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¡Proteger la casa de Aleixandre! Velintonia 3, Casa de la Poesía

Hoy 6 de octubre se cumplen 40 años del día en el que la Academia Sueca otorgó el Premio Nobel de Literatura a Vicente Aleixandre. Es posible que haya lectores de Madridiario que tuvieran por primera vez en su vida conocimiento de que no solo por los méritos de “La Roja” o “Las Guerreras”, con cuyos éxitos yo también me he emocionado, España ha visto cómo fuera de nuestras fronteras se ha sabido reconocer y admirar la calidad del trabajo de algunos destacados conciudadanos nuestros.

Pero estoy seguro que la inmensa mayoría de quienes vean y lean estas líneas afirmarían que la memoria del insigne poeta, el respeto a su legado, el interés por preservar lo que hizo y todo aquello que animó e impulsó estaría, como hoy gusta decir, en la agenda de las administraciones públicas.

Nadie en su sano juicio creería que el lema próvido por Manuel Fraga en 1960 y que destacaba aquello de que “España es diferente”, elegido para procurar que fuera de nuestras fronteras la terrible Dictadura fuera tomada por una cuestión exótica, hoy en el caso que nos ocupa, y me atrevería a decir que cada vez que fijamos nuestra atención al respeto a nuestra cultura, sigue vigente.

Pronto se cumplirán 33 años desde que el 13 de diciembre de 1984, en la Clínica Santa Elena, muy próxima a la calle que antes de llevar su nombre era denominada calle de Velintonia, falleció Vicente Aleixandre.

Como recordaba en la exposición de motivos de una Proposición No de Ley presentada el pasado 16 de febrero por el Grupo Parlamentario Socialista en la Asamblea de Madrid, y que fue aprobada por unanimidad, en esa casa se instaló el poeta y desde entonces no sólo era su domicilio. También a lo largo de los años se convirtió en lugar de encuentro y creación.

Allí escribió Aleixandre casi la totalidad de su obra y en ella recibió visita de innumerables e insignes autores, pudiéndose afirmar que durante más de cincuenta años Velintonia 3 fue visita obligada para varias generaciones. Desde sus compañeros y amigos del 27, generación poética a la que perteneció, a la del 50. De la Generación del 36 a los novísimos.

Pablo Neruda escribió recordando a Aleixandre que, "en el recinto aislado de su casa la poesía y la vida adquieren una transparencia sagrada".

Convencidos de las certeza de las palabras de Neruda, ya en 1995 un ejemplar grupo de poetas, escritores, intelectuales… Posteriormente agrupados en la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre, inició una lucha que continúan hasta la fecha y que ,desde aquí, quiero reconocer y reivindicar, para salvar la casa de Vicente Aleixandre, proponiendo asimismo su conversión en un centro de documentación y estudio de la poesía española del siglo XX.

Pero España, y en este caso Madrid, siguen tristemente siendo diferente. El impulso de la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre ha promovido que las diferentes administraciones abordaran en diferentes momentos la necesidad de intervenir para salvaguardar esta vivienda. La realidad es que a día de hoy la casa que albergó las conversaciones e inspiró la obra de Miguel Hernández, Federico García Lorca, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda, Gerardo Diego, Jorge Guillén, José Hierro, Jaime Gil de Biedma, Francisco Brines, Carlos Bousoño, José Luis Cano… Se encuentra en estado ruinoso.

Recordaba en la presentación de la iniciativa antes mencionada que en ningún país ni en ninguna ciudad que haya tenido el honor de contar entre sus vecinos con un Premio Nobel se ha sido tan indiferente como en nuestra Comunidad y su capital.

En Medan, en las afueras de París, podemos visitar la casa de Zola. Y en París la casa de Victor Hugo es uno de los puntos turísticos clásicos de París.

En Florencia es visita obligada la casa museo de Dante. Y en Roma incluso la casa donde vivió Goethe durante su estancia en la capital italiana.

En San Petersburgo nos espera la casa de Dostoievski. Y en Tula las de León Tolstói.

La casa museo de Gabriel Garcia Márquez se encuentra en el pueblo de Aracataca, reconstruida con las descripciones que el autor utilizó en su libro “Vivir para contarla”.

Hartford, en Connecticut, muestra orgulloso la imponente Casa Museo de Mark Twain, y en Amherst, Massachusetts, se encuentra la que nos acerca a la vida y la obra de Emily Dickinson.

Walt Whitman, precursor de la poesía norteamericana moderna, tiene en casa natal de Huntington un centro interpretativo de su vida y obra.

Y en el Reino Unido es actitud nos permite adentrarnos en la casa natal de Shakespeare, conocer la Casa de John Keats, visitar la Casa Museo de Dickens, ver el Museo instalado en la fue casa de George Bernard Shaw durante más de cuarenta años, recorrer las diferentes viviendas de Jane Austen, pasear por la casa campestre de las hermanas Brontë, y así podríamos seguir en un largo etcétera.

Pero no sólo más allá de nuestras fronteras se cuida y respeta la memoria y el legado de aquellos que engrandecieron su idioma y enriquecieron la vida de todos los seres humanos que se han acercado a sus obras.

La Casa-Museo Zenobia y Juan Ramón en Moguer; la Casa de O Cuadrante en la que nació Valle Inclán; la Casa-Museo Miguel Hernández en Orihuela; el Museo Fundación de Rafael Alberti en El Puerto de Santa María; la que rememora a Benito Pérez Galdós en Las Palmas de Gran Canaria; el Museu Casa Verdaguer en Villa Joana muy cerca del Tibidabo; la Fundación Rosalía de Castro en A Matanza; el Museo Azorín en Monóvar; la Casa natal y Museo de Santa Teresa de Jesús en Ávila; el Museo Casa Natal Federico García Lorca en el pueblo de Fuente Vaqueros; Casa-Museo de Lope de Vega en Madrid, o el Museo Casa Natal de Cervantes en Alcalá de Henares son ejemplos en los que tendríamos que mirarnos.

Porque en ningún lugar de los antes mencionados, y en otros muchos que seguro existen, se ha vivido el desprecio que en Madrid sufre la Casa de Vicente Aleixandre.

Le pregunto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, ¿no comprende que, al igual que sucede en muchos de los ejemplos de dentro y fuera de nuestras fronteras antes mencionados, estamos reclamando que se preserve el espacio en el que tantas cosas y a la largo de tantos años sucedieron? ¿No cree razonable que, como reclamaba el poeta y premio Nobel irlandés Seamus Heaney, la Casa de Aleixandre debe ser "preservada como símbolo del compromiso de España con su gran herencia cultural" y que “las casas en las que los escritores han vivido y trabajado son puntos de referencia en la actividad cultural de un país”?

¿Cree usted, Sra. Cifuentes, que una Comunidad que, por ejemplo, con toda justicia declaró Bien de Interés Cultural en la categoría de Sitio Histórico a la denominada Capilla de la Cuadra de San Isidro por el mérito de ser construida sobre el lugar en donde, según la tradición (sic), guardaba San Isidro el ganado de su patrón, no puede considerar que la memoria que encierran las paredes de Velintonia 3 exigen algo más de atención y una mirada más amplia?

Hoy, 6 de octubre, las noticias recordarán a Aleixandre y es posible que quienes hoy miran hacia otro lado, a base de codazos, pretendan protagonizar su recuerdo.

Invito, con motivo de este aniversario, a saldar una deuda con nuestra cultura, con nuestro idioma, con nuestra historia.

Diego Cruz Torrijos, es diputado socialista en la Asamblea de Madrid. Portavoz de Presidencia, Justicia y Portavocía del Gobierno.

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