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La alcaldesa estaba regando las plantas de su despacho cuando apareció por la puerta la concejala jovencita, esbelta y de pelo lacio que ya conocemos
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La alcaldesa estaba regando las plantas de su despacho cuando apareció por la puerta la concejala jovencita, esbelta y de pelo lacio que ya conocemos

Capítulo 14: 'Yo, me, mí, conmigo'

La alcaldesa estaba regando las plantas de su despacho cuando apareció por la puerta la concejala jovencita, esbelta y de pelo lacio que ya conocemos, con ese aspecto displicente y aristocrático de los galgos afganos. Se frotó sus largas manos de pianista con nerviosismo.

- Hola, guapa, ¿qué tal estás? ¿A ti qué tal se te dan las plantas? Te lo digo porque tengo en casa unas azaleas estupendas y te puedo dar un esqueje...

- Ah, pues… gracias

- Ya sabes que son plantas muy delicadas.

- Ah, pues…no lo sabía. Yo, la verdad, de plantas no sé mucho…

- Bueno, no te preocupes, en un papelito te pongo cómo cuidarlas.

¿Me querías ver para algo?

- Pues sí, Marisa. Te quería ver porque… porque –el frote de manos seguía cada vez más intenso- aunque ya nos has dicho en el grupo que nos iba a plantear los temas a tratar con los de Barcelona, pues yo quería comentarlo contigo directamente…

- Claro, ningún problema, guapa, pero ¿no te parece que es un poco… no sé, desleal con los demás compañeros que lo hablemos aparte tú y yo? Igual otros también querrían darme en privado su postura y no hemos quedado en eso…

- Ya, bueno, como soy la portavoz…

- Querida, la portavoz traslada lo acordado por todos ¿No estás de acuerdo? –le dice con una maravillosa sonrisa que acaba en rictus serio.

- Sí, claro, Marisa, por supuesto. En fin, tú sabes que yo, además de portavoz aquí, me muevo con los círculos y los compañeros de Barcelona y …Se hace un silencio que la alcaldesa alarga intencionadamente

- Y…. pues, que, …en fin, … que yo tengo otro papel más y para mi carrera política es importante estar en estas reuniones a otro nivel…

- Pues, fíjate lo que te digo… que aquí estamos diciendo que hacemos la política de otra manera, más abierta, más transparente, no en los despachos… Incluso, querida, creo que te conté lo que me había gustado cuando lo dijiste tú misma en esa reunión con vecinos que fuimos juntas… -volvió a decir la alcaldesa con candorosa admonición-

- Claro, claro, Marisa, por supuesto…No si yo, lo que quería es…ayudar, contarte cosas de los compas de Barcelona…

- Oh, no te preocupes, querida. Ya me lo ha contado Antonio. Y, si quieres que te diga la verdad, mira, mejor no me contéis más, porque tengo un lío entre los de Esquerra, los de Junts en comú y los de Aquí si podem-Podemos, que no hay quien se aclare.

El frote de manos se había vuelto frenético

- Oh, claro, desde luego. Vale, pues ya nos decís Antonio y tú…Muy

bien.

- Estupendo, querida – la despidió con desarmadora sonrisa- Y

acuérdate de lo de las azaleas…

- ¿Cómo? Ah, sí, las plantas… Gracias ¡Que tengas un buen día! Según salía la joven por la puerta, la alcaldesa suspiraba:

- ¿Cómo me metí yo en esto, Dios mío?

En ese instante aparece por la puerta una mujer alta, enérgica, de pelo corto y fuerte complexión. Viste vaqueros y un chaleco sin mangas deportivo. Sus gafas dejan ver unos ojos claros

- ¿Qué cómo nos metimos en esto? Si quieres te lo recuerdo

- ¡Hola, Cruz! ¡Qué alegría verte! ¿Qué tal todo?

- Liada, ya sabes. Entre los refugiados, Mercamadrid, la vivienda y mis cosas, ya sabes, pues sin tiempo de aburrirme… ¿Qué cómo nos metimos en esto? Pues acuérdate de aquel encuentro donde conocimos a los integrantes de la lista, en aquella granja cerca de Navalcarnero, y comiendo lentejas de aquel cubo… Tú, como eras la lideresa, tenías cubiertos. Yo no me acuerdo de quien tuve que lavarlos…

- Quita, quita, no me lo recuerdes

- Y, sí, acuérdate de la ronda en plan “fuego de campamento” para debatir colectivamente el programa electoral y la estrategia. Como te tocó Discursos y tú lo que querías era Programa, pues te largaste al otro grupo tan pancha… Ya empezaste a cambiarles el guion antes de empezar…

- Bueno sí, la verdad es que, a mi edad, no me veía jugando a esas

cositas

- Pues, de ahí, p’alante, más o menos… Porque cuando ganamos y se constituyó la mesa para coordinarte…

- Calla, Cruz, que bastante estamos haciendo con estos mimbres

- Pues sí, la verdad es que sí. Como dice la copla “cada día un dolor”

- Anda, no te quejes tanto, y dime…

Autor : Luis Cueto.
ilustraciones: Danish Xavier J. Morales B.

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