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El Teatro Real vibra con Plácido Domingo

El Teatro Real vibra con Plácido Domingo

Por MDO/Efe
lunes 26 de julio de 2010, 00:00h
Actualizado: 27/07/2010 17:53h
Plácido Domingo declaró exultante tras su última representación de Simón Boccanegra, de Giuseppe Verdi, que "hay que gritar patria y hay que gritar amor". El tenor madrileño arrancó al público una ovación récord de 25 minutos dentro y fuera del Teatro Real.
"Incluso el agua fresca es amarga para el hombre que reina", recita en "Simón Boccanegra" un Plácido Domingo que se mueve como pez en el agua incluso en el registro de barítono. Hoy, su reinado en el mundo de la ópera "es muy dulce" reconocía resplandeciente, a pesar de que todavía lucía el maquillaje mortecino del fatídico final de su personaje.

Dentro del coliseo madrileño, la Reina de España, Doña Sofía, en el palco real, en pie como el resto del público rendido ante el poder de Domingo. Fuera, y ante 6.000 personas, según fuentes del Teatro Real, el sol iba poco a poco escondiéndose ante el amanecer del que era el astro de la jornada.

Todo tenía un tono épico, y pese a la fatalidad del drama de Antonio García Gutiérrez en el que se basaba el libreto de Francesco María Piave y Arrigo Boito que orquestó Verdi, sólo se pudo hablar de victoria. Domingo, que ha sido comparsa de los éxitos deportivos del tenista Rafael Nadal en Wimbledon y de las selección española de fútbol en el Mundial de Suráfrica, repitió henchido y esta vez refiriéndose a sí mismo aquello de "Campeones, campeones, oé oé oé".

"Seguimos estando con la roja", espetó Domingo, que lucía el espectacular traje de terciopelo de este color, menos torero y más sangriento que de los deportistas, para encarnar al dux genovés que da nombre y tiñe de tragedia la composición que Verdi estrenó sin éxito.

Con los años, "Simón Boccanegra" se ha convertido en una de las perlas más estriadas de su repertorio y puso el broche de oro, además, a una era especial para el Real: la que han dirigido Antonio Moral, en lo artístico, y Jesús López Cobos, en lo musical, y que ahora dan paso al belga Gerard Mortier.

La presencia de la Reina, que llegó junto a su hermana Irene pocas horas después de haber asistido a la misa de Santiago de Compostela, fue la sorpresa positiva. La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde y el ex alto representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común, Javier Solana, contribuyeron a dar más importancia si cabe al evento.

La sorpresa negativa fue la baja a última hora de la diva del lírico Angela Gheourghiu -cuyo inmenso talento es sólo comparable, al parecer, a su mal carácter-, pero fue sustituida con pericia por la albanesa Inva Mula, quien arrancó la primera ovación de la noche con su solo tras un prólogo netamente masculino.

Así, nada pudo empañar la gran noche. Domingo superaba en nueve minutos su propio récord de aplausos, alcanzado el día del estreno de "Simón Boccanegra" el pasado jueves, y que a su vez había destronado a "Tristán e Isolda", que recibió un cuarto de hora de ovación.

"Gracias por el entusiasmo", dijo Domingo encaramado al balcón bajo la pantalla que, con sus dimensiones de nueve por cinco metros, había hecho accesible el espectáculo a aquellos que, bien por el precio, bien por la velocidad con la que se agotaron las entradas, no pudieron estar dentro.
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