"El Rastro es lo más fotogénico de Madrid”. Así de rotundo comienza el escritor Andrés Trapiello su prólogo de ‘El Rastro Sempiterno’, un libro sobre el popular mercado madrileño que viene a cubrir la escasez de publicaciones que exploran mediante imágenes este rincón tan diverso, icónico y fotografiado de la capital.
“Siempre ha sido un lugar interesante para los grandes fotógrafos de todos los tiempos, que han querido hacer bajo su mirada una lectura poética de este mercado”, señala a Madridiario Manolo González, presidente de la Asociación de Comerciantes Nuevo Rastro de Madrid, impulsora de esta apuesta cultural por preservar y compartir la riqueza histórica de Madrid.
“Igual que Ramón Gómez de la Serna la hizo en literatura, nosotros creíamos que era muy interesante hacer una crónica visual a través de los tiempos, remontándonos a cuando se vendían animales, había trileros y se ofrecían relojes de dudosa procedencia. O cuando se actuaba con monos y se hacía equilibrismo tipo faquir”, recuerda.
Las imágenes de este ejemplar documentan más de un siglo de historia del Rastro, desde la década de 1920, y constituyen una crónica popular de cómo ha evolucionado el mercado, los productos a la venta y las gentes que lo pueblan desde antes de la guerra civil hasta la actualidad.
Fue esa singularidad la que motivó a un asiduo al Rastro como Trapiello a aceptar encantado la propuesta de prologar el libro. “Le pareció genial esta nueva mirada donde no solo fuera una crónica escrita sino una crónica visual de todos estos años y de la historia de Madrid”.
El fotógrafo Miguel Ángel Sintes se ha encargado de recopilar y diseñar esta publicación de más de 200 páginas con unas 400 reproducciones de instantáneas de “doce fotógrafos excelentes que son testigos visuales de la transformación y de un corazón vivo y latente de Madrid”. De ahí el adjetivo ‘sempiterno’ en el título, cuya acepción en el diccionario es “que durará siempre; que habiendo tenido principio, no tendrá fin”.
De José Luis Mur a César Lucas
Entre los nombres que firman las imágenes aparecen “desde José Luis Mur, el dueño de Fotocasión, que es uno de los grandes epicentros de la fotografía en Europa, hasta el gran César Lucas, un referente en la historia de la fotografía en España, o el propio Miguel Ángel Sintes, que es un estudioso y recopila absolutamente todo tipo de fotografías”, desgrana González.
Además de los tres mencionados, completan el plantel de lujo Andrés Ripollés y Baranda, Juan Miguel Pando y su hijo Juan Pando Despierto, Eduardo Dea, Vicente López Tofiño, Bernardo Pérez Tovar, Jorge Póo, Julián Rejas y Pepe Calderón.
El presidente de la Asociación de Comerciantes Nuevo Rastro de Madrid lamenta que, por espacio, se hayan quedado fuera algunos otros. Por eso, su próximo objetivo es editar un segundo número donde se puedan “recoger también testimonios, pero ya más sueltos, porque lo que no había era grandes reportajes del Rastro y todos esos fotógrafos sí han hecho grandes fotografías y tenían una colección importante de imágenes”.
"Los fotógrafos han querido hacer una mirada poética del mercado"
El libro está estructurado en diversas galerías ordenadas por autores, comenzando por lo más antiguo y destacando el blanco y negro sobre el color. A una breve biografía de cada fotógrafo le acompaña también su reflexión en unas breves líneas sobre el Rastro y los recuerdos que le evoca este histórico baratillo de Madrid, “retazos de luz y de memoria icónicos, que aparecen y desaparecen en un momento”, como resume el presidente de la Asociación de Comerciantes Nuevo Rastro Madrid.
La imagen que se le quedó grabada en la retina al fotógrafo Jorge Póo cuando solo era un niño fue la de “un señor muy arrugado y serio que vigilaba con mucho celo lo que había extendido sobre el suelo a su vera: una hoja doble de periódico sobre la que había sin orden alguno unas cuantas piedras de distintos tamaños, unos cuantos tornillos roñosos y una dentadura postiza”.
A Eduardo Dea de pequeño le llevaba con frecuencia su tío, “que fue anticuario” y también acompañaba a su madre que era modista “cuando iba a buscar retales de tela para hacer vestidos”.

Desde los 15 años hasta el año 1976, Bernardo Pérez fue vendedor en el propio mercado. “Tenía un pequeño puesto al lado de los servicios públicos donde nos poníamos los hippies y vendía pulseras y bolsos de cuero que confeccionaba desde la tarde del viernes hasta la madrugada del domingo. Fue mi primer trabajo”, relata.
José Luis Mur recuerda cuándo pisó por primera vez a finales de los años 60 “las vibrantes calles de este espacio multicultural” que le sorprendió gratamente y donde una década después adquirió “en la plaza Vara del Rey la primera cámara antigua, una Kodak panorámica con la que me inicié en el coleccionismo”.
Para César Lucas, que hizo sus primeras fotografías en este emplazamiento para El País en el año 1976, “el Rastro es un mundo antiguo y moderno fantástico”. En cuanto a Vicente López Tofiño, no solo le interesa “el mercado en sí y todo lo que sucede en sus aceras, sino también las escenas cotidianas de los habitantes del barrio”.
Son algunos de los textos compartidos por los profesionales que ilustran este libro que, sin embargo, como insiste Manolo González, “realmente no es un libro para leer, aunque tenga también el prólogo magnífico de Andrés Trapiello y la crónica histórica del catedrático de la Autónoma José Nieto, sino para disfrutar visualmente de imágenes maravillosas. Cuando se vendían los famosos jabones que hacían los juguetes con pompas o los muñequitos con pajaritos o cosas de ese tipo. Es decir, muchas son recuerdos de nuestra infancia para la gente que tenemos más de 60 años”.
Imágenes espontáneas
Otra de las virtudes de ‘El rastro Sempiterno’ es que “no hay ningún posado, son todo imágenes espontáneas, reales, es la vida misma, un reflejo de la calle, de la ciudad y de un paseo cotidiano”, destaca González. Eso lo convierte en irrepetible, “cada imagen es única, cada puerta que se abre tiene cosas dentro distintas, nunca se repite la misma escena”. Y cita como ejemplo “unas fotos maravillosas de unos vendedores de los años 50 todos puestos en fila con paraguas negros abiertos o imágenes icónicas de puestos enteros llenos de maletas hasta arriba”.

Todo el que se aproxime a este libro se sorprenderá, independientemente de su edad, aunque a los más jóvenes les parezca más pintoresco el Rastro de sus inicios. “Te encuentras imágenes que te resultan chocantes, como por ejemplo la venta de animales, palomas, perros, una serie de temas que hoy serían impensables, porque toda la historia de la ciudad ha ido cambiando a medida que evolucionaba la legislación, que lógicamente ha impedido que esos productos estén hoy a la venta”.
"El objeto sigue vivo pero las personas van desapareciendo"
Algunos de los cronistas gráficos han visto evolucionar a lo largo de los años no solo cada uno de los puestos del Rastro, sino también a las familias que los regentaban, primero los padres y luego los hijos, mientras lo único que permanece inalterable son los mismos artículos a la venta.“Es muy sorprendente ver cómo van sucediendo las generaciones, cómo van cambiando, cómo van falleciendo y cómo las piezas se van perpetuando. El objeto sigue vivo y en cambio las personas pues, desgraciadamente, van desapareciendo”.
Las imágenes de ‘El Rastro Sempiterno’ dejan constancia también de cómo eran “antiguas corralas, callejones hoy desaparecidos, solares… Por ejemplo, el Museo de Artes Populares, que hoy es uno de los corralones más bonitos de Madrid, aquí se ve cuando era un encierre donde se amontonaban todas las camas metálicas y toda la chatarra”.
Para la edición de este libro, la Asociación de Comerciantes Nuevo Rastro de Madrid ha contado con la colaboración del Ayuntamiento de Madrid “y sobre todo de la Dirección General de Comercio, que lo que quería era hacer una apuesta, mostrar cómo el comercio había pasado de histórico o de tradicional a una nueva vida”.
Esta pequeña joya no va a ponerse a la venta, así que para disfrutarla habrá que buscarla en bibliotecas públicas, oficinas de Turismo del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid, así como en museos como el Thyssen y el Reina Sofía y en algunos de los hoteles más emblemáticos de Madrid, para que lo puedan consultar sus clientes.