Terminan las fiestas del 2 de Mayo y, a la espera de las de San Isidro, distintas localidades de la Comunidad celebran una tradición ligada a la llegada de la primavera y a la fertilidad de la tierra. Es la semana de las Mayas, que tienen especial protagonismo en Colmenar Viejo, El Molar y Leganés. Una fiesta declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Hecho Cultural.
El origen de esta tradición se remonta, según algunos historiadores al reinado de Alfonso X el Sabio. Sí está claro que en los siglos XVI y XVII estaba muy extendida por toda la geografía española y que autores como Lope, Tirso o Calderón la citaron en sus comedias.
En Madrid capital, el barrio de Lavapiés recuperó esta tradición hace casi cuarenta años. Las niñas del mismo son las protagonistas y, por unas horas, se convierten en personificaciones de las diosas de la Naturaleza. Arranca la jornada en la plaza de ese nombre con actuaciones folclóricas que recuerdan los ritmos más populares de nuestra región, terminando con el Baile del Rondón, al que se invita a todos los espectadores. Arrabel, Colmenar Canta y la Escuela La Dulzaina de Aluche han sido los grupos encargados de alegrar la mañana.
Es mediodía del primer domingo de mayo y los organizadores se alegran de que no tengamos las altas temperaturas de años anteriores, que hicieron más agobiante la jornada para las niñas y para los numerosos madrileños que se acercan a este laberinto estrecho de calles rodeando a la parroquia de san Lorenzo. Es el epicentro de la fiesta al que llegan desfilando las pequeñas mayas, que han asistido a los bailes de la plaza. En las calles de la Fe, Doctor Piga y Salitre tienen ellas sus altares. Han sido confeccionados artesanalmente empleando plantas y arbustos y adornándolos con tapices, cerámicas o cuadros. La Maya debe permanecer hierática en su trono aunque, actualmente, la inmovilidad no lo es tanto. Tienen que ir ricamente vestidas, se cubren con mantón y llevan elaborados tocados de flores y lazos. Ahora, cientos de teléfonos móviles inmortalizan a cada una de ellas. Mientras, los castizos del barrio, que han sacado sus galas goyescas, recaudan propinas para las mayas repartiendo rosquillas, claveles e invitando a dar un tiento a los porrones. Ante la escalinata de San Lorenzo el tapón es monumental. Los instrumentista y bailarines van de altar en altar, rondando a cada una de las mayas mientras abren un poco de espacio ante los altares. Muchos de los visitantes llevan pequeñas macetas con plantas recién nacidas. Es parte de la tradición conseguir una. Estamos en unas semanas en las que la flora resucita y comienza a crecer.
A primera hora de la tarde, tras una ofrenda floral en San Lorenzo, se vuelve a la plaza de Lavapiés para cerrar la jornada. El punto final lo pone la orquesta juvenil DaLaNota, con los instrumentistas salidos de su programa de educación musicosocial.