La Comunidad Valenciana es una de las escapadas preferidas de los madrileños en estos meses de verano. Sol, playa y buen tiempo son alicientes de sobra conocidos. Pero este verano, por primera vez, encontramos uno más: el Centro de Arte Hortensia Herrero. Este museo, inaugurado hace poco más de siete meses, nació con el objetivo de consolidarse como una nueva ventana al arte contemporáneo y acercar el mismo a sus visitantes. Ubicado en el corazón de Valencia, el espacio, que consta de 3.500 metros cuadrados expositivos, acogerá una selección de la colección privada de Hortensia Herrero, vicepresidenta de Mercadona y presidenta de la Fundación que lleva su nombre.
Hortensia Herrero siempre ha tenido una sensibilidad especial por el arte y durante más de diez años ha estado coleccionando obras de arte. La Colección de Arte Hortensia Herrero tiene una clara vocación internacional, con artistas contemporáneos de prestigio reconocido que se encuentran en las colecciones de museos como el MOMA, el Tate o el Pompidou, entre muchos otros. La primera presentación de esta colección incluye más de 100 obras de más de 50 artistas.
Nombres como Andreas Gursky, Anselm Kiefer, Georg Baselitz, Anish Kapoor, Mat Collishaw, Cristina Iglesias, Manolo Valdés, Michal Rovner, Ann Veronica Janssens, Eduardo Chillida o Tony Cragg, o la madrileña Blanca Muñoz, con su obra “Trebol”, son solo algunos de los más de 50 artistas que tendrán alguna obra en alguna de las 17 salas expositivas con las que cuenta el Centro de Arte Hortensia Herrero. Junto a ellos, artistas de renombre internacional como David Hockney, El Anatsui y Peter Halley, o los españoles Miquel Barceló, Julio González, Antonio Girbés, Juan Genovés o Joan Miró.
La colección cuenta con el asesoramiento de Javier Molins, director artístico del Centro de Arte Hortensia Herrero: “esta colección y el centro que la acoge es fruto de dos pasiones bien diferenciadas pero complementarias al mismo tiempo. Por una parte, la pasión que Hortensia Herrero siempre ha sentido por el arte, que le ha llevado a coleccionar y reunir una serie de obras de una gran calidad. Y, por otra parte, su pasión por la ciudad de Valencia, que le ha llevado a adquirir uno de sus palacios más representativos, restaurarlo, sacar a la luz toda una serie de restos arqueológicos de la historia de la ciudad y abrirlo al público con su colección de arte contemporáneo”.
arte contemporáneo”.
Seis ‘site-specifics’ en el CAHH
El espacio que alberga esta exposición, el antiguo Palacio Valeriola, ha sido restaurado por el estudio ERRE Arquitectura. A la belleza de un espacio histórico singular y que recoge toda la historia de la ciudad, además, se sumará la intervención específica de seis rincones del Centro de Arte. Se trata de seis ‘site-specifics’ que se funden con el edificio realizados por artistas de nivel internacional. Jaume Plensa, que visitó el CAHH en pleno proceso de restauración del edificio, ha intervenido el ábside que comunica el palacio con el jardín. El ombligo (‘melic’, en catalán, como lo bautizó el propio Plensa) del edificio, tiene ahora las paredes inundadas de letras y símbolos de diferentes alfabetos de todo el mundo. Tomás Saraceno ha realizado una instalación compuesta por seis nubes formadas por tetraedros y dodecaedros irregulares cubiertos por paneles iridiscentes que llenan totalmente el vestíbulo de dieciséis metros de altura. Sean Scully ha intervenido en la antigua capilla del Palacio, llenando de color el espacio. Scully propuso realizar una intervención integral en la capilla que incluyera tanto las ventanas de las paredes como los cristales de la cúpula. Una intervención que se completaría con una de sus pinturas pertenecientes a la serie Landline, caracterizadas por las franjas horizontales de diversos colores. Cristina Iglesias ha intervenido la conexión entre el palacio y el edificio anexo, en una obra en la que el visitante podrá sentirse dentro de la misma. Olafur Eliasson ha dado vida en otro de los pasillos del edificio a un túnel con dos puntos de vista muy diferenciados: el de entrada, en el que podemos ver mil treinta y cinco cristales, cada uno con un diseño y una posición diferentes y que contienen todos los colores del arco iris, y el de salida, en el que vemos un túnel negro. Y, por último, Mat Collishaw, cuya obra se caracteriza por el tratamiento de temas clásicos de la historia del arte con la tecnología moderna. Hortensia Herrero quedó fascinada por el vídeo Sordid Earth que el artista había creado para la cortina de Ron Arad (que la propia Hortensia Herrero trajo a Valencia el verano de 2022), por lo que le encargó que realizara un vídeo expresamente para el centro de arte. Deslizó la idea de que podía estar inspirado en las Fallas de Valencia, otra de las grandes pasiones de la mecenas.
Se trata, en definitiva, de seis intervenciones que, más allá de dialogar con el espacio, terminan integrándose en el propio edificio y dotándole de una singularidad mayor. Todas estas obras se quedarán para siempre en el centro de arte, enriqueciendo la arquitectura del mismo y dotando de alma a este edificio.
Un espacio singular
Si la selección que da forma a esta primera exposición no fuera suficiente, el propio continente de la misma, el edificio que alberga la sede del Centro de Arte Hortensia Herrero es una obra de arte en sí mismo. Está ubicada en el antiguo Palacio Valeriola, una emblemática construcción de estilo barroco edificada en el siglo XVII que resume la historia de la ciudad, desde la época romana, la visigoda y la islámica hasta la cristiana: un espacio como pocos en Valencia para ver y admirar el pasado. Además, en el subsuelo se ha hallado un fragmento del circo romano de la antigua ciudad de Valentia.
El solar formó parte de la Balansiya musulmana entre los siglos XI y XIII, y en él se han encontrado restos de dos fuentes pertenecientes a un patio islámico. Una de ellas se ha conservado en buen estado y podrá ser contemplada por los visitantes del Centro de Arte. Se trata de una fuente de ocho puntas que, junta a la segunda, más deteriorada, remataban la alberca de un gran patio con arriate, enmarcado por canaletas perimetrales y rotondas en las esquinas por donde circulaba el agua.
Este patio perteneció a la gran casa islámica de Haçach Habinbadel. Además, constituye el último vestigio de la judería, lo que se puede apreciar en un callejón que cae dentro del centro de arte y que se ha recuperado también para poder ser disfrutado. Posteriormente, la construcción del Palacio Valeriola se convirtió en una muestra de la opulencia de la sociedad barroca valentina.
De la restauración del edificio, que se encontraba en un estado de abandono muy avanzado cuando Hortensia Herrero lo adquirió, se ha encargado el estudio ERRE Arquitectura.
La zona expositiva se organiza en torno a diecisiete salas repartidas en cuatro niveles. Uno de los principales retos del proyecto ha sido diseñar un recorrido continuo que ofrezca una experiencia cómoda y agradable a los visitantes a lo largo de sus más de 3500 m2.. El conjunto se completa con un patio ajardinado, así como de un sótano, donde se pueden visitar los restos del antiguo circo romano de València hallados durante las excavaciones arqueológicas. Este circo romano fue la construcción más imponente de la ciudad en el siglo II d. C. con una superficie superior a tres campos de fútbol (350m. de largo y más de 70 de ancho). Durante las excavaciones se localizaron varios tramos de la gruesa pared de 5 metros de ancho del graderío occidental, otros tres muros transversales en su interior a modo de tirantes y, en la parte exterior de la pared, siete contrafuertes. Estos hallazgos se han conservado y serán visitables para los visitantes del centro.
La restauración ha supuesto un trabajo de más de cinco años en los que se ha tratado de recuperar en lo posible el carácter histórico contenido en el Palacio Valeriola y convertirlo a la vez en un centro de arte contemporáneo de referencia, con las necesidades tecnológicas que conlleva.