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NOVEDAD LITERARIA

Laura Demaría pone el foco en los malos hijos como fuente de infelicidad
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(Foto: Laura Demaría)

Laura Demaría pone el foco en los malos hijos como fuente de infelicidad

martes 06 de agosto de 2024, 07:00h
Actualizado: 12/08/2024 08:27h

No está bien visto hablar de los malos hijos y eso es precisamente lo que ha llevado a Laura Demaría a escribir su segunda novela tras la publicación de Guía práctica del llanto (Nocturna Ediciones, 2022). En un estilo fresco y breve, una madre estoica, agotada por una maternidad terrible, decide escribir un diario a su hija mayor, el origen de sus desvelos y desdichas.

¿Cómo construir una maternidad desde el desarraigo? ¿Cómo ser madre de alguien que no solo te niega sino que te desprecia, te humilla y te ataca en una guerra sin cuartel ni piedad? Laura Demaría, periodista y escritora madrileña, describe una maternidad terrible sin caer en el “dramón” ni en el “ajuste de cuentas”, según sus propias palabras, en su nueva novela, Diario de una madre que perdió su nombre (Nocturna Ediciones, 2024).

La maternidad se concibe, se experimenta casi siempre desde el marco idílico y proveedor de felicidad que la sociedad, la cultura y nuestros congéneres nos han transmitido de forma machacona, pero hay casos, cada día más abundantes, en los que la maternidad es el origen de la desdicha, en los que el paso a la madurez se vive “de forma traumática por culpa de un hijo”. Y es sobre esta realidad sobre la que Demaría ha querido poner el foco y la lupa.

Se trata de una ficción contada por la madre a su hija Mara en un formato fresco y breve. Los capítulos no se extienden más allá de unas pocas páginas cada uno y esa economía se aprecia también en el lenguaje. Prescinde de descripciones y explicaciones para aportar lo esencial, los pilares de ese edificio, y permitir que el lector construya el resto: “Hay muchas estructuras que pueden ser completadas".

El origen de esta historia resulta tan común como cualquier otra a simple vista: madre, padre y dos hijos, niña y niño. La violencia vicaria se cuela entre sus páginas desde la separación de los padres, al principio de este diario que la madre (sin nombre) escribe a su hija mayor tras una peligrosa y agotadora travesía por el desierto que casi acaba con las dos y, de paso, con el hermano. El padre manipula la moldeable mente infantil de Mara de una forma tan diabólica que marcará no solo la relación de la niña con su madre, sino también con su hermano, con el mundo e, incluso, con su propio cuerpo.

A pesar de su contundente papel en esta novela, el padre apenas es nombrado, no merece luz ni páginas. La madre recibe la descomunal carga de odio y desprecio día a día, año a año, de manos una niña que crece con toda esa negrura que se le empieza a ir de las manos muy pronto.

En cambio, un protagonista inesperado se cuela en el relato: el miedo, que se convierte en la segunda piel de esta madre que lucha por quitárselo de encima, que lo respira en cada bocanada de aire. Tampoco se lo oculta a su hija en una confesión en la que incluye sucesos mucho más antiguos que la propia Mara en un ejercicio por contarle sus mayores temores, como diciéndole, en palabras de la autora: “Mira hasta dónde voy a bajar, Mara, que te voy a contar mis mayores temores más allá de ti, que me das mucho miedo”.

Su perseverancia, su voluntad y su capacidad de resistencia le permiten sobrevivir y hacer lo que considera que es mejor tanto para su hija como para ella misma. Se convierte, en palabras de la autora, “en un casco azul porque está en guerra y, además, está en conflicto con lo que le está ocurriendo, que le horroriza, y con ella misma porque no sabe si va a aguantar y sabe que tiene que ser capaz”.

“Intenta recomponer no solo su camino, sino también el de su hija, que está completamente desenfocada”

Se impone avanzar a través de esta selva de páginas cargadas de furia, dolor y desconsuelo para comprender su firme estrategia que culmina, años después, en la escritura de un diario que se convierte casi en una carta dedicada a su hija.

“Pierde su nombre, pero no su voz”, asegura la autora a Madridiario en una deliciosa conversación sobre los personajes principales de esta historia y sobre lo que no cuenta en ella, y añade que “desde la generosidad y el dolor más absolutos, a pesar de todo, esta madre intenta seguir siendo quien es”.

Este diario supone, tras años de lucha y resistencia, un merecido desahogo, pero también un refugio para otra verdad, una realidad que en los años pasados Mara no ha conocido ni intuido en ningún momento, nos explica la autora. Un diario que la madre, sin nombre, no sabe si su hija leerá alguna vez y que ha conseguido aliviarla acogiendo entre sus páginas la dureza de unos hechos, pensamientos y emociones que no se había permitido nombrar delante de ella hasta ese momento. Demaría explica que la madre, a través de esta confesión, “intenta recomponer no solo su camino, sino también el de su hija, que está completamente desenfocada”.

La autora ha elegido este escarpado camino porque, según nos explica, “no está bien visto hablar de las maternidades de las malas madres y los malos hijos y me interesaba dar voz a lo que no suena bien o no es aceptado de una determinada manera por la comunidad”. Esa realidad que apenas se plasma ha sido la elegida por Demaría para construir una maternidad desde el desarraigo, desde lo difícil, desde un lugar sin asideros donde si quieres sobrevivir te los tienes que construir. Y quizá el único asidero es la cabeza de esta madre y su voluntad indoblegable.

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