Los confinamientos durante la pandemia y las limitaciones posteriores erradicaron de nuestras calles a los manteros. Restablecida la normalidad apenas reaparecieron algunos. Había miedo entre los posibles compradores a los contagios. Pero ya desde la pasada primavera se ha podido apreciar un notable repunte de esta actividad ilegal, perseguida y nunca erradicada.
El retorno de los turistas nacionales e internacionales ha provocado que los manteros hayan vuelto a adueñarse de puntos estratégicos del Centro de la Capital. Comienzan a desplegar sus mercancías a primera hora de la mañana y, si no aparece la policía municipal, permanecen en las calles hasta bien avanzada la noche, mientras se mantiene la circulación de peatones.
Hay varios puntos ‘calientes’ para esta actividad. Por las mañanas y hasta primera hora de la tarde, se instalan en la confluencia de la calle Mayor con Sol, en la calle de la Sal y en la Plaza Mayor. Especialmente molesta es en este enclave turístico. Los manteros, apenas una docena, se instalan en el arco de entrada desde la calle de la Sal, estrechando el paso de peatones, que se ven obligados ver las mercancías.

A media mañana aparecen otros grupos, localizados preferentemente en la Red de San Luis, ante el establecimiento de Primark de la Gran Vía y en la Plaza de Callao. A veces también bajan a la calle Preciados. En cada lugar se colocan unos diez o doce manteros. Es habitual encontrarlos también en la plaza de Jacinto Benavente.
Al caer la tarde cambian a otros puntos, como la calle Arenal y la plaza de Ópera donde, días pasados, se produjo un enfrentamiento con la policía municipal en el que resultaron heridos tres agentes y detenidos dos manteros senegaleses.
No se observa la concentración masiva, habitual antes de la pandemia. Pero en el Centro algo más de un centenar de manteros se plantan regularmente. La cantidad se incrementa durante los fines de semana. La aparición de patrullas de la policía municipal desplaza momentáneamente la actividad, aunque no parece que les preocupe mucho a los manteros. Minutos después de la marcha de los agentes, vuelve el comercio ilegal de productos generalmente pirateados. A los compradores tampoco parece preocuparles el origen de las mercancías y que esta venta callejera sea ilegal.