Con la llegada del final de curso, vuelve a aflorar una cuestión que divide a familias y docentes: ¿es adecuado hacer regalos a los profesores? Lo que en sus orígenes parecía un gesto simbólico de agradecimiento, una taza, un bolígrafo o un pañuelo, ha ido derivando en presentes cada vez más sofisticados, desde cofres de experiencias hasta joyas o jamones. Este cambio ha llevado a algunos centros educativos de Cataluña a tomar cartas en el asunto y prohibir esta práctica, alegando que la escalada de obsequios estaba generando desigualdades entre alumnos y situaciones incómodas para el profesorado. “La generosidad se nos estaba yendo de las manos”, reconocen fuentes de un colegio en Barcelona.
En contraste, desde Madrid se alzan voces que abogan por mantener esta tradición, pero con una perspectiva más emocional que material. Defienden que estos detalles no deben medirse por su valor económico, sino por el reconocimiento que representan para la labor docente, muchas veces invisibilizada.
Desde la Federación de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (FAPA), consideran que los docentes, "en el caso de centros públicos, son funcionarios que no deben de tener regalos”. Sin embargo, subrayan la importancia del reconocimiento emocional. “El mejor reconocimiento que puede tener un docente es al final el cariño y el respeto de la comunidad educativa y de las familias de sus alumnos o alumnas”, señala a Madridiario Mari Carmen Morillas, presidenta de la FAPA, quien recuerda un ejemplo que la marcó de manera especial: “Un grupo de alumnos escribieron una canción, de su puño y letra, y la cantaron con un bailecito y fue súper emocionante. No fue nada material. Todo lo que había sembrado en ese momento la maestra era el cariño y el respeto que había dado y era bidireccional con sus alumnos y también con las familias”.
Sin embargo, Morillas alerta sobre el posible impacto económico que estas prácticas pueden suponer para algunas familias. “A veces es cierto que hay situaciones en las cuales incluso hay familias que tienen varios hijos y no se pueden permitir hacer una aportación de 15 euros cada uno, supone un gasto importante”. Y añade que “responde a un modelo de sociedad actual consumista, en el cual parece que todo se compra”.
“No está suponiendo problemas” en la comunidad educativa
Desde el ámbito académico, Isabel Galvín, profesora de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad Complutense y secretaria general de la Federación de Enseñanza de CCOO Madrid, ha negado que esta tradición esté generando conflictos en la Comunidad de Madrid. “Esta cuestión no está suponiendo problemas de convivencia entre los distintos miembros de la comunidad educativa ni tampoco conflictos. No ha habido denuncias ante la inspección educativa”.
Según Galvín, se trata de “regalos simbólicos”, sobre todo en Educación Infantil y Primaria, “algún boli especial, alguna figura, tazas…”, aunque también en Secundaria y Bachillerato “se hacen detalles como ramos de flores u otros regalos como bolis especiales, cuadernos, un libro, música…”. Sin embargo, reconoce que “si son regalos que hace cada familia, sí puede haber desigualdad porque el nivel adquisitivo es distinto”, pero insiste en que “en una inmensa mayoría de casos lo que importa es el detalle, el símbolo más que el valor material”.
En cuanto a la medida adoptada en Cataluña, Galvín se muestra tajante: “No creo que prohibir sea la vía. ¿Cómo prohibir el agradecimiento o el reconocimiento? No veo entrar desde la administración e interferir en las relaciones entre los distintos agentes del proceso de enseñanza-aprendizaje”.
También subraya que se debe educar “en la motivación y el vínculo, cómo generar ese vínculo con el estudiante, con el menor, con el niño, con el alumno, para mejorar su aprendizaje, porque enseñar y aprender es una relación entre humanos, somos humanos, no somos máquinas, todo lo humano es propio al profesorado, entonces en ese sentido, es normal que se genere un vínculo”.
En su reflexión final, propone que el sistema educativo trabaje más en la gestión emocional que en la regulación restrictiva y coincide con la presidenta de la FAPA en la idea de que la sociedad actual es capitalista. “De lo que se trataría es de educar en la manera de expresar emociones, agradecimiento, afecto o reconocimiento sin vincularlo al valor material del regalo… ese sería el acto educativo, la preocupación es más por educar en el consumo, en el capitalismo, en el valor de las cosas que se regalan”.
En definitiva, mientras algunos alertan del riesgo de convertir los regalos en una expresión de consumo que genera desigualdades, otros defienden que, dentro de unos marcos razonables, son una forma especial y emocional de agradecer la labor de quienes marcan la vida de los estudiantes.