Hace unos días, el director de Europa Press, Javier García Vila, explicaba en una tertulia televisiva que él, que había participado en un acto organizado por la citada agencia de prensa en el que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, aseguró que ETA sigue "viva", al ser preguntada por la presencia de varios etarras con delitos de sangre en las listas de EH Bildu, estaba convencido de que la mandataria autonómica dice eso, con lo que él no está de acuerdo, porque está totalmente convencida de ello. Por esas mismas se celebró el único debate electoral, en Telemadrid, con la participación de todos los candidatos (PSOE, Más Madrid, Vox, PP y la coalición de Izquierda Unida y Podemos).
En el trascurso del mismo, lo único que quedó al descubierto fue la intención de Ayuso: "El 28 de mayo hay que decidir entre una comunidad ambiciosa gestionada por el PP o los que proponen subir impuestos, votar a ETA o dar las casas a okupas". Todo eso es entendible porque forma parte de su intención de obtener una mayoría absoluta en los comicios del próximo domingo para convertirse en la verdadera 'dama de hierro' de la derecha española, por si fuese necesaria su presencia salvadora en el PP de Alberto Núñez Feijóo. Lo que me preocupó fue la insistencia del director de Europa Press en que Ayuso está convencida de que ETA sigue viva. A pesar de que esta banda terrorista anunció el "cese definitivo" de su lucha armada el 20 de octubre de 2011. Estuve preocupado varios días y este pasado fin de semana varios amigos médicos me dieron algunas pistas sobre los efectos que sufre la presidenta regional.
El doctor Pedro García Blanco, oncólogo y buen conocedor de la sanidad pública (fue viceconsejero de Salud en el Gobierno presidido por Joaquín Leguina), me llamó para mostrar su disgusto por el hecho de que el PP y su candidata no dijeran nada en campaña electoral de la situación de la sanidad madrileña, que está dirigida desde hace 28 años por esta formación derechista. También me comentó que Ayuso, con su consideración sobre algo inexistente, sufre los mismos síntomas que los amputados. Me explicó que después de que una persona sufra la amputación de una de sus extremidades puede sentir como si la extremidad aún estuviera ahí. A esto se le llama sensación del miembro fantasma. Hasta ese momento, lo desconocía.
Anoche mismo, otro buen amigo y médico de familia, Ángel Frade, me llamó por teléfono para exponer que "algunos más veteranos vimos nacer, crecer y morir a ETA. No la echamos de menos". Este galeno, mi médico de cabecera desde hace décadas y alguien querido en Rivas, donde cuenta con una calle a su nombre, calificó de "novatos" a los que dicen lo mismo que Ayuso y recordó que "nacieron con ETA, como si fuera un apéndice más de su vida, y ahora que ha desaparecido, lo echan de menos, como un miembro fantasma. Les pica, les duele, les escuece, pero ya no está". Ya sólo queda esperar a que las urnas se llenen de votos el 28 de mayo y que cuente nuestro criterio, más allá de que, según los sondeos, todo está decidido.