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Crónica musical: Paco de Lucía hipnotiza Madrid

Crónica musical: Paco de Lucía hipnotiza Madrid

Por Celia G. Naranjo
jueves 01 de julio de 2010, 00:00h
Actualizado: 02/07/2010 13:52h
El guitarrista flamenco, que en diciembre cumplirá 63 años, hipnotizó por segunda noche consecutiva a los cientos de espectadores que abarrotaron el Conde Duque en los Veranos de la Villa.
Este miércoles ya no se veían transistores para escuchar el fútbol en Puerta del Ángel, pero continuaba la misma huelga de Metro cuando Paco de Lucía subió al escenario. De repente, las prisas por localizar los asientos se esfumaron y se hizo el silencio. Daba igual en qué lugar del auditorio les hubieran cazado: la sesión de hipnosis flamenca había comenzado.

Sentado entre palmeras, solo en el escenario, Paco empezó a tocar. El mundo se paró. La noche se fue cerrando al son de la guitarra solitaria, a la se fueron uniendo el cajón, el bajo, las palmas, el cante. Más que jalear al maestro, el público contenía la respiración, siguiendo la música igual que el pie liberado de Paco giraba y se balanceaba en pos de la melodía. Cuando el bailaor se levantó para acaparar un poco de protagonismo antes del descanso, el público salió de su letargo y empezó a jalearlo con sus primeros "oles".

Después todo fluyó. Paco alternaba piezas conocidas con alardes pasmosos de arte puro. Hubo momentos para los demás músicos, que salieron de su penumbra rojiza para 'robar' la luz al maestro por unos minutos y demostrar por qué tocan con el más grande. Algunos arrancaron al público casi tantos aplausos como Paco, que seguía a lo suyo, deslumbrando a ratos, pero también apoyando desde la sombra a los demás. Cuando se levantó y soltó la guitarra, parecía que le habían amputado una parte de sí.

Pero volvió. Al público se le había echado la noche encima. El Palacio Real y La Almudena ya no brillaban al fondo y en el horizonte solo quedaba la esperanza de unos minutos más de Paco, que no defraudó. Se sentó, sonrió y reinventó 'Entre dos aguas' para despedirse. El público ya había salido de su hipnosis y terminó la noche bailando en su asiento, borracho de flamenco. Y cuando despertó en el autobús, minutos más tarde, del sueño de Paco, todavía se preguntaba cómo pudo hacer esto o aquello. Solo él y su guitarra lo saben.
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