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A vueltas con la deuda madrileña

A vueltas con la deuda madrileña

miércoles 01 de diciembre de 2010, 00:00h
Actualizado: 09/12/2010 10:26h
La gestión de los dineros públicos del alcalde Ppopular de Madrid, Ruiz Gallardón, es la prueba del algodón de cómo se las gasta y cómo se lo gasta el PP, allí donde gobierna. No solo en Madrid ciudad: ahí está el endeudamiento de la CC.AA de Madrid y la Generalitat valenciana para recordar a Gallardón que, en record de endeudamiento y despilfarro, no está solo.

Durante casi 6 años fui concejal del Ayuntamiento de Madrid, y en la legislatura 2003-2007, la legislatura de la Obra, escuché en multitud de ocasiones las virtudes de la reforma de la M-30, la positiva incidencia que tendría sobra la productividad y el crecimiento potencial de la economía madrileña. Todo mentira. Nada de eso se ha cumplido. No quiero entrar a discutir la idoneidad de la Obra, entre otras cuestiones porque los madrileños, con su voto, han refrendado la misma; pero sí discuto el que una obra que empezó con una previsión de coste de 1.500 millones de euros acabase costando a los madrileños más de 10.000 millones de euros.

Este sobrecoste, que nadie del gobierno municipal aún ha explicado, no es cuestión menor porque es la razón fundamental del elevado endeudamiento que sufre la capital. Un endeudamiento que representa la cuarta parte del volumen total de deuda pública de los municipios españoles, que supera con creces las cifras de endeudamiento de la mayor parte de CC.AA, y que ha atado de pies y manos al Ayuntamiento de Madrid para muchos años. Tanto critica el PP al gobierno de España la supuesta intervención de Europa, cuando su Alcalde de Alcaldes, Gallardón, por su torpe gestión ha hecho que sea intervenido el Ayto. de Madrid, por el Ministerio de Hacienda hace ya unos años.

La deuda pública no deja de ser el pago de impuestos que pagarán mañana las generaciones venideras, y por ello, recursos que se restarán a esas generaciones y a su Ayuntamiento para afrontar los retos con que les toque lidiar. De ahí que el mayor o menor endeudamiento sea una cuestión de solidaridad intergeneracional: un mayor nivel de deuda pública representará un comportamiento insolidario para las generaciones venideras por cuanto les mengua margen de actuación, y viceversa: Gallardón ha demostrado ser eso, un insolidario.

Se puede decir que la mayor deuda es consecuencia de la inversión en infraestructuras, como la M-30, de la que se beneficiarán, con su uso, esas generaciones futuras. Y no le falta razón. El problema viene cuando la mala gestión multiplica por 10 el coste inicial de la obra, llevando al Ayuntamiento a sufrir un nivel de endeudamiento que atenaza ya, hoy, la capacidad de acción del gobierno municipal en todas las áreas, fase en la que estamos.

Pedro Sánchez
Diputado del PSOE
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