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‘La Alfonso’

lunes 14 de marzo de 2016, 13:58h

El 3 de octubre de 1958 se estrenaba en el teatro Infanta Beatriz una versión de ‘La fierecilla domada’ dirigida y protagonizada por Fernán Gómez. En el reparto estaban Analía Gadé, Paco Valladares, Manuel Alexandre y una desconocida Pepita Alfonso. Un mes más tarde, en el mismo escenario y con el mismo equipo –más Irene Gutiérrez Caba- se presentaba ‘Con derecho a fantasma’. También estaba Pepita Alfonso, una joven madrileña recién salida de la adolescencia. Poco después ya era en los carteles María José Alfonso. Hoy es, simplemente, ‘La Alfonso’, un título reservado a las grandes de la escena. Esta semana –el día 17 si no estoy equivocado- cumplirá años y lo hará haciendo lo que mejor sabe: actuar en el teatro.

Los que fuimos niños de ‘provincias’ teníamos en la televisión (¿Telefunken?) una ventana -dos con el UHF- al exterior, a la fantasía, al teatro. Y a través de ella vi a María José durante la década de los 60 interpretando decenas de programas dramáticos, junto a otros actores que acabarían siendo tan grandes como ella. Entretanto, en 1964, protagonizó junto a Landa una película de Summers: ‘La niña de luto’. Los de provincias también la admiramos entonces, así como a la película. ¡Cómo no sentir empatía por aquella joven que veía frustrada una y otra vez su boca al morir algún familiar! Si nosotros estábamos rodeados por abuelas, madres, tías y hermanas permanentemente vestidas de negro, guardando el luto a cualquier pariente que nos rozara ligeramente…

La AlfonsoHan pasado más de cuatro décadas y La Alfonso sigue al pie del cañón. Tuve la enorme fortuna de conocerla cuando interpretó hace veinte años ‘Mujeres frente al espejo’, junto a Blanca Portillo. Desde entonces hemos coincidido en decenas de ocasiones. Reírse con ella es lo más natural. Y emocionarse con ella viéndola en escena, lo más lógico.

Ha tocado todos los géneros y ha tenido la fortuna de que no la encasillaran en ninguno, lo que suele aterrar a los actores. Puede pasar de la enloquecida tía de Carlos a la cisma de Inglaterra calderoniana; de Antonio Gala a Edward Albee. Ahora está con Paloma Pedrero.

Vayan a verla al teatro Español interpretar ‘Ana el 11 de marzo’. Es un bello espectáculo en general. Pero el monólogo final de María José es una lección magistral de actuación. Naturalidad, emoción contenida, dominio de la voz, economía de recursos. Hay un momento en que mira fijamente al público y lo deja congelado. No abundan los papeles para actores de su edad. Por eso se prodiga en la escena menos de lo que nos gustaría a sus admiradores. Así que no pierdan esta oportunidad.

Antonio Castro

Cronista Oficial de la Villa

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