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OPINIÓN

Invertir para la jubilación: cuanto antes

martes 27 de abril de 2021, 07:43h

Los sucesivos gobiernos siguen aplazando una reforma profunda de la Seguridad Social; prefieren seguir parcheando y dejar la “patata caliente” al próximo. El miedo al coste político y las dificultades a la hora de hacer un pacto de Estado llevan a que el problema vaya creciendo progresivamente año a año. Pero, mientras los gobiernos miran para otro lado, la población es consciente de lo que les espera en el futuro.

Si preguntamos a los jóvenes por su jubilación futura, nos suelen sorprender, respondiéndonos con cierto sarcasmo que no creen probable que vayan a tener algún tipo de jubilación o, incluso, que van a tener que trabajar toda la vida sin poder jubilarse. Según el Informe Naranja de ING “Tendencias clave de los españoles ante la jubilación", un 88% de los españoles piensa que va a carecer de pensión o que ésta no va a ser suficiente para mantener su nivel de vida. No obstante, la preocupación por la jubilación aumenta con la edad, al tiempo que las diferentes generaciones van comenzando a establecer un sistema de ahorro conforme van haciéndose mayores.

En este sentido, muchas personas comienzan a ahorrar cuando les queda muy poco tiempo para jubilarse, y lo hacen con un plan que no les llega a ofrecer los resultados esperados. Esto es, entre otras cosas, porque no tienen algo que poseen los jóvenes en abundancia para multiplicar sus ahorros: tiempo. Cuanto antes se comienza a ahorrar, más se nota el efecto acumulativo de la inversión. Por otro lado, saber invertir bien el dinero marca la diferencia entre un futuro agobiado y un futuro desahogado.

En primer lugar, un ahorrador tendría que hacerse dos preguntas que están íntimamente ligadas: ¿con qué finalidad ahorrar? y ¿cuánto puedo ahorrar?

La finalidad del ahorro que estamos tratando es crear un colchón de dinero para la jubilación, es decir, una inversión a largo plazo. En referencia a cómo ahorrar, el consejo más básico es el ahorro previo: guardar cantidades al recibir la paga y no esperar a lo que quede como remanente cuando se recibe la siguiente paga; porque ese remanente tenderá –casualmente- a ser nulo.

Al invertir, siempre se está haciendo una optimización ente dos extremos: alta rentabilidad-alto riesgo y baja rentabilidad-bajo riesgo; por otro lado, se está invirtiendo un dinero que, o bien se va a necesitar a corto plazo, o nos sobra temporalmente (aunque a largo plazo se pueda llegar a necesitar). La regla nos dice que inversiones con un riesgo relativamente alto, como puede ser la Bolsa, sólo se hagan con el dinero que nos sobra y nunca con el que nos falta. Por el contrario, el dinero que vamos a necesitar en un plazo corto-medio solo se debe invertir de forma segura: en activos que, aunque nos den poca rentabilidad, nunca permitan que haya pérdidas.

Si, por ejemplo, una persona, para poder comprarse un coche antes de lo previsto, decide aventurarse a invertir sus ahorros en acciones de una empresa tecnológica de alto riesgo (porque le han dado el supuesto chivatazo de que tiene posibilidades de revalorización de un 100% en pocos meses), tiene muchas probabilidades de quedarse sin ahorros y sin coche. En este caso, ha apostado el dinero que necesita a corto-medio plazo en una inversión arriesgada.

Por tanto, si una persona invierte su dinero con la finalidad de gastarlo a corto-medio plazo (por ejemplo, para comprar un coche, una vivienda, hacer un viaje o pagarse los estudios), lo principal es invertir en productos de bajo riesgo y que, sobre todo, no puedan tener rentabilidad negativa. Habrá que invertir en productos que, como consecuencia de su bajo riesgo, tendrán una reducida rentabilidad; actualmente ínfima. Pueden ser los siguientes:

  1. A) Una clásica cuenta de ahorro, con una rentabilidad escuálida o casi nula (cosa que no es de extrañar, con el actual entorno de tipos - históricamente bajos- que sitúan el precio del dinero alrededor del 0%). Esta cuenta, aunque no resulte rentable, es necesaria por su utilidad y es la base de otras opciones de inversión.
  2. B) La opción más habitual y cómoda de intentar rentabilizar un poco más los ahorros son los depósitos a plazo, que las entidades devuelven a un plazo determinado de antemano y proporcionando una rentabilidad fija a su vencimiento. Si hay cancelación anticipada, se aplica una penalización a los intereses. Son depósitos que pagan un tipo de interés mayor que en otras fórmulas -y tanto mayor cuanto mayor es el plazo del depósito- como contrapartida al compromiso de indisponibilidad del dinero por parte del cliente. Las condiciones de cancelación anticipada dependen de las que ofrezca el mercado: la penalización que afecta a los intereses puede ser completa (no se abona ningún interés) o parcial; incluso gradual, según el tiempo que haya transcurrido desde que se hizo el depósito.

Estos depósitos a plazo fueron el refugio de ahorradores durante los años de crisis, pero esta tendencia cambió con la bajada de tipos de interés del euro y la limitación que impuso en 2013 el Banco de España sobre la rentabilidad del ahorro (al 1,75% para períodos inferiores al año, al 2,25% a 2 años y al 2,75% para 3 años y más). Todo esto ha desembocado en unas rentabilidades exiguas en los depósitos. En la actualidad, los bancos españoles pagan un interés por depósitos a un año muy inferiores al 1% (en torno al 0,1%).

  1. c) Comprar renta fija, es decir, títulos públicos o privados: lo más habitual para los particulares que invierten a corto plazo, por liquidez y seguridad, es comprar Letras del Tesoro. Si nos fijamos en los precios de la última subasta del Tesoro, en marzo de este año, el tipo medio ponderado de las Letras del Tesoro a un año fue del -0,51%. A este tipo de interés negativo, a los particulares en general no les interesa ni acercarse a este mercado.

Estamos en momentos en los que, a corto plazo, la rentabilidad que se puede obtener de nuestra inversión es casi nula. Por otro lado, la inflación anual estimada del IPC en enero de 2021, de acuerdo con el indicador adelantado del Instituto Nacional de Estadística, es del 0,6%. En consecuencia, aunque casi no se gana nada, tampoco el dinero se devalúa significativamente, con lo que mis ahorros no pierden apenas capacidad adquisitiva.

Por otro lado, la inversión a corto plazo es finalista: para dedicar los ahorros a un gasto predeterminado, siendo el principal objetivo no perder dinero –aparte de la pequeña rentabilidad que se obtenga-. En definitiva, independientemente del momento económico, la ganancia de estas inversiones a corto plazo y con poco riesgo permite compensar la inflación y poco más.

De todos modos, nuestro principal interés estaba en ahorrar para la jubilación. En este tipo de inversión, a largo y muy largo plazo, las consideraciones cambian significativamente: a corto plazo, lo seguro era invertir en depósitos remunerados y renta fija, evitando la renta variable (acciones), mientras que, a largo y muy largo plazo, la inversión que adquiere mayor estabilidad y más rentabilidad es la renta variable -la Bolsa-.

Para invertir a largo plazo, los vehículos más habituales de los particulares son la compra directa de acciones, los fondos de inversión y los planes de pensiones.

- Las acciones ordinarias son valores negociables de renta variable, por lo que su rentabilidad no está preestablecida en el momento de adquirirlas. La rentabilidad del accionista es la relación entre lo que se ha invertido en una determinada acción y el rendimiento económico o resultado que proporciona. Los rendimientos que un inversor puede obtener por invertir en acciones dependerán, principalmente, de dos factores: en primer lugar, la diferencia entre el precio de compra de las acciones y el precio de venta de las mismas (plusvalías, si el precio de venta es superior al de adquisición, o minusvalías, en caso contrario); en segundo lugar, de los dividendos que la Junta General acuerde distribuir.

- Los fondos de pensiones son un patrimonio vinculado a un Plan de Pensiones que tiene como misión recoger las aportaciones de los partícipes, con el fin de garantizar una serie de prestaciones económicas para afrontar ciertas contingencias relacionadas con la vida humana. Un Plan de Pensiones es un contrato en virtud del cual se define el derecho de las personas a percibir rentas o capitales en determinadas situaciones (actualmente: jubilación; incapacidad laboral total y permanente para la profesión habitual o absoluta y permanente para todo tipo de trabajo, y la gran invalidez; fallecimiento del partícipe o beneficiario, si causa prestación de viudedad, orfandad u otras; enfermedad grave y desempleo de larga duración).

Los fondos de pensiones son administrados por una entidad gestora y tienen un depositario. Son patrimonios independientes y separados de las entidades que los promueven. Por otro lado, las aportaciones a los planes de pensiones tienen una ventaja fiscal, ya que en la declaración de la renta permiten desgravar el dinero aportado hasta un límite, mediante una reducción de la base imponible

- Los fondos de inversión son un patrimonio separado, sin personalidad jurídica, perteneciente a una pluralidad de inversores, cuya gestión y representación corresponde a una sociedad gestora con la participación de un depositario. El valor de cada participación, llamado valor liquidativo, es el resultado de dividir el patrimonio del fondo por el número de participaciones en circulación. El valor liquidativo es, por tanto, el precio al que se puede comprar o vender una participación; para determinarlo se calcula el patrimonio del fondo en función de la cotización en los mercados de los títulos contenidos en el mismo. Como remuneración de sus servicios, la gestora y la depositaria detraen una parte del patrimonio del fondo de inversión en forma de comisiones.

Es conveniente examinar, según el tipo de fondos en que hayamos invertido, las comisiones que cobra la competencia y los logros en la gestión de fondos del mismo tipo que el nuestro. La información que se obtiene suele ser muy valiosa para el inversor, porque suele haber fondos mejor gestionados que otros y, además, con unas comisiones considerablemente inferiores.

La gestión de los fondos de pensiones se realiza de una forma completamente análoga a los fondos de inversión. Por otro lado, si el cliente no está satisfecho de la gestión de su fondo de pensiones o fondo de inversión, tiene la posibilidad de trasladarlo de Entidad sin ningún tipo de cortapisa legal ni coste fiscal; del mismo modo, también puede cambiar libremente su estrategia de inversión.

Actualmente, estamos en plena campaña bancaria para vender a sus clientes fondos de inversión. Se ofrece una gran variedad de los mismos, de toda ella se pueden destacar los de renta fija, renta variable y mixtos, ya sean de gestión activa o gestión pasiva; a la vez que se pueden combinar en fondos de fondos.

El pequeño inversor se pierde entre tanta variedad y tiende a asegurar con un porcentaje elevado de renta fija -que ha ofrecido una rentabilidad bastante escasa en los fondos de inversión suscritos desde principios de los 90-, cuando a largo plazo la renta variable se considera en general la inversión más idónea. Dentro de la renta variable, la gestión pasiva con una cartera indiciada se presenta como una poderosa arma en manos del pequeño inversor para hacer frente a las fluctuaciones y complejidad creciente del mercado.

La indiciación es una estrategia que consiste en tener en cartera todas las acciones del mercado, de tal modo que la cartera suba o baje de cotización a la vez que el mercado o, lo que es lo mismo, apostar por el mercado. En esta estrategia, el objetivo consiste en igualar la rentabilidad del mercado. El mercado bursátil, al ser los valores más representativos inmensamente mayores que los demás, se mueve en una correlación casi completa con este grupo de valores más grandes. El conjunto de valores más representativo del mercado se concentra en un índice, que en la bolsa española sería el IBEX 35. Una cartera indiciada en la bolsa española estaría compuesta proporcionalmente por las 35 compañías del índice de referencia nacional (compuesto por las mejores compañías del mercado). Esta estrategia es lo que se denomina gestión pasiva (comprar y mantener).

Históricamente, los fondos de inversión indiciados a un índice bursátil relevante han conseguido mejores rentabilidades que los demás fondos gestionados de forma activa (entresacando los valores que el gestor considera ganadores y descartando los perdedores). De este modo, la mayoría de los inversores profesionales se ven superados por los fondos indiciados, y batir al índice se hace harto difícil a largo plazo.

El inversor modesto puede encontrar en España fondos indiciados al IBEX 35 que, por otro lado, suelen tener comisiones más bajas que los de gestión activa. Pero, vamos más allá, ¿tenemos un mercado bursátil dinámico y prometedor o los hay mejores? Podemos apreciar que el IBEX 35 está plagado de antiguos monopolios del Estado, empresas tradicionales y sectores regulados y manipulados también por el Estado, lo que desemboca en un crecimiento ramplón.

El IBEX 35 comenzó a funcionar el 14/01/1992 con un valor de 2.676,12. Si un inversor hubiera indiciado su cartera al mismo en el momento en que comenzó a funcionar, con la cotización a 23/04/2021 de 8.618,60, en este período de 29 años habría triplicado el valor de su inversión. Sin embargo, si comenzó a invertir a principios de 2000 (con una cotización de 11.577,4 el 03/01/2000) hasta la actualidad (8618,60 puntos el 23/04/2001) habría incurrido en unas pérdidas del 25%.

Pero, se puede ir más allá y observar otros índices internacionales susceptibles de invertir. Entre ellos, destaca el S&P 500 (que incluye a las 500 empresas más representativas de la Bolsa neoyorquina; este índice y el Dow Jones son las referencias en la plaza financiera más importante del planeta: Wall Street). Warren Buffet, el famoso inversor y empresario, en su carta anual a los inversores de Berkshire Hathaway de 2017, recomendó a su mujer, que una vez él muera, ponga el 90% de su fortuna en un fondo indexado al S&P 500 con muy bajas comisiones. Esto se debe a que Warren Buffett considera muy difícil para un inversor obtener mejores resultados que el índice del mercado.

Si un inversor hubiera indiciado su cartera al SP&500 a principios de 1992, con una cotización de 422,12 puntos, hasta el 23/04/2021, con una cotización de 4.180,17 en este período de 29 años habría multiplicado casi por diez el valor de su inversión; mientras que, si comenzó a invertir a principios de 2000 (con una cotización de 1.438,36 el 03/01/2000) hasta la actualidad (8.618,60 puntos el 23/04/2001) habría multiplicado casi por seis su inversión.

En definitiva, un fondo indiciado para el pequeño inversor puede ser una base poderosa para edificar un plan de ahorro de cara a la jubilación, aunque decantarse por el IBEX 35 puede ser una inversión poco rentable si se compara con un fondo indiciado al S&P 500 que, invirtiendo en varias de las empresas más potentes del planeta, ofrece una rentabilidad muy superior para el inversor juicioso.

Joaquín Galván Vallina

Doctor en CC. Económicas y Empresariales. Profesor de la Universidad Europea de Madrid

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