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La memoria de la industria en el sur de Madrid

La memoria de la industria en el sur de Madrid

viernes 09 de julio de 2010, 00:00h
Actualizado: 09/07/2010 19:46h
Durante el reinado de Carlos III Madrid se fue enriqueciendo con una cuidada distribución de los accesos a la corte. Uno de ellos fue el conocido tridente formado por el Paseo de las Delicias, el Paseo de Santa María de la Cabeza y la Ronda de Atocha.
Se trata del acceso a la trama urbana por la puerta de Atocha. Su esquema seguía la configuración del tridente barroco, conocido como 'patte d'oie', una fórmula que había servido para remodelar el urbanismo romano desde el siglo XVII y que, con gran éxito, estructuró los jardines europeos del siglo XVIII desde que André Le Nôtre diseñara Versalles, un modelo que se llevaría a los jardines de Aranjuez.

En la cartografía madrileña realizada durante el reinado de Carlos III este tridente se manifiesta como una zona organizada, pero periférica y semirural, una zona popular destinada al paseo que regularizaba el espacio existente entre la ciudad y las riberas del Manzanares. El plano de 1785 de Tomás López, refleja a la perfección la intersección de estos dos grandes triángulos.

El crecimiento de la ciudad y el avance tecnológico, con la llegada del ferrocarril, hizo que aquel paraje semirural se convirtiera en la zona de expansión y ensanche por excelencia. En 1857 el arquitecto e ingeniero Carlos María de Castro recibió el encargo de realizar un estudio de proyecto de ensanche de la capital y dos años más tarde presentaba el Anteproyecto de Ensanche de Madrid, propuesta que se aprobaría mediante Real Decreto de 19 de junio de 1860.

El plan ideado por Castro yuxtaponía a la ciudad histórica una amplia superficie envolvente desde el noroeste al sureste, como bien ha indicado el profesor Antonio Bonet, todo ello ordenado a través de una retícula ortogonal de manzanas rectangulares. El arquitecto planteaba un ensanche que conservaba en su zona sur el tridente proyectado durante el reinado de Carlos III, una serie de paseos que respetaban las grandes plantaciones de árboles existentes desde casi un siglo antes en un intento de hacer perdurar el paisaje dieciochesco. Los nombres de las calles son testimonios claros del antiguo carácter paisajista de la zona: Pontones, Ocho Hilos, Chopera, Acacias, Delicias etc.

Viviendas para obreros
El viejo tridente de Carlos III va a servir para albergar un barrio que, en el pensamiento de Castro, estaba destinado en gran medida a equipamientos industriales y viviendas para obreros, destino que exigía además hospitales, hospicios, cárceles, cuarteles y otras construcciones de servicios, entre las que cabe destacar mercados y mataderos.

Los tendidos ferroviarios, que desde 1851 hacían de esta zona de Madrid la gran puerta de entrada desde el sur, ayudarán a consolidar su expansión como barrio industrial al proporcionar muelles de carga, apartaderos, fábricas, almacenes y demás. Así pues, la idea primigenia de realizar un barrio semirural va a dar paso a una zona eminentemente fabril e industrial.

En la imagen del plano de Ibáñez Ibero se puede comprobar la conexión ferroviaria entre las primeras estaciones madrileñas y todavía existentes, Príncipe Pío y Atocha, así como el trazado de las Rondas que Castro desarrolló en su proyecto de ensanche. Esta evolución urbana se inició en 1851 con la construcción de la estación de Atocha y, dos años después, con la del Norte; entre una y otra se edificaron estaciones secundarias y apeaderos, Delicias (1880), Peñuelas, Paseo Imperial que recorrían el trayecto entre una y otra terminal.

La ciudad crece más allá del ensanche
A lo largo del tendido ferroviario los solares disponibles del primitivo trazado de ensanche fueron ocupados por la industria, así como por los servicios de aprovisionamiento y almacenaje de Madrid, además de acoger el alojamiento de la masa obrera y fabril que trabajaba en la zona.

En la actualidad, el antiguo carácter obrero e industrial ha dado paso a una nueva imagen urbana del barrio. El tridente ya no es una zona periférica, ya que desde la segunda mitad del siglo XX la ciudad ha crecido más allá del ensanche, saltando el río, mientras que las fábricas han salido de la trama decimonónica.

Las viejas construcciones fabriles, monumentales en muchos casos, han servido para albergar y acoger instituciones culturales y representativas de la nueva sociedad. Por otro lado, la proximidad al Paseo del Prado y los nuevos usos la han revalorizado convirtiéndola en una prolongación de eje cultural y monumental de Prados-Recoletos.

La disposición de las grandes construcciones, como la estación de Atocha, y los viales del tridente, permiten establecer una serie de recorridos que van mostrando la transformación y los nuevos usos de esta zona de Madrid.

Vea las rutas completas.

Mª Dolores Antigüedad del Castillo-Olivares

Profesora Catedrática de Historia del Arte de la Universidad Nacional de Educación a Distancia


Joaquín Martínez Pino
Profesor de Historia del Arte de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Victoria Soto Caba
Profesora titular de Historia del Arte de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
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