y las que está de guardia? Pues no, todas esas horas que a cualquier trabajador se le reconocen, y que cualquier convenio laboral recoge, a los controladores se les quitan por decreto y con efecto retroactivo. Así salen las cuentas y se les pone a trabajar todavía más horas (recordemos que ya trabajaban 50 horas semanales de jornada laboral, más las horas extras cuyo máximo anual había sido alcanzado) sin cobrar más.
Como a estas alturas cualquiera podemos imaginar, no se trata de ganar más o menos, sino de ser tratados como personas, de no eliminar derechos básicos de cualquier trabajador y de no hacerles trabajar más horas que un esclavo en tiempos de Roma. Y todo ello, sin olvidar la exigencia, estrés y especialización que requiere estar pendiente de la operativa de sesenta aviones a la hora; sin olvidar que no son funcionarios, que su sueldo no se paga de los impuestos, sino de dos euros de tasas aéreas en el billete de avión.
Habría que preguntarse si este viernes debían aceptar el precedente de una modificación retroactiva y por decreto de sus condiciones laborales para hacerles trabajar (todavía) más horas y gratis. O si por el contrario debían rebelarse contra el tercer decretazo, que fue firmado con toda la intención y oportunidad por el Gobierno un viernes de puente, con la convicción de que la fecha impediría la reacción por parte de los controladores.
Y sin embargo hubo reacción inequívoca de los controladores, que se plantaron contra el último de los decretazos. ¿Debían haber hecho huelga? Otro apunte sobre su peculiar y reciente marco legal: tienen unos servicios mínimos establecidos en el 120%. ¿Que no van a trabajar? No pasa nada, se militariza a los controladores y se les obliga a acudir a su puesto bajo amenaza de delitos militares y penas de cárcel.
Personalmente y como lectura final, no me gusta que un Gobierno pueda recortar derechos laborales a golpe de decreto, no me gusta la retroactividad en las leyes, no me gusta que se militarice a civiles, no me gusta que se dibujen cortinas de humo y se simplifiquen los problemas, no me gusta que en el mismo decreto se aproveche para colar la privatización de AENA y no me gusta que algunos medios de comunicación dediquen tanto espacio a insultar a los principales afectados por esta situación en lugar de analizar quién es el culpable y denunciar lo que hay detrás.
Javier Flores encabeza la plataforma RSCi - Responsabilidad Social Ciudadana