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Crítica teatral.- Las Leandras resucitan

Crítica teatral.- Las Leandras resucitan

jueves 01 de julio de 2010, 00:00h
Actualizado: 02/07/2010 13:52h
El 12 de noviembre de 1931 se estrenó en el teatro Pavón de Embajadores una revista llamada a pasar a la historia del espectáculo: 'Las Leandras'. Celia Gámez alcanzó el tope de su popularidad gracias a esta obra de Muñoz Román y el maestro Alonso. Desde esa fecha y hasta el final de su carrera, 'Las Leandras' seguiría eternamente pegada a Celia.
Este verano del siglo XXI el teatro Reina Victoria resucita 'Las Leandras', la peculiar academia donde el doctorado que se obtiene no es, precisamente, en materias universitarias. En la época de su estreno –fervor republicano- se eternizó en cartel. Se repuso decenas de veces hasta que a la dictadura franquista dejó de hacerle gracia ese inocente burdel. De hecho cuando la Gámez quiso reponerla en el Martín, el año 1964, tuvo que hacerlo con el título de 'Mami, llévame al colegio'. Iniciada la Transición, María José Cantudo se hizo con el título y lo puso en escena varias veces, una de ellas en este mismo teatro de la Carrera de San Jerónimo.

El Pichi
'Las Leandras' tiene algunos números antológicos que han pasado al repertorio popular madrileño. Como un himno al casticismo se mantiene el chotis 'El Pichi'. La noche del estreno el público aclamó a Celia. Parece que, inicialmente, el número no era para ella pero al escucharlo se lo apropió gracias al olfato infalible que tenía para el éxito. Treinta años después este chotis acabó de consagrar a una segunda vedette, muy mona y graciosa, llamada Lina Morgan. Fue en el teatro Alcázar con el espectáculo 'Un matraco en Nueva York'. La propia Lina contó que, la noche del estreno, al acabar el número salió corriendo a cambiarse de ropa para otra escena. La estrella era Maruja Boldoba y la segunda tenía mucho "trote". Escaleras arriba hacia el camerino, la pararon sus compañeros porque el público la reclamaba en escena. Volvió a saludar y tuvo que bisar 'El Pichi'. También lo incorporó a su repertorio.

Los nardos
El pasacalle de 'Los nardos' es otro himno madrileño. Mucha gente no sabrá que se estrenó en 'Las Leandras', pero todos saben que, por la calle de Alcalá, con la falda almidoná y los nardos apoyaos en la cadera, la florista viene y va y sonríe sin parar. O venía. Su mercancía, los nardos, ha sido codiciada por generaciones de madrileños y visitantes. En cualquier antología de revista o zarzuela no debe faltar este extraordinario número.

Las viudas
En el teatro "sicalíptico" está la canción de Las Viudas es un ejemplo. El género de la revista, cuyos orígenes se remontan a 1865, nació para poner en solfa la actualidad madrileña. Eran espectáculos con un esquema elemental al que se incorporaban números de máxima actualidad socio-política, con un envidiable humor y doble sentido. La complicidad con el público era total y cualquier espectador, ayudado por la picaresca de las artistas, sabía rápidamente de qué se estaba hablando. Como entiende la petición de la viuda "principal" para que se le "administre lo que el pobrecito (difunto) dejó".

Este montaje
Tras más de una década, la compañía lírica que dirige musicalmente Félix San Mateo se atreve con el empeño de resucitar el género. No le ha importado quitar dos filas de butacas para que entren los quince músicos de la orquesta. Sus artistas –actores, bailarines y cantantes- revivirán en las estrechas escaleras de los camerinos las carreras que se producían ya cuando Cadenas, el fundador del teatro, llevó a él la opereta francesa, como un elenco de casi cincuenta personas. Tendrá 'Las Leandras' un público de nostálgicos, pero no estaría mal sugerir al espectador joven, que se acerque al Reina Victoria para ver cómo es un género escénico netamente español que, si no está prácticamente difunto, le queda poco. Que no se lo tengan que contar sus abuelos como batallitas de viejo.
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