www.madridiario.es

El motín del taxi

miércoles 06 de febrero de 2019, 11:08h
Según la RAE, huelga es la “interrupción colectiva de la actividad laboral por parte de los trabajadores, con el fin de reivindicar ciertas condiciones o manifestar una protesta”. Por su parte, motín es el “movimiento desordenado de una muchedumbre, por lo común contra la autoridad constituida”.

Lo que han llevado a cabo los taxistas durante más de dos semanas, se aproxima más a un motín que a una huelga, aunque no hayan querido llamarlo así, con tal de disfrazarlo de conflicto laboral y no de actitud revolucionaria, que no repara en ocasionar serios perjuicios, a la autoridad constituida, pero sobre todo, a las víctimas inocentes, que son los madrileños. Los taxistas se amotinaron y secuestraron la movilidad del pueblo, no la de los mandatarios. Y ese motín ha terminado con la claudicación, el perjuicio a la ciudadanía, el menoscabo en las economías domésticas de los taxistas, la pérdida de imagen del sector y la resistencia numantina del presidente de la Comunidad, Angel Garrido, a las presiones de los amotinados. Mucho esfuerzo, desgaste, pérdidas y frustraciones para al final no conseguir nada.

En la historia de Madrid ha habido varios motines populares. El primero, y más importante, fue el de Esquilache, en 1766, por la prohibición de la capa y el sombrero de ala ancha, aunque el origen verdadero estuvo en la carestía de los alimentos básicos, sobre todo el pan. Luego vino el motín del Sistema Métrico Decimal, que en 1849 se hizo obligatorio en todas las transacciones comerciales. En 1885 fueron las mujeres de la Fábrica de Tabacos, las que protagonizaron el motín de las Cigarreras, por las nefastas condiciones de trabajo que soportaban. Por la misma época se verificó el motín de las Alcachofas, en el que las vendedoras del mercado de la Cebada se amotinaron, en protesta por un bulo que se había difundido, según el cual, los productos que vendían portaban microbios. En 1914, el motín de las Verduleras, por la venta de hortalizas que los abastecedores e intermediarios despachaban de forma ilegal en un mercado de la calle de Toledo. El último, ya en las postrimerías de siglo XX, fue el motín del Supositorio, un levantamiento popular contra esas farolas de estética similar a un supositorio, que se habían instalado en la Puerta del Sol. El entonces alcalde, Juan Barranco, cedió a las presiones cívicas, y las cambió por otras de estilo fernandino. Y el último de los motines vividos en la historia de Madrid, ha sido el del Taxi, el único que ha dejado las cosas como estaban, que no ha solucionado nada.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Madridiario

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.