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LA TERRAZA DE ÓPERA

Judith Mateo y Constantino Mediavilla durante la entrevista
Judith Mateo y Constantino Mediavilla durante la entrevista

Judith Mateo: “Si el violín no tuviese alma, no tendría sonido”

Judith Mateo: "Cada artista debe tener su propio estilo"

Por MDO

Con más de un millón de reproducciones en las principales plataformas de música online, la violinista Judith Mateo se ha consolidado ya como una de las grandes referencias del panorama patrio actual. Pionera y referente del rock con violín, esta “incansable” artista no cesa en su empeño de sorprender al mundo con su arriesgada oferta: una combinación explovisa entre música clásica, rock, pop, funk y celta que hace las delicias de sus miles de seguidores alrededor del globo. De todo ello, su trayectoria, logros y sueños por cumplir ha hablado Mateo en su visita a La Terraza de Ópera junto al presidente editor de Madridiario, Constantino Mediavilla.

Una de las últimas creaciones de Mateo, desarrollada en buena medida durante el confinamiento, reconstruye las icónicas Cuatro Estaciones de Vivaldi para aproximarlas al rock más puntero. Se trata de una remasterización que, a juicio de la propia artista, ha pasado “muy desapercibida” y que, sin embargo, tal y como considera Mediavilla, “es de agradecer porque acompañó a muchísima gente durante los meses más duros de la pandemia". Melodías que recuerdan al “funk manchego” como indisoluble vinculación a la cuna de Mateo: “Soy de Cuenca y lo llevo por todos los sitios. Estoy muy orgullosa de mi ciudad, de mi tierra y vaya a donde vaya siempre lo digo”, reconoce.

Más allá de las fronteras de nuestro país, Mateo ha pisado escenarios de medio mundo, con actuaciones en Francia, Italia o Argentina, entre muchos otros lugares. “Cuando salgo de mi tierra, resulta muy gratificante porque puedes visitar sitios nuevos, probar comida que nunca antes habías probado… Además, generas mucha más expectación. Hay muchísima más gente que quiere ir a verte”, explica, reconociendo a la par el riesgo del “doble tempo” con el que juega en el extranjero. “Jugar en casa en más normal”, matiza.

"Mas que rupturista, me considero aperturista"

Tanto dentro como fuera del escenario, Mateo ha lucido siempre un rostro amableque, sin embargo, contrasta con lo rupturista de su planteamiento artístico. “Más que rupturista, yo diría aperturista porque no me ha dado miedo hacer cosas con mi violín que nunca antes había hecho nadie”, reflexiona. Las Cuatro Estaciones de Vivaldi o, en el extremo opuesto, las versiones de ACDC son, sin lugar a dudas, la mejor prueba de ello. “No me gusta copiar a nadie. Cada artista debe tener su propio estilo y yo disfruto haciendo estas cosas tan arriesgadas. No debemos tener miedo a abrir puertas para hacer más fácil el camino a los que vienen detrás”, asegura.

Volviendo a sus orígenes, Mateo recuerda sus inicios en el clarinete con apenas siete años. “Empecé con el clarinete porque mi padre es un gran amante del jazz. A mi hermana también la apuntó a tocar el piano. El objetivo era montar su propia banda de jazz”, explica con una sonrisa de oreja a oreja. Las malas experiencias con un profesor fumador hicieron, no obstante, que la artista se decantase finalmente por el violín, un instrumento que “me enamoró” desde el principio.

Su carrera profesional, exitosa como pocas, llega ahora al culmen de la mano de su último trabajo, Violinarte, del que la artista espera grandes cosas. “El disco combina canciones cantadas con temas puramente instrumentales y son, en un 95 por ciento, composiciones propias. Esperemos que traiga consigo muchos conciertos”, vaticina. Entre los éxitos de este nuevo trabajo destaca Hurra Hurra, un tema que refleja como ningún otro la fuerza del empoderamiento femenino.

Como colofon a la charla, Mediavilla cuestiona a la invitada por “el alma de su violín”. Mateo reconoce entonces que el alma al que se refiere el entrevistador no es otro que “un palito metido justo debajo del puente que permite combinar la vibración de la parte delantera con la trasera” para producir finalmente el sonido. “Si el violín no tuviese alma, no tendría sonido. Luego cada violinista aporta su propio alma al instrumento y es por ello que cada uno sonamos distinto”, zanja.

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