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OPINIÓN

La fórmula para ganar dinero

Por Joaquín Galván Vallina
miércoles 02 de febrero de 2022, 07:48h
Actualizado: 06/02/2022 11:40h

Las escasas veces que he coincidido con personas verdaderamente ricas, siempre me ha llamado la atención, por ejemplo, la manera pormenorizada con que revisan e inspeccionan -casi diseccionan- la cuenta de un restaurante antes de pagar, o cómo regatean, peleando hasta el último euro, al comprar un coche de segunda mano (que, por otro lado, podrían comprar nuevo sin ningún esfuerzo). Parece que los adinerados tienen presente la típica frase de “cuida tus centavos, que los dólares se cuidan solos”, pero también parecen ser personas que -independientemente de la magnitud de su fortuna- están dispuestas a luchar por el último euro con más fiereza que el resto de los mortales. Para bien o para mal.

Si nos preguntan si queremos ser ricos, todos contestaremos que sí; y, si nos toca la lotería mañana, estaremos tan felices. Otra cosa es si de verdad la gente orienta su actividad laboral y vital a ser rica. No lo parece. En general, la mayor parte de las personas se orienta a ejercer un oficio o profesión con la finalidad de ganarse la vida de la mejor manera posible y, como mucho, “no tener problemas con el dinero” (vivir sin agobios económicos y, por ejemplo, comprarse cuando quieran el coche adecuado o ir de vacaciones donde desean). En cambio, otras personas tienen una alta preferencia por el dinero, y orientan su actividad a llegar a ser ricas.

¿Cuál es la receta para llegar a hacer una fortuna?

La formación

Mucha gente comienza por adquirir una formación esmerada. Es un hecho conocido que los trabajadores con mayor nivel educativo perciben un salario medio más elevado. Siguiendo al profesor Juan M. Blanco, esto se debe principalmente a dos factores:

En primer lugar, está la teoría del capital humano. Las personas con mayor educación y formación adquieren unos conocimientos, habilidades y destrezas que les permiten ser más productivas a la hora de desarrollar una actividad profesional, lo que las lleva a obtener salarios más elevados.

En segundo lugar, está la teoría de la señalización, según la cual, la educación no crea destrezas adicionales en los individuos, sino que señala ciertas capacidades innatas que las empresas valoran y no resultan fácilmente identificables. En este caso, el sistema educativo actuaría como filtro, asignando los diplomas a los más capaces y, por tanto, más productivos.

Según la teoría del capital humano, los individuos optarán por realizar una inversión en capital humano en formación si el coste de la misma presente (dinero, tiempo, esfuerzo…) compensa con unos rendimientos futuros superiores (rentabilidad monetaria, expectativas profesionales, realización personal, estatus…). Según la teoría de la señalización, las titulaciones académicas señalizarán las cualidades congénitas de los individuos que las empresas apreciarán a la hora de remunerar más a los que han pasado por el sistema de selección académico; y esto llevaría a los diplomados a percibir mayores remuneraciones.

Pero ¿en la formación de nivel más elevado -la universidad- se enseña a ganar dinero, o la receta para hacer dinero? La respuesta es negativa: los estudios universitarios dan una visión de conjunto muy útil y unos conocimientos que permiten actuar como profesional de una materia, a título individual o contratado. Por otro lado, se enseña a no cometer “errores de libro”; muy habituales en los emprendedores. De cualquier modo, en una universidad no se enseña dónde está la “máquina de hacer dinero” y no se garantiza que alguien se pueda ganar la vida con su título, y menos llegar a ser rico.

La empresa

En un sistema económico de libre mercado, la actividad que llevaría a obtener ingresos más altos sería la actividad empresarial. Es natural que el empresario que, entre otras cosas, aporta el capital y asume el riesgo obtenga más rendimientos que la gente a la que contrata. No es lo mismo un empresario que un asalariado; y el asalariado puede llegar a tener un sueldo muy elevado, pero no llegar a ser rico de verdad (todo esto en proporción al tamaño de la empresa, y si no hay disfunciones).

Tenemos muchos ejemplos de que para triunfar como empresario no es necesaria formación de alto nivel, aunque en empresas grandes suelan tenerla -especialmente en empresas de alto contenido técnico-.

Para que una empresa sobreviva en el marco de competencia del mercado tiene que saber hacer algo muy bien y/o aprovechar sus ventajas. Si es algo fácil y rentable saldrán imitadores y se reducirá el margen, y si la empresa tiene una ventaja -como puede ser una localización privilegiada - podrá hacerla valer para prevalecer o tener un mayor margen. Si la empresa produce algo diferenciado y difícil de copiar -como puede ser un producto de alta tecnología- podrá situarse por delante de la competencia en mejores condiciones. Se van configurando así las tres estrategias básicas de competencia entre las empresas: liderazgo en costes, diferenciación y concentración en un segmento específico.

Pero no es todo tan sencillo, porque las empresas son inmensamente variadas, y dentro de las mismas las actividades son variadas e interconectadas. Podemos describir las actividades de las empresas según el modelo de cadena de valor de Michael Porter, apareciendo unas actividades primarias (logística de entrada, operaciones, logística de salida, marketing-ventas y servicio) y actividades de soporte (compras, infraestructura empresarial, gestión de recursos humanos e investigación y desarrollo -I + D-); estas actividades van generando valor añadido al producto final, y la empresa se tiene que orientar a maximizar la creación de valor para el cliente y minimizar los costos.

Todo esto resulta complejo y diferente para cada empresa, a la vez que va mutando en función de la posición de la empresa en el mercado (teniendo en cuenta la evolución continua de las preferencias de los clientes). En este complejo marco dinámico, cada empresa se esfuerza en buscar su lugar y sobrevivir con arreglo a sus características particulares. De aquí que la dirección de la empresa sea la actividad más difícil de todas, ya que condicionará su éxito o su fracaso de cara al futuro -y nadie conoce el futuro-.

Formulación de la receta

No hay regla sin excepción, porque cada cual tiene su modo especial de hacer fortuna, y en todos los campos hay millonarios.

En general, un asalariado no llega a hacer una gran fortuna, por lo que, si se quiere llegar a hacerla, habría que optar por la actividad empresarial.

En el campo de la empresa, la receta para el éxito es que “no hay recetas”. Las recetas con las que triunfaron empresas en el pasado ya se utilizaron y se pueden estudiar (cosa que puede ser útil); hay otras empresas que pueden imitar estos procedimientos y así se reduce el margen, sobreviviendo las que depuran sus operaciones e innovan. Pero el futuro es incierto y no hay adivinos, por lo que las empresas se tendrán que adaptar, con su saber hacer y apostando por la estrategia que resulte acertada. Y para esto no hay varitas mágicas.

NOTA: Excluyo de esta formulación cosas tales como empresas públicas que no quiebran porque el Estado enchufa la manguera del dinero, prebendas de todo tipo que costea el contribuyente y competentes funcionarios titulares de monopolios del Estado que les permiten llegar a ser millonarios.

Joaquín Galván Vallina

Doctor en CC. Económicas y Empresariales

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