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Sindicalismo europeo contra el dumping social

miércoles 30 de marzo de 2016, 11:34h

El dumping social o cuando la libertad de circulación de capitales se convierte en la búsqueda filibustera por parte de las multinacionales de los lugares donde la fiscalidad, las cotizaciones sociales y la protección ambiental no existen. Cuando se convierte en un instrumento al servicio de la avaricia empresarial, de la desigualdad social y un riesgo para la cohesión de las sociedades. Todo dentro de la propia Europa.

Casos ilustrativos como el de una empresa de transporte belga que compra por 80 euros una compañía en Chipre, donde fija su sede social y contrata trabajadores polacos con las condiciones chipriotas, sin apenas cotizaciones sociales ni imposiciones fiscales. Cuando un trabajador denuncia, resulta que en realidad no hay empresa y quienes asumen el riesgo empresarial son los propios trabajadores o el Estado con sus prestaciones.

El dumping social o cuando la libertad de circulación de los trabajadores y trabajadoras se convierte en un instrumento para su explotación y de competencia desleal entre las empresas. Casos como el de trabajadores portugueses en la construcción española con las condiciones locales, mientras los comisionistas, engajadores, cobraban por contratos mercantiles que contemplaban las condiciones españolas. Empresa del automóvil belga que tenía contratados a trabajadores búlgaros con contrato de autónomo según la legislación de este último país. Ambos casos se consiguieron resolver con la acción sindical y la cooperación de las Administraciones.

Todos estos aspectos se están analizando en la Conferencia de Sindicatos de las Regiones Capitales de Europa, ECTUN. Se constatan las grandes lagunas en la legislación europea en esta materia que permite que esto suceda y hace muy difícil combatirlo legalmente. En este sentido, se está presionando en la UE para cambiar la Directiva sobre trabajadores desplazados, según afirma Luca Visentini, secretario general de la Confederación Europea de Sindicatos.

Y, sobre todo, se está dando la batalla sindical para obligar a que las condiciones laborales que se apliquen sean las del país donde se realiza el trabajo, así como por una definición con claridad de los tipos de contrato, persiguiendo fórmulas que combatan la perversión del trabajo por cuenta ajena con la fórmula de autónomos.

Pero el dumping social, además de su dimensión internacional, tiene una dimensión interna en los países, entre empresas y dentro de la misma empresa, donde hay trabajadores de las contratas y las subcontratas que sufren el dumping en sus condiciones laborales. En España y en la Comunidad de Madrid, la combinación de la descentralización productiva y las externalizaciones, tanto en las empresas privadas como en el sector público, junto a los efectos de la crisis en un contexto de recortes y de reformas laborales regresivas, están siendo letales para el empleo, las condiciones laborales y la competencia de nuestro sistema productivo.

Los datos de empleo nos indican que, a pesar del crecimiento, no se crea empleo de calidad y la fragmentación de la clase trabajadora, así como la desigualdad salarial, sigue creciendo. El futuro está en riesgo con un sistema productivo con el 88% del empleo en el sector servicios y con el 99% de empresas con menos de 50 trabajadores, que asumen el riesgo empresarial de las grandes empresas que las subcontratan o basando, en su mayoría, su competitividad en los salarios bajos, las condiciones laborales precarias y, a veces, en el fraude laboral.

La reforma laboral ha jugado un papel relevante en esta subversión de las relaciones laborales, magnificando la competencia desleal entre empresas en perjuicio de las más responsables socialmente y de los proyectos empresariales más solventes y de futuro, a la vez que ha deteriorado las relaciones laborales, sobre todo en los sectores de la población más vulnerables como las mujeres, las personas jóvenes o las mayores de 45 años.

El movimiento sindical ha estado enfrentándose a esta situación muy difícil por las condiciones de crisis y la primacía de la política ultraliberal, especialmente virulenta en nuestra región madrileña. El compromiso con el cambio de estas políticas está de sobra demostrado por el movimiento obrero y por toda la sociedad española. Cambios que hay que abordar desde los Ayuntamientos haciendo frente a procesos de internalizacion de servicios y/o pliegos de condiciones que contemplen las cláusulas sociales y medioambientales. En el ámbito regional, desarrollando medidas como las de la última estrategia por el empleo acordada en el diálogo social. Pero, sobre todo, el cambio en las políticas estatales, con la reversión de la reforma laboral y la legislación que recorta el derecho de huelga, de reunión y de manifestación.

Y necesitamos directivas que hagan frente al dumping social en la Unión Europea. Todos ellos son compromisos que estamos adquiriendo los representantes de las 24 organizaciones sindicales de 16 capitales de Europa, reunidos en la Conferencia anual en Sesimbra (Portugal).

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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