jueves 14 de octubre de 2010, 00:00h
Actualizado: 22/10/2010 12:43h
Como saben, el CIS es el encargado de preguntar a los ciudadanos por todo lo relativo a la vida en común, desde sus gustos hasta sus preferencias electorales pasando por sus preocupaciones y otras cuestiones que afectan al día a día. Pues bien, de todo lo publicado, el ABC ha amplificado unos datos que podrían tener su gracia, si no fuera por la gravedad que encierran en sí mismos. Los datos, según el barómetro del mes de Septiembre, sitúan a la clase política y a los partidos como el tercer problema de la sociedad. Es decir, que para los españoles, las personas encargadas de organizar el país, los que tienen que conducir nuestros pasos, son nuestra mayor preocupación. Lamentable.
Ellos, sus actuaciones frente a la crisis, los bandazos inútiles sin solucionar los verdaderos problemas y la corrupción son aspectos que incomodan a los ciudadanos más que el terrorismo o los problemas que puedan encontrar por la inmigración o la seguridad ciudadana.
Solamente el paro y la situación económica se ven como mayor problema. Es decir que desde A Coruña hasta Girona; desde Santurce a Jerez de la Frontera preocupa más el comportamiento de nuestros políticos y los partidos que la vivienda, la educción o las pensiones.
Un dato que nos llena de inquietud, al menos a quienes somos conscientes de su significado. Los políticos son los encargados de gobernar el país, las comunidades autónomas y los ayuntamientos. En sus manos están las tres administraciones y, sin embargo, los votantes, los que pagan impuestos, los que todavía trabajan y los que no, desconfían tanto de ellos que representa su tercera máxima preocupación. El panorama, se mire por donde se mire, es negativo a todas luces. Y esto no ocurría hace unos años, es cosa de los últimos tiempos.
No le echemos la culpa a la crisis porque eso es lo fácil. Eso es salir del atasco sin buscar suficientemente, sin pensar. El problema es mucho mayor que eso. Es una llamada de atención, una crítica que invita a reflexionar.
La crisis tiene su papel y sus responsabilidades pero las recetas que se vienen aplicando, los casos de corrupción, los engaños o los tránsfugas están en la base de ese rechazo.
Los más críticos con los políticos de hoy son los votantes de CiU y los menos los del PSOE.
Sin profundizar más en el sentimiento crítico de los ciudadanos debería haber alguna señal que nos indique a todos que se ha captado el pensamiento y que de inmediato se pone como meta encontrar soluciones urgentes para mejorar una imagen que, próximamente, tendrá que salir a la calle a pedirnos a los votantes que les creamos en sus planteamientos. Dentro de poco tiempo iniciamos un periodo electoral que empieza el 28 de Noviembre en Cataluña pero sigue en otras 13 comunidades autónomas y todos los ayuntamientos de España el 22 de Mayo y, quién sabe, también las generales en un espacio de tiempo que deja poco margen para la recuperación.
Lo grave es el sentimiento de minusvaloración . Es verdad que de eso son culpables unos más que otros pero todos aportan su granito de arena.
Los representantes políticos están obligados a echar de los partidos a los corruptos, a los tránsfugas y a pedir explicaciones a los mentirosos, a los tramposos, a los que engañan una y otra vez a los ciudadanos, a esos que degradan la imagen de una profesión tan importante como la política, que debería ser ensalzada, por lo que tiene de dedicación al servicio público.