El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid aprobará este mismo miércoles declarar el arte del flamenco como Bien de Interés Cultural (BIC) del Patrimonio Inmaterial de la región fruto de su gran “arraigo histórico”. Prueba de su importancia e influencia en la cultura madrileña es la abundante presencia de peñas, asociaciones y tablaos pioneros en muy diversos municipios. Todas estas iniciativas públicas y privadas, sumadas a la nutrida cobertura periodística, han contribuido durante décadas a su difusión, mantenimiento y evolución. Motivos que han terminado por decantar la balanza de su incorporación a este especial grado de protección.
En palabras de la consejería de Cultura, Turismo y Deporte que encabeza Mariano de Paco, el flamenco es un espectáculo que “forma parte de la sociedad madrileña, con gran arraigo histórico y que comprende cante, baile y toque”. Asimismo, apuntan, ha sido transmitido, recreado y transformado a lo largo de los años por sus numerosos intérpretes, pero “manteniendo en todo momento sus raíces”. En el origen de la cuestión, el traslado de muy diversos artístas para los que Madrid ha sido tierra de acogida desde mediados del siglo XIX. Es precisamente del uso privado a cargo de estos musicos y bailarines llegados de otros puntos del país que surge el sonido bautizado como 'Caño Roto', representado por Las Grecas o Los Chorbos, que adopta nuevos ritmos y sonidos para terminar por derivar en lo que hoy en día entendemos por rumba madrileña, medio de expresión de los gitanos de Vallecas o Carabanchel, entre otros muchos barrios de la capital.
"Forma parte de la sociedad madrileña"
La primera vez que se utilizó el término 'flamenco' como género artístico, continúan mismas fuentes, fue en la prensa madrileña el 6 de junio de 1847. En concreto, en el número 249 de El Espectador. La crónica, titulada 'Un cantante flamenco', estaba dedicada a Lázaro Quintana y a su compañera Dolores, 'La Gitanilla'. También fue en Madrid, aseguran, donde surgió la primera referencia a la música flamenca, en el diario La Nación, el 18 de febrero de 1853.

Por si esto fuera poco, la capital fue el lugar donde hace ya 70 años abrió sus puertas Zambra, el primer tablao inaugurado en España. Su proliferación desde entonces ha sido imparable. Entre los escenarios con más solera brillan con fuerza el Corral de la Morería, Torres Bermejas, Tablao 1911, antiguo Villa Rosa, y el Tablao de la Villa, el anterior Café de Chinitas. A tales espacios se suman otros más modernos y que han sabido conjugar a la perfección tradición y vanguardia. Es el caso del Tablao Flamenco Torero, Cardamomo, Café Ziryab o el Teatro Flamenco, entre muchos otros. Todas ellas ofrecen varios pases diarios, así como exposiciones, clases para aficionados y numerosos servicios de restauración.
Reflejo de la apuesta pública por este arte son también los festivales y concursos de flamenco que se organizan a lo largo y ancho de la Comunidad de Madrid. Destacan especialmente Suma Flamenca, un evento que el próximo otoño celebrará su XIX edición, y Suma Flamenca Joven para artistas emergentes, que este año cumple su cuarta temporada. Tales certámenes, junto a los tablaos, “se han convertido, por derecho propio, en señas propias de la oferta turística y cultural de la región”. Asimismo, el Ejecutivo autonómico concedió el pasado 2022 la Medalla Internacional de las Artes a la Asociación de Tablaos Flamencos con el objetivo de impulsar y dar a conocer su actividad.