Innovación y cohesión social
Por
Isabel Navarro Cendón
martes 26 de octubre de 2010, 00:00h
Actualizado: 10/11/2010 18:34h
Parece que finalmente, tal y como adelantó hace una semana el consejero de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid, Antonio Beteta, los Presupuestos de la Comunidad de Madrid van a ser los más restrictivos de los últimos años, en buena medida debido –se señala– a la necesidad de contener o recortar el gasto público. La estabilidad presupuestaria, de hecho, y la racionalización del gasto público, junto a otros principios de base como la consolidación de la rebaja de impuestos, han venido siendo la seña de identidad de la política presupuestaria de Esperanza Aguirre.
La partida damnificada de tal restricción será, como es previsible, el gasto social. Ya no vale incluir, con patente demagogia, la política de infraestructuras, es decir, la extensión de la red de Metro, en este capítulo, como en las elecciones de 2003 y 2007: cerca de un sexto de la población residente en esta comunidad autónoma se encuentra en riesgo de exclusión social.
Los temores que suscita la llamada guerra de divisas y los problemas de regulación de las operaciones financieras, la controvertida arquitectura de la Unión Económica y Monetaria (UEM) y el fantasma de la recesión están presionando para definir un marco general de discusión que retrotraen, peligrosamente, los contenidos del debate público al contexto histórico de la época victoriana. La presidenta ha llegado a subrayar la oportunidad de aplicar el Código Civil a la regulación del contrato de trabajo, ignorando así otra serie de problemas, como la discriminación por razón de género o la accidentalidad laboral, que en el caso español superan abiertamente la media comunitaria, y donde cumple un papel preeminente la negociación colectiva como elemento corrector.
Ciertamente, el cariz que están tomando los acontecimientos, empezando por las críticas de Alemania a la política monetaria estadounidense y finalizando por el retorno del proteccionismo que prevén algunos economistas, sitúa en un lugar controvertido toda política que lejanamente huela a intervencionismo. La pretensión de Sarkozy de refundar el capitalismo sobre bases éticas causa sonrojo. A Keynes se le continúa definiendo, después de su efímero retorno durante el año pasado, en términos poco elogiosos. El capitalismo –sostienen– sigue definiéndose como el mejor sistema económico, y la actual crisis como una crisis profunda, la primera global, pero finalmente pasajera.
En este contexto, y dada la hegemonía del credo desregulador (no liberal, ni neoclásico, como se empeñan algunos), toda solución, como digo, de corte intervencionista causa espanto y dolor de muelas. Sin embargo, las desigualdades sociales dentro de un mismo territorio que ya se anuncian como parejas a las regionales que comenzarán a observarse cuando la tasa de ganancia en el mundo occidental se recomponga, auguran un escenario gris que pondrá a estas sociedades frente a un problema de legitimación de sus respectivos sistemas políticos. Huelga recordar que los países anglosajones son también los que presentan las mayores desigualdades sociales y los mayores índices de exclusión, aun cuando presenten un buen comportamiento de sus indicadores de competitividad.
Tampoco parece que este sea el precio que hay que pagar por la integración de los países subdesarrollados. Las desigualdades tendrán tanto una dimensión social como regional, dándose la paradoja de que países cuyo PIB crece a un ritmo sorprendente registren unas inadmisibles tasas de pobreza. La situación es más compleja.
Por ello, la Consejería de Economía y Hacienda debe hacer un esfuerzo por conciliar el gasto social con políticas decididas que extiendan la innovación por todo el tejido empresarial y aprovechen el capital humano de Madrid, uno de los más preciados de todo el territorio nacional. Deben ponerse en marcha políticas económicas que, sobre la determinación de impedir la injusticia social, garanticen una transición saludable hacia un modelo de crecimiento que aproveche en toda su extensión las ventajas de la producción científica y técnica de la región. Esta y no otra es la lección que hay que extraer de la crisis.
Isabel Navarro
Secretaria de Análisis y Estrategias
de UGT-Madrid