España culminó la gesta en el mismo lugar en el que la empezó hace un mes: el Olímpico de Berlín. La Selección ha sido, de largo, el mejor equipo del torneo. Ha vencido a Alemania, Francia e Inglaterra. Nadie ha jugado un mejor fútbol. Nadie ha hecho disfrutar tanto al aficionado. Y desde ayer, nadie más que España tiene cuatro Eurocopas.
De nuevo, los españoles éramos minoría en una grada ocupada por ingleses y algún que otro alemán extraviado. Pero la calidad de este equipo, la inteligencia y la fe ciega de Luis de la Fuente, la inercia de la victoria de Alcaraz en Wimbledon y el espíritu de Blas de Lezo en Cartagena de Indias sobrepasaron la solidez de un rival al que alentaban más de 50.000 gargantas.
El guion del partido fue el esperado: España se hizo con el balón desde el principio. Esta presión alta, intensa, que ha utilizado tan bien durante todo el torneo hizo sufrir mucho a Inglaterra. Si los ‘three lions’ habían tenido problemas para construir juego en todos los partidos, contra España lo iban a tener aún más difícil. La agresividad de Cucurella y Carvajal –nuestro potro salvaje– achicando la salida de balón y el dominio de los centrocampistas fueron, otra vez, claves para dominar el partido. Esta quedará como la Euro de Nico y Lamine, pero el éxito de este equipo se ha construido sobre los pilares de Fabián y Rodri.
Sin llegar a ser aburrida, la primera parte entró dentro de los límites de lo que suele ser una final: seriedad, concentración, pocos riesgos y miedo al fallo. Solo en los minutos previos a llegar al descanso el partido se estiró un poco, con un par de idas y venidas –nunca demasiado claras– de ambos equipos. España fue la primera en acercarse a la portería rival, con un uno contra uno de Nico dentro del área que desbarató Stones. El defensa del City se rehizo muy bien cuando parecía que el extremo de España le había superado. En el otro área, una incursión de Walker por la derecha (la jugada nació de un buen giro de Bellingham, que fue el que más detalles dejó de Inglaterra, sin hacer un partido especialmente bueno) y un remate de Rice que blocó Unai Simón en el 45’.
El mayor susto lo sufrió España (el país entero) en los instantes previos al inicio del segundo tiempo, al ver que Rodri no salía junto a sus compañeros. La Selección perdió al timón del equipo, al que probablemente sea el número uno del mundo en su posición (así se lo reconoció la UEFA después del partido, dándole el trofeo al mejor jugador del torneo) que se lesionó discretamente justo antes del descanso. Le tuvo que sustituir Zubimendi, que volvió a demostrar su validez con un rendimiento muy serio.
Fue entonces, nada más empezar la segunda parte, cuando llegó el primer momento clave. Los ingleses no habían tenido tiempo aún de relamerse ante tan sensible baja cuando se vieron recogiendo el balón de su propia portería. 1-0 para España y el último tramo del camino hacia la gloria dibujado en el horizonte. La jugada la empezó Carvajal en la derecha, con un pase con el exterior a Yamal. El muchacho, cerca del área, emprendió la conducción hacia el centro y, ya en el balcón del área, abrió el balón a la izquierda. El desmarque de Olmo arrastró a Walker y dejó libre a Nico Williams, que no falló. Al primer toque, con la pierna mala y la tranquilidad de los grandes.
España se desató después del gol y empezó a encontrar situaciones de peligro con facilidad. Primero Dani Olmo, demasiado cruzada. Después Morata, con un buen desmarque. Más tarde Nico, desde fuera del área… España tuvo varias para sentenciar y el viejo run-run amenazaba con cobrarse el desatino. A Inglaterra no le quedó otra que lanzarse a por el empate y empezó a dejar aún más espacios entre sus líneas. El primer casi fue de Bellingham, que estuvo a punto de meter un golazo que podría haberle valido, sino una Eurocopa, quizás un Balón de Oro. Giro de espaldas en la frontal y disparo seco con la izquierda que no pasó demasiado lejos. Southgate quitó a Kane y a Mainoo y sacó a Watkins y a Palmer con la intención de que se repitiera la suerte de las semifinales. Llegaron los mejores minutos de Inglaterra y los isleños encontraron el premio en el 73. Conducción de Saka por la derecha, pase cruzado al centro del área y dejada perfecta de Jude para la llegada de Palmer. El buen disparo del inglés rozó ligeramente en un defensa español y se alejó lo justo de la palma de Unai.
Los aficionados ingleses se volcaron con el ímpetu del equipo y se vio que España iba a tener que sobrevivir al arreón. Los de De la Fuente no se vinieron abajo y tuvieron algunas más, incluso se rozó el desajuste cuando parecía que había que tener un poco de cuidado y no tirar la casa por la ventana antes de la prórroga. Pero en el 86’, apareció Cucurella (¡qué torneo de Cucurella!) por la banda izquierda y cruzó al área un centro raso perfecto que remató Oyarzábal a gol. Tuvo que entrar el VAR y el 47 de pie que calza el vasco hizo a España contener la respiración, pero la rodilla de Stones habilitó por centímetros. Otro Mikel (como Merino en los cuartos) que emerge de héroe inesperado. En la alegría de sus ojos se vio la redención y el sufrimiento de aquella lesión, el brillo de la euforia de un país entero. Tanto o más que el gol se celebró la aparción de la cabeza de Dani Olmo en el último minuto para evitar el empate de Inglaterra en la línea de gol. De nuevo, providencial.
El banquillo vio de pie los últimos coletazos de Inglaterra, que no fue capaz de arrebatarle a España lo que se merecía. Morata rompió a llorar antes del partido. El capitán no ha estado a su mejor nivel, pero no se puede negar que haya sido una pieza importante. Por alguna razón, siempre sufrió más críticas de las que se merece, pero ya es historia su imagen levantando nuestra cuarta Euro. La de una generación que está llamada a seguir haciendo historia.