La hermandad de Santiago Apóstol del distrito de Carabanchel repartió este lunes, como es costumbre, el pan y el queso con motivo de las fiestas de su patrón. Madridiario vivió con ellos esta tradición milenaria.
Cuentan los escritos de la época que San Isidro y Santa María de la Cabeza repartieron cierto día su pan y su queso con los necesitados. Fue en Carabanchel, lugar de residencia de la pareja. Desde entonces, y ya han pasado diez siglos, esta costumbre pervive. Cada año, en el último día de la fiesta de Santiago, patrono de Carabanchel, los hermanos abren el hogar parroquial al público y ofrecen un refrigerio. Se entrega en estas fechas porque durante las fiestas se saca de procesión a Santiago e Isidro por las calles del casco histórico del distrito.

Hace décadas, la hermandad tenía muchos afiliados y el reparto de pan y queso, que se realiza solo para los hermanos ("una vez el Ayuntamiento puso en un cartel que se daba pan y queso para todo el mundo y se nos presentó medio barrio", comenta su presidente, José Castellanos), se utilizaba para ayudar a los más necesitados. Últimamente, con la participación de los 231 hermanos que quedan, apenas da para financiar las actividades que realizan a lo largo del año. Aun así, todo el que pasa puede tomarse una limonada y unas patatas fritas, y hasta participar en la rifa de un jamón.
Cominos y anisetes
Este lunes a las siete de la mañana, los hermanos ya estaban cortando el pan. "Se amasa de forma tradicional y con una mezcla que lleva cominos y anisetes, lo que le da un sabor especial. Es conocido en el barrio", comentan algunos de ellos. A las diez comenzó el evento. El párroco de la iglesia anexa, que se estrenó en estas lides porque lleva tan sólo ocho meses en el cargo, dio su bendición y se tomó un poco de pan, del que traía buenas referencias. El concejal del distrito, Carlos Izquierdo, se acercó también a acompañar a los vecinos.
La gente comenzaba a llegar poco a poco. Sin prisa pero sin pausa. Señoras que venían de la compra. Madres con sus niños de vacaciones. Inmigrantes nuevos en el barrio. Una charanga a cargo del Ayuntamiento amenizaba la visita. Alguno que otro recuperaba la color con la sangría, a pesar de que no eran horas para bebidas espirituosas, y la mayoría salía contenta. Eso demuestra que, a pesar de que la gente participe poco, la tradición no se olvida. Ahora falta que los jóvenes recojan el testigo de este tradicional acto solidario.