Este artista, norteamericano de Filadelfia, vino a España en el año 1963 y ya no se marchó. Madrid fue casa, su escenario y su escuela. Taraborrelli ha sido una de las figuras fundamentales para la evolución teatral de los últimos cincuenta años.
Su atracción por nuestro país se fraguó viendo a artistas como Lola Flores. La vio actuar por primera vez en Puerto Rico y se quedó fascinado por ella. También conoció allí a muchos artistas españoles con los que entabló buenas relaciones. Nada más llegar a Madrid se instaló en la calle Prim y muy cerca de allí, en Barquillo 32, conoció a William Layton y a Miguel Narros. Allí comenzó toda una aventura teatral que se prolongaría durante varias décadas y en las que se implicaron gentes como José Carlos Plaza, Ana Belén, José Pedro Carrión, Francisco Vidal o Paca Ojea. Arnold venía de hacer coreografías para compañías de ballet y programas de televisión y se encontró dando clases de movimiento y participando en algunos de los montajes más recordados del último tercio del siglo XX. En el Laboratorio se inició una nueva forma de hacer teatro en España, con el Método Stanislavski como base. Luego se irían profesionalizando con el Teatro Estudio de Madrid (TEM) o el Teatro Estable Castellano (TEC).
Arnold enseñaba a utilizar todo el cuerpo para interpretar, a moverse con elegancia en un escenario, algo que no todos los intérpretes que se acercaban a ellos eran capaces de ejecutar. Cuando comenzó a participar en montajes líricos, las reticencias de los cantantes, preocupados sobre todo por la emisión de la voz, dificultaban el trabajo de movimiento. Pero Arnold pasó a ser una autoridad y acabó convertido, casi, en gurú para varias generaciones de intérpretes.
Dejó cualquier actividad profesional hace unos diez años cuando perdió su espacio de la calle General Oráa. Se recluyó entonces en la calle Prim nuevamente y allí siguió recibiendo a sus antiguos alumnos, a sus amigos, a jóvenes intérpretes que le pedía consejos. Él decía que le pagaban con una botella de vino. Los últimos años de su vida estuvo atado por la sesiones de diálisis a las que tenía que someterse semanalmente. Pero no se resignó a quedarse encerrado. En una de las últimas veces que lo visité estaba planificando una escapada a Londres para ver musicales, en el corto intervalo de días que le dejaba libre la diálisis. Siguió acudiendo a ver los espectáculos de sus amigos hasta que las fuerzas le faltaron definitivamente. En una entrevista concedida el año 2015 a la revista Artescénicas, afirmaba:
-Mantengo una estrecha relación con muchos de los artistas con los que he compartido experiencias. A veces vienen aquí, a casa, para que les oriente ante alguna audición, o trabajamos textos. Luego voy a ver sus trabajos. Hasta me hacen alguna vez fiestas multitudinarias, con actuaciones, improvisaciones…Lo pienso y llego a la conclusión de que ha sido una vida maravillosa.
Su salud se fue agravando en los últimos meses, con una movilidad cada vez más reducida. El miércoles fue trasladado a la Fundación Jiménez Díaz con pocas esperanzas de recuperación.
Las famosas ¡dos palmas! han callado para siempre. Queda el recuerdo del Tío Vania, Así que pasen cinco años, El sueño de una noche de verano… montajes que marcaron una época extraordinaria del teatro español y de la que Arnold Taraborrelli fue uno de sus artífices.
Arnold Taraborrelli nació en Filadelfia (USA) el 31 de agosto de 1931. Ha fallecido en Madrid el 7 de enero de 2024. Por su propio deseo no habrá ningún rito funerario.