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OPINIÓN

'Este banco ya no me quiere: la estrategia actual de los bancos', por Joaquín Galván

martes 08 de junio de 2021, 08:02h

Al estallar la burbuja inmobiliaria española (2007) y al comenzar la crisis financiera internacional (2008) hubo un importante porcentaje de créditos fallidos y unas necesidades de financiación que hacía inviables muchas de las cajas de ahorros. El Banco de España pasó a guiar un plan de reestructuración del sistema financiero; especialmente, de las cajas, que serían orientadas a transformarse en bancos. En 2012 se solicitó ayuda financiera a la Unión Europea para el sistema bancario español. Es lo que se llamó el rescate de las entidades bancarias, aunque hay que señalar que, en realidad, fue un rescate de las cajas de ahorro, ya que fueron las únicas entidades bancarias que necesitaron dinero público para recapitalizarse; la única importante excepción de banco privado que se consideraba que iba a necesitar capital público, el Banco Popular, se recapitalizó y posteriormente se vendió al Santander, sin absorber fondos públicos.

Frente a esta situación, a finales de la primera década del siglo XXI, y ante el desprestigio de las entidades bancarias por su gestión antes y durante la crisis, algunos bancos líderes optaron por eliminar todas o gran parte de las comisiones en ciertos productos como estrategia agresiva para ampliar o mantener su cuota de mercado. Pese a ello, durante la segunda década de este siglo, con unos bancos mermados en beneficios y forzados a cumplir una normativa marcadamente estricta en materia de comisiones, los bancos comenzaron a arrojar lo que para ellos era lastre, a través de reducción de sucursales y despidos.

En la actualidad, el marco de competencia en el sector bancario está cambiando de forma cada vez más rápida. El Banco de España, en su informe anual de 2020 (publicado en mayo de 2021), ha alertado del desafío que supone para las entidades financieras españolas la prestación de servicios financieros por parte de Big Tech (grandes tecnológicas). Se señala que la competencia de las Big Tech introduce una presión a la baja sobre la rentabilidad del sector, ya perjudicada por la pandemia y la larga convivencia con tipos de interés reducidos y negativos.

De este modo, se espera que en el sector bancario las Big Tech, tras entrar en el segmento de los pagos, lo hagan en el del crédito al consumo -debido a su elevada rentabilidad-. Efectivamente, en España el nuevo entrante ha sido Amazon, que se ha aliado con Cofidis y Fintonic para permitir a sus usuarios aplazar el pago de sus compras. No obstante, estos nuevos entrantes tienen más difícil -por ahora- introducirse en segmentos más regulados, como los depósitos. En cualquier caso, se está viendo que las Big Tech, para penetrar en el sector financiero, tienden a aliarse con bancos, por su experiencia financiera y legal (en un sector hiperregulado). Parece que la estrategia de alianza entre bancos y Big Tech puede beneficiar a ambos o, como poco, es inevitable.

Igualmente, las Fintech (empresas financieras de base tecnológica; muchas veces, empresas de nueva creación), se van adentrando para captar negocio en segmentos antes reservados a la banca. Podemos apreciar, por ejemplo, el crecimiento de las Fintech verdes en la captación de las inversiones de los particulares, y dirigidas a empresas con un comportamiento ecológico definido. No obstante, también los bancos (al igual que con las Bigtech) están estrechando ámbitos de colaboración con las Fintech.

Ante esta situación, y en consonancia con las recomendaciones del Banco de España, la estrategia de los bancos está orientada hacia el aumento de su eficiencia, la reducción de costes y la aplicación intensiva de nuevas tecnologías –con importantes inversiones en digitalización y tecnologías avanzadas-.

Por otro lado, desde la crisis financiera los tipos de interés están históricamente bajos. En la coyuntura actual, la inflación en EEUU subió un 4,2% respecto al año pasado; esto presionaría a la Reserva Federal a subir los tipos de interés, pero consideran este repunte como algo temporal y su estrategia no contempla subir los tipos hasta 2024. En nuestro país, el Índice de Precios de Consumo de abril (publicado en mayo de 2021) fue del 2% (el más alto desde el 2008). Si la inflación en la zona euro crece, también el Banco Central Europeo se verá presionado a subir tipos.

¿En qué desemboca esta situación para la banca, los empleados y los clientes?:

Para la banca, se aprecia mucha competencia en el terreno digital, lo que seguirá erosionando sus beneficios. El margen de intermediación (diferencia entre tipos de depósitos y tipos de créditos) sigue siendo muy estrecho, los tipos continúan muy bajos y los depósitos de los clientes son costosos; porque al depositarlos, a su vez, los bancos en el Banco Central Europeo (que hace de banco de bancos) son remunerados a tipos negativos (los bancos tienen que pagar por estos depósitos). A esto se suman los efectos de la pandemia y de las importantes provisiones que deben dotar los bancos. En términos generales, los bancos han pasado a ser empresas no muy rentables (pueden estar ganando poco más del 5% anual, mientras otras pueden rondar el 15%).

Para los empleados de la banca, su trabajo era un “empleo para toda la vida”, que se habían esforzado por alcanzar siguiendo las juiciosas recomendaciones de sus padres y abuelos. Con los procesos de fusión, especialmente tras la crisis financiera, se ha reducido de forma drástica el número de sucursales, disminuyendo las necesidades de personal y aumentando los despidos. El proceso acelerado de digitalización ha llevado a las instituciones a requerir un personal con otras capacidades: más digital y menos administrativo, poniendo en peligro el puesto de trabajo de personas que llevaban en las entidades desde siempre.

En cuanto a los clientes, vivieron un panorama bancario en el que España estaba macizada de sucursales bancarias hasta finales del siglo pasado, y en el que los bancos, y sobre todo las cajas, hacían gala de su alto nivel de servicio al cliente y de su atención personalizada. Para ello contaban con un gran número de empleados repartidos por esas numerosas sucursales.

Debido, principalmente (y en especial a partir de 2008), a las concentraciones bancarias, bajos tipos de interés, estrechamiento del margen de intermediación, exigencias regulatorias, digitalización, y el reciente efecto de la pandemia, los clientes se han visto tratados de modo distinto por los bancos. A veces, han visto desaparecer las sucursales a las que acudían, y en muchos casos, la atención que les prestaban ha disminuido; en ocasiones se ha restringido el horario de atención al público y no se les ha permitido ni realizar consultas en horarios que eran habituales, incluso con los empleados dentro (que poco después desaparecerían). Se obliga al cliente tradicional a utilizar medios digitales al quitarle las alternativas que existían; algo que no hace falta con los nativos digitales, pero que violenta a los clientes tradicionales de avanzada edad.

Efectivamente, los bancos resaltan que el cliente digital va teniendo más peso frente al tradicional e, incluso, la digitalización ha aumentado su penetración (de forma acelerada con la pandemia) en los clientes de mayor edad (en general, más reacios). Pero claro, a la fuerza ahorcan.

Ya recientemente, los clientes, además de que el banco cobra comisiones cada vez mayores por sus servicios (con la vista en el sistema estadounidense de “transacción-comisión”), ven con sorpresa que el banco no quiere ni su dinero en la cuenta. Como ya vimos, a los bancos no les interesan ahora los depósitos de sus clientes, salvo que tengan domiciliada la nómina, tarjetas, créditos o contraten otros servicios. Por ello, expulsan a los clientes que no interesan con cientos de euros anuales de comisión de mantenimiento. No obstante, sí se abren campañas insistentes de productos rentables para las entidades, como las de créditos al consumo o venta de fondos de inversión o planes de pensiones, que vivimos actualmente.

Los bancos, en un futuro no muy lejano, probablemente hayan digitalizado a sus dóciles clientes, quedando la banca tradicional reducida a unas pocas sucursales o a poco más que un recuerdo. Pero los depósitos de los clientes tradicionales, cuando vuelvan a subir los tipos de interés, les volverán a interesar a las entidades. ¿Podrán volver a atraer a los clientes rechazados? Probablemente sí, porque son más buenos que el pan: ¿Alguien tiene algún conocido que cerrase su cuenta en el banco que le engañó con las participaciones preferentes? Yo no.

Joaquín Galván Vallina

Doctor en CC. Económicas y Empresariales. Profesor de la Universidad Europea de Madrid

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