Comentarios de los lectores
Enviado por: Jaime / 06-12-2011 13:34
Asistí al estreno de Antes te gustaba la lluvia, en Avilés, el viernes pasado y el sábado a la última función de Por el placer de volver a verla en el Jovellanos de Gijón. Las obras tocan cuerdas bien distintas, aunque ambas hablen del amor. Por diferentes razones me han fascinado tanto la una como la otra. La actriz protagoniza en ambas dos trabajos de los que uno calificaría sin pensarlo de descomunales por su poder de comunicación de todas las vivencias emocionales por las que pasa en uno y otro. Dueña de registros multicolores, me ha hecho sentir todo lo que ha querido. Descubrí, además, a un actor de enorme envergadura y verdad bajo el nombre de Sergio Otegui. En otras labores no me había llamado la atención. Volveré a verlo en donde se le ocurra trabajar de aquí en más. Está soberbio en el rol de marido ausente pero aún enamorado de esa primera mujer, aunque su vida haya tomado otro rumbo. Por último dejo a Miguel Ángel Solá, notable actor en lo que haga, peculiar en su manera de interpretar el mundo de relaciones entre el actor y el personaje (habrá que creerle si todo cuanto hace le sale tan bien). Fantástico en su cotrapunto con la Oteyza en Por el placer de volver a verla, y de nota notable en su intervención como director "primerizo" en Antes te gustaba la lluvia. Llevo casi los años que Solá en el mundo teatral, quizá alguno más, y siento por él una admiración y un respeto a toda prueba. Estos dos espectáculos, de una sencillez y complejidad abrumadora al mismo tiempo, son la muestra fehaciente de que el talento no precisa de puesta millonarias para cumplir con lo que el teatro se ha propuesto siempre: hacer que el espectador sienta y piense, y, gracias a su propia vivencia del hecho teatral, admita otra opinión sobre la vida, y, gracias a ella, hasta pueda modificarla. Fue un fin de semana a puro teatro que me llenó la leñera como para pasar este invierno que amenaza con un frío de crisis.
Enviado por: Juan / 03-07-2011 23:53
Ayer tuve la oportunidad de presenciar la representación de la obra teatral “Por el Placer de Volver a Verla”, de Michel Tremblay, en el Teatro Amaya, de Madrid. Esta versión española, obra de la compañía Loquibandia, mezcla, hábilmente y de una forma muy inteligente, el humor y el cariño con la ternura y la tristeza. Sin duda un interesante ensamblaje de sensaciones y emociones simbólicas que tocan la fibra. Dirigida por Manuel González Gil e interpretada por Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza, nos encontramos ante una obra de teatro, dentro del teatro, en la que sus actores están inmensos. Concretamente, el argumento está basado en la historia de un reconocido autor teatral, -también director y actor-, que propone aceptar que “alguien” es único cuando logra despertar en el otro el placer de volver a verle. En este caso, para él, ese alguien es su desaparecida madre, a la que recuerda con cariño. La verdad es que llego tarde para recomendarla, porque justo hoy se baja el último telón. Si alguien está a tiempo de poder ir a verla, que no lo dude. ¡Os animo a que lo hagáis! Espero que tras el verano vuelva a Madrid o gire por el resto de España, ya que es una obra muy interesante. Aunque supongo que será complicado porque ya ha estado en teatros de casi toda España, como, por ejemplo, de Andalucía, Galicia, Canarias, País Vasco, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Asturias, Extremadura, Cantabria, Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía, Ceuta, etc. Por lo que si no es así, espero poder deleitarme con la actuación de sus actores en otra representación, próximamente. De hecho, hace varios años también pude ver otra obra de la misma compañía y actores: “El Diario de Adán y Eva”, de Mark Twain. En este caso fue en el Teatro Reina Victoria, de Madrid, “El Diario de Adán y Eva” también estuvo genial y salí con la sensación de que era una obra maestra. http://juanmagecolinas.wordpress.com/2011/07/03/por-el-placer-de-volver-a-verla/?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+juanmagecolinas+%28Plumilla+berciano%29
Enviado por: Sebastián / 03-07-2011 0:12
Acabo de llegar de ver Por el placer de volver a verla. Es lo mejor que he visto en teatro en años. Auténtica, tierna, graciosa, llena de amor del bueno, del noble, del único amor. El final es una idea sensacional, toda la obra lo es, y una actuación que debería haberse llevado todos los premios. Ya sé que no les han dado ni uno solo, pero, qué injusticia y qué absurdo es todo aquí. Maravillosa oportunidad para conocerse un poco es esta obra. Ya no será posible: mañana es la última función. Habrá que lamentarlo.
Enviado por: Elsa y Giovanni / 01-07-2011 23:51
Una maravilla. Una gozada. Nos ha encantado. Qué pena que se marchen ya porque habríamos vuelto. Nuestra enhorabuena.
Enviado por: Olga y Fernando / 01-07-2011 0:38
Nunca nada tan bonito. Gracias
Enviado por: Mila / 27-06-2011 21:31
Yo la he visto cuatro veces y me he emocionado tanto en la última, este domingo, como en la primera, hace dos años. No me canso de verla, cuando siento necesidad de llorar o reír sigo a mis pasos. Es una clase de humildad y de cariño a la vida.
Enviado por: Jaime / 26-06-2011 13:32
Hay funciones que no deberían irse así como así de nuestras carteleras ni de nuestras vidas. Por el placer de volver a verla me ha hecho una pregunta que aún no logro responderme, pero que me pone en un estado de alerta feliz, y sigue removiendo en mi esto que soy con el alma puesta en lo que he sido y me reubica conmoviéndome. La he visto tres veces y volveré antes de que se vaya definitivamente. Lo siento, diga lo que diga quien sabe o no sabe de esto y sin querer entrar en polémica con nadie: esta función es fundamental para intuir el fin último del teatro. J. A.
Enviado por: Amalia y Javier / 20-06-2011 18:55
Excelente obra teatral y dos actores que dan la talla. Hemos pasado una tarde de domingo especial. Gracias.
Enviado por: Arroyo Leyra / 18-06-2011 14:47
Esta obra es útil al sentido de la vida, y es más que una comedia tierna y emotiva: es la voluntad de querer más allá de la muerte, es la derrota del tiempo como uso horario, es el estado de gratitud que permanentemente le negamos a la vida, es la luz colándose en los recintos más abandonados de los fundamentos del vivir. Una madre y un hijo hacen la historia del mundo. Quien lea en esta historia la esencia será un espectador feliz, inmune a la enfermedad de los espejos deformantes en los que nos vemos reflejados a diario. Soy psiquiatra y creo que esta función vale lo que veinte sesiones de las que, con toda la capacidad que poseo, suelo dar. Arroyo Leyra.
Enviado por: Andrés / 18-06-2011 0:11
Nos ha encantado. Muy buenos actores y una función que habla de ternura y cariño de una forma sorprendentemente original.
Enviado por: Guadalupe / 17-06-2011 17:57
Maravillosa. Emociona de principio a fin. Risas, lágrimas y un caudal de amor entre esos dos actores realmente envidiable.
Enviado por: Juan José y Olga / 17-06-2011 0:14
Conmueve por su sencillez, austeridad y luz. Es una obra emocionante de comienzo a fin. Y ellos hacer unos personajes imborrables para quienes estamos acostumbrados a ver teatro dos veces al mes como poco. Lo más recomendable de este año con holgura.
Enviado por: Encarnación / 15-06-2011 11:25
Sensacional. llena de emociones, de ternura, de complicidad, de juego; pero se pasa en un suspiro. Una queda con ganas de más aunque la historia sea redonda. Madre e hijo son actores como la copa de un pino. Hemos pasado una noche de teatro ideal. Gracias. Encarna.
Enviado por: Fran / 13-06-2011 20:25
Es una muy buena salida al teatro. Es, entre otras cosas, no perder el dinero y salir lleno de tiernas sensaciones. Mi nacimiento se llevó a mi madre, pero siento, presiento que ella y yo hubiéramos sido así y nos hubiéramos querido así. Fran
Enviado por: Inma / 12-06-2011 0:05
Acabo de llegar del teatro Amaya. Realmente no llego a entender que esa función pueda bajar de cartel alguna vez. Además de excelente es útil a todos. Nos lleva a sentir nuestras vidas, a conocer de qué están hechos nuestros corazones y nuestras lágrimas y risas. Ha sido una noche mágica. No sé cómo se agradece tanta emoción, quizás diciendo a todos que no dejen escapar Por el placer de volver a verla porque sería perderse un espejo que refleja la dignidad de un encuentro, la belleza del crecer, la alegría de vivir, la luz de este día, este momento, esto que somos: un puñado de amor, aunque finjamos ignorarlo.
Enviado por: Santi Hernández / 11-06-2011 0:43
Lo mejor que he visto este año. Y el anterior. Y el otro. Me han conquistado esos dos actores inusuales.
Enviado por: Martina / 10-06-2011 0:40
Nos pareció una pasada de obra. Los personajes son comestibles. Hemos disfrutado en familia como pocas veces. Muy pero muy buena. Gracias.
Enviado por: Ma. Eugenia / 09-06-2011 15:25
Por el placer de volver a verla, de Michel Tremblay Se suele decir que no descubrimos el valor de las cosas hasta que las perdemos. No seré yo quien lo niegue, pero lo cierto es que a menudo, siendo la memoria del ser humano tan frágil, ni siquiera nos damos cuenta del valor de lo que perdimos hasta que lo reencontramos. Ese es mi caso. Tras varios años de olvido me he vuelto a citar últimamente con el teatro, y claro, ahora no consigo recordar por qué le di la espalda tanto tiempo. Ya disfruté sobremanera hace unas semanas, cuando asistí a la representación de "Al final del arco iris", una obra teatral para la que escribí una sucinta entrada en este blog. Posteriormente, he tenido la inmensa suerte de que una buena amiga, incondicional de Miguel Ángel Solá, me sugiriera visitar el teatro Amaya para disfrutar de la actuación del actor argentino en "Por el placer de volver a verla", pieza teatral escrita por el canadiense Michel Tremblay hace más de una década. Al final, ambos, ella y yo, acabamos la función maravillados, no sólo por el carisma y el buen hacer de Solá, sino también por una magnífica Blanca Oteyza y, en definitiva, por lo que resultó ser una obra de teatro extraordinaria. Si el tema principal de la obra prometía que íbamos a vivir una representación interesante, su comienzo vino a anunciar una sorpresa aún más agradable. "Por el placer de volver a verla" muestra la relación de un hijo con su madre a través del recuerdo, pero ya desde las primeras frases se intuye un tema complementario. La obra gira en torno a pequeños momentos compartidos por madre e hijo, pero el sustrato de esos momentos conforma un bello canto a la capacidad de elaborar historias, a la imaginación como fomento del crecimiento y educación de los hijos y, en definitiva, a la ficción y al propio mundo del teatro. La memoria siempre miente, dulcifica la realidad vivida y nos muestra una visión falsa pero tal vez necesaria de nuestro pasado. Por ello, quizás, el público no llegará a conocer nunca a la verdadera Nana, oculta aquí tras la mirada embellecedora de su hijo. Pero qué importa. La imagen de la madre que presenta el autor es, a pesar de sus peculiaridades, gratamente identificable. Su preocupación, sus prontos, sus exagerados argumentos le llegan al espectador de la función como un sentimiento querido, en algunos casos por puro reconocimiento familiar. Ese contacto tan íntimo es, seguramente, una de las causas de la enorme emoción que provocan tanto los momentos cómicos como los dramáticos, pues de ambos hay. Nana es una fabuladora, y como tal, cría a su hijo en el gusto por la creación de ficciones. Ese argumento da pie a la bipolaridad de la función, que navega entre la relación familiar y la devoción por el teatro, que se ofrece al final como desembocadura de ambos. Solá abre la función como quien improvisa, mencionando a Chéjov, a Bretch y a Lorca, anunciando ya desde el principio que si bien su idea es la de recuperar el recuerdo de su madre, el medio para hacerlo, el teatro, acabará imponiendo su mensaje. Si en el primer acto Nana y su hijo provocan la risa a carcajadas merced a sus ingeniosos diálogos, ella defendiendo sus increíbles historias, él respondiéndola con su precoz sensatez, es la literatura en sí la que se apodera de la parte intermedia de la obra. "Ya que los personajes desaparecen para el público una vez bajado el telón, ¿crees que, desde el otro lado, la gente deja de existir para los personajes?", reflexiona la madre, abriendo la puerta de la metaficción. La conclusión de la obra supone un giro emocional para el espectador de 180 grados. Lo que comenzaron siendo carcajadas se transforman en llantos. Es aconsejable acudir a esta representación con un pañuelo o, al menos, con un paquete de kleenex en el bolsillo, pues las lágrimas afloran a los ojos con facilidad. El fallecimiento de la madre se funde con el trasfondo teatral para mostrar al público la intimidad de la muerte, representada por unos personajes que a estas alturas se han ganado el calificativo de entrañables. "La muerte es una estupidez", le dice Nana a su hijo, y el patio de butacas llora con ellos. Cerrando el capítulo de las alabanzas, es justo no quedarse sólo en la maravillosa actuación de Oteyza y Solá, o en el excelente texto de Tremblay; también es obligado resaltar la dirección de Manuel González Gil y la apuesta por un espacio minimalista, que centra el protagonismo en los dos únicos personajes de la obra. El cambio de lugar de unos bloques de madera, que unos operarios mueven por el escenario mientras Solá simula improvisar su monólogo, van dando el relevo de un pasaje a otro. Un ciclorama situado al fondo aporta la profundidad necesaria a una puesta en escena cuya sencillez busca no distraer la atención de un público centrado en el carácter certero y directo de la actuación. Todo en la obra suma, nada resta, consiguiendo que el acabado final persiga un solo objetivo: la excelencia. "Por el placer de volver a verla" es, por todo lo dicho, una obra de teatro absolutamente recomendable. Miércoles 8 de junio de 2011. http://literaturaenlostalones.blogspot.com/2011/06/por-el-placer-de-volver-verla-de-michel.html
Enviado por: Alberto y Femi Hernández / 06-06-2011 19:48
Es una historia preciosa y muy bien contada. Nos han hecho disfrutar como pocas veces en el teatro.
Enviado por: Salvador / 05-06-2011 11:12
Excelente. Noche de teatro como pocas. volveré con mi madre, no puede perdérsela. Son dos grandes actores, tanto como en el Diario de Adán y Eva.
Enviado por: Magdalena / 03-06-2011 17:11
Estuve anoche viéndoles. Os felicito, me ha conmocionado vuestra entrega y la obra me ha envuelto en una nube de recuerdos imborrables. La vida es también maravillosa. Gracias.
Enviado por: Lalia / 31-05-2011 10:53
Es la función que recomiendo a todos. Es muy bonita y tierna y sencilla. Fui con mi madre hace dos meses y todavía la recordamos en nuestras conversaciones o bien en frases que se nos han pegado. Ellos son muy buenos actores y te hacen sentir todo lo que les ocurre en escena como si fuera verdad.
Enviado por: Santiago / 30-05-2011 21:51
Sí, es estupenda y la actriz un hallazgo. Me ha emocionado hasta las lágrimas.
Enviado por: Chus / 29-05-2011 21:18
Excelente. No os la perdáis. Grandes actores y una delicia de función.
Enviado por: Cayetano Predes / 29-05-2011 13:14
Una hora y media de amor y del mejor teatro. El valor de la palabra, los gestos, la forma y el fondo en la interrelación de los personajes, la emoción que provocan sus encuentros y desencuentros. Una obra bien tratada, bien dialogada, bien pulida y una caricia a nuestros ánimos cansados, aburridos de tanto fútbol, tanta politiquería barata y tanto famoso indecente. Y da tema para rato. Mi enhorabuena, el de mi mujer y mis hijos, y el de mi madre que salió lagrimeando feliz del teatro Amaya.
Enviado por: Ana Gracia / 28-05-2011 13:04
Estupenda noche de teatro. Es una verdadera lástima que esta obra baje de cartel porque es un bálsamo de ternura y una brújula para quien cree en la fuerza del cariño. ¡Bravo! ¡Y que volváis con mejores vientos!
Enviado por: Miguel / 27-05-2011 11:41
POR EL PLACER DE VOLVER A VERLA (MADRID, PRIMAVERA EUROPEA 2011) Escrita por el canadiense Michel Tremblay y dirigida por el argentino Manuel González Gil, tiene como excluyente reparto al primer actor Miguel Ángel Solá y a Blanca Oteyza encarnando a ese primordial sujeto tácito que da título a la obra. Sorprende que un hombre que ya cumplió sesenta años pueda convencerme, desde los primeros minutos, que puede ser un niño de once años y que su actuación no roce el ridículo, ni mucho menos. Solá lo consigue, y no sólo eso sino que podrá, con diferencia de apenas segundos, salir de esa etapa evolutiva y pasar a describirse a él mismo en esa situación, ya en la edad adulta, y todo, con absoluta naturalidad, actuando como si estuviera en el living de su casa frente a algunos amigos, nada más que en este caso lo hará a sala llena en el madrileño Teatro Amaya. En realidad, por momentos, costaba distinguir si era el actor que actuaba, o era Solá contando su propia vida, de tan convincente. Vi por primera vez a Solá hace treinta años, en mi Rosario natal, cuando llegó al Teatro El Círculo estelarizando Equus, una pieza que no olvidaré jamás por cumplir con el originario cometido teatral de hacer reflexionar, pero también por la performance de un joven actor que se veía como un astro en ciernes. Muchos años después, presencié en varias oportunidades El diario de Adán y Eva, tanto en Rosario, como así también en Mar del Plata y en Buenos Aires. No debe ser casual que todavía conserve, en vhs, la versión televisiva que se emitiera, por entonces, en un canal de cable. Las actuaciones de Solá me conmovían, me convencían, me movilizaban. Ya como periodista, lo conocí en una entrevista exclusiva que yo hiciera para LT3, en la que me explicó que le daba lo mismo, como actor, hacer de Valdéz Cora que de Salvador Mazza, dos polos extremadamente opuestos como modelos de personas, siempre y cuando pudiera hacer el mejor Valdéz Cora y el mejor Mazza posibles. Respuesta que da un actor de raza, y no una figura de moda. Me sorprendió ver que se promocionaba POR EL PLACER DE VOLVER A VERLA como una comedia. A lo sumo, comedia dramática, sino propiamente un drama que, además de ser en sí mismo un homenaje al teatro, exhibe la necesidad de un guionista de elaborar toda una representación teatral para satisfacer su necesidad de reencontrarse, imaginariamente y por lo que dure la obra, con su madre, ese personaje arquetípico y fundante, y que todavía ama intensamente. Asimismo, que se dijera que lo más valioso de la obra es Solá actuando. Puedo afirmar que el texto es bueno e ingenioso, y que la Oteyza alcanzó madurez plena como actriz, para hacer con ductilidad de una madre muy especial (como todas las madres) en sus diferentes momentos, y con una profundidad única en la sabiduría de los que no se formaron en los claustros pero que la tienen clara acerca de qué puede tratarse la vida, aún entre exageraciones y excesos, entre ternura materna y admiración filial. De puesta minimalista, con escenografía de ciclorama y utilería desmontable, impecable dirección y actuaciones memorables, Por el placer de volver a verla es una de esas obras para ver en buena compañía y no olvidársela nunca (a la obra). No. No se trata de Bernarda Alba, ni del Caballo de Troya ni de Un Tranvía llamado Deseo, como bien advirtiera Miguel al inicio de la función. Es, simplemente teatro del bueno. Del muy bueno. Por si fuera poco, hasta esta noche de Por el placer… sólo Alfredo Alcón había conseguido que el crítico se desbordara y se quedara sin aire por casi una obra entera. En esa categoría ya entró Miguel Ángel Solá. Queda poco hasta el próximo 2 de julio, día en el que bajará de cartel del Amaya. Sería imperdonable perdérsela. Ernesto Edwards, Madrid, 9/04/11. http://www.fotolog.com/filorocker/46253335
Enviado por: Emilio / 24-05-2011 19:28
Nos ha encantado. Nos llevó lo escrito en esta página. Enhorabuena, es magnífica.
Enviado por: Pilar / 21-05-2011 15:04
La emoción es el recurso infalible de esta historia tan excelentemente contada. Dos grandes actores. Un piano que desgrana una melodía que te cuenta que la vida pasa y queda. Un texto sencillo. Nosotros y nuestros sueños. El cariño a toda prueba. Eso es esta delicada e impresionante función.
Enviado por: Marga / 20-05-2011 13:36
Deliciosa. Son los últimos días. No la dejéis pasar.
Enviado por: Rosario Pando / 15-05-2011 23:55
Hemos pasado una tarde, la de hoy, emocionante. Se trata de una obra pequeña pero de un valor incalculable. Los actores, no puede haberlos mejores. Ella es todas las madres posibles y él es un señor actor, con un caudal de ternura hacia esa madre que arrebata. La recomiendo con todas mis ganas.
Enviado por: Federico / 12-05-2011 0:18
El público agradecido ante tal muestrario de capacidad interpretativa y tal caudal de emociones bien llevadas. Recomiendo no perderse este espectáculo que es lo más cercano a la vida misma.
Enviado por: Rosario / 11-05-2011 14:18
Es un placer elogiar por este medio la labor de estos dos artistas. Estuve en la función en la que ofrecieron su trabajo a total beneficio de Manos Unidas. Enhorabuena por su emocionante interpretación y también por su desinteresada colaboración con una causa tan noble. Rosario Montes de Oca
Enviado por: Pablo / 08-05-2011 13:33
Volveré a verla. Ayer, Jaime Azpillicueta hizo de esta función un elogio antológico y lleva razón. Mi placer se remonta a Santander donde les vi por primera vez. Cada vez que bajo a Madrid mi compromiso es con ellos. No me han defraudado nunca, me han mantenido en el límite de mi emoción y la suya. Han sido conmigo veraces. Eso se comprende si una y otra vez alguien te acuna, te lleva en volandas y te sopla el aliento de la ilusión y la poesía. Nuestro corazón está lleno de ella aunque no lo muestre un electro. Volveré una vez más.
Enviado por: María / 06-05-2011 17:35
Por el placer de volver a verla… Y no me estoy refiriendo al título de la obra de Michel Tremblay que se representa en el Teatro Amaya. Hablo de la sensación que esta obra deja en el público una vez baja el telón. En realidad la pieza teatral no va de nada en concreto y sin embargo trata acerca de una figura esencial para todo ser humano: mamá. El planteamiento es muy simple: un hombre que recuerda los momentos más significativos que pasó con su madre. Esta sencillez es la que ha caracterizado a las grandes obras de la Historia: los celos, un amor imposible, el instinto superviviente, la vanidad... La clave de una obra maestra, como dijimos cuando analizábamos Falstaff, nunca está en el qué, sino en el cómo. Y sin duda, Por el placer de volver a verla contiene todos los elementos para no pasar desapercibida en los próximos 300 años. No ha habido un solo espectador que haya sido capaz de pensar en algo que no fuera la relación de un hombre, cuyo nombre siquiera es relevante, con su mamá. Con una mamá cualquiera, aunque en este caso sea la suya. Es magistral la manera en que universaliza el carácter de una madre sin pasarse a lo tópico, a lo manido. Solo voy a desvelar un mini-diálogo para que veáis lo que quiero decir. El hijo: "Mamá, tu receta de endivias con bechamel quedaría mejor si tuviera algo más del elemento que le da nombre al plato y menos del que lo adorna" La madre contesta: "¿Hay alguna cosa en 19 años que te parezca que haya hecho bien?". Dramática, exagerada, teatrera e incluso sarcástica como única forma de afrontar la realidad, resulta a la vez humana, protectora y leal. Constante en el apoyo, fiel en el cariño, cansina con la educación... Simplemente mamá. Miguel Ángel Solá interpreta con una versatilidad encomiable a su mismo personaje en distintas edades. Curioso ver cómo un señor de 60 años juega a ser un niño de 11. Asombroso cómo el público se prende en el juego y ve a un nene tratando de zafarse de una mamá enojada que lo reta por alguna travesura sin intención. Blanca Oteyza también interpreta bien a Nana, la madre. Mejora a medida que va avanzando la obra y acaba por convertirse en un personaje entrañable, frágil en su fortaleza y tierno en su inflexibilidad. Emotiva, conmovedora, muy bien escrita y mejor dirigida, Por el placer de volver a verla es de esas obras que cualquiera que tenga una mínima sensibilidad artística no puede perderse. Nunca he creído en el día de la madre. Considero que la simple circunscripción del homenaje a una persona, sean enamorados, amigos o hijos, a un solo día es absurdo. Hoy he salido del Teatro Amaya pensando "qué buen regalo para mi madre. Qué forma tan apropiada de decirle que la quiero". Ya sea para rendirle un pequeño homenaje el próximo 1 de mayo, o simplemente por el placer de hacerla feliz, id a ver con ella esta magnífica obra. Expresadle vuestro amor ayudados por esta obra de teatro y será la más bella de las verdades que podréis regalarle. María Cappa. Publicado: 28-04-11. http://onceu.es/tiempo-libre/2968/Por-el-placer-de-volver-a-verla
Enviado por: Ana / 03-05-2011 11:47
La función nos ha encantado. No conocíamos al autor. A ellos sí, son fantásticos.
Enviado por: Mar / 30-04-2011 13:54
Ha sido una noche ideal. Nos ha tocado el corazón y nos ha aliviado la pena. Gracias a esos grandes actores y al autor.
Enviado por: Sonia / 29-04-2011 15:22
Les vi ayer. Excelentes actores y muy bonita obra. Harán una función a beneficio de Manos Unidas, ¿dónde se pueden comprar las butacas?
Enviado por: Isabel / 27-04-2011 17:50
Es una joya. Ir a verla. Yo la he visto tres veces y volveré.
Enviado por: Aitzol / 25-04-2011 22:20
CALIDAD Y SENSATEZ. El recuerdo es el gran protagonista de este montaje. Y el talento teatral de la dirección consiste, sobre todo, en soslayar el riesgo narrativo, en mezclar lo que pasó con la reacción de los personajes ante el recuerdo, de tal manera que pasado y presente acaban confundiéndose, como si el hecho de recordar tuviera tanta o más fuerza que el vivir. Cosa bien sabida y dicha una multitud de veces y en todos los tonos, desde los más serios a los más frívolos. Pero ya digo, la fuerza del trabajo en cuestión está en que esto se cumple cabalmente. Las gradaciones de lo cómico a lo dramático o a lo melodramático, la relación entre madre e hijo, los golpes de efecto, la nostalgia, la colocación exacta del monólogo, la ternura, el diálogo teatralmente bien escrito… todo responde a un concepto del teatro que puede considerarse antiguo, el de la gran época burguesa, pero que de hecho sigue practicándose en Londres, en París o en Nueva York, y que a veces se importa a España con éxito. La versión teatral, la puesta en escena y el trabajo de los actores, evitan el peligro de estatismo; o, lo que sería peor, de ausencia de conflicto y de acción dramática, e incluso la mera complacencia literaria. Nada de eso ocurre aquí, sino que, por el contrario, estamos ante un particular montaje con su fuerte dosis de ingenio, con su cuidado por el diálogo elegante y con una acción dramática fluida y armónica. Hay química de la buena. Me gusta ese contrapunto entre la presencia casi imponente de Miguel Ángel Solá y el cierto aire de fragilidad de Blanca Oteyza, actriz elegante, sutil y cautivadora, que domina diversos registros y se muestra dueña de la situación y de la acción. La dirección adapta el ritmo fragmentario de la acción a una escenografía cerrada y funcional, una especie de caja que respira, se amplía y se comprime gracias al ciclorama del fondo. Esa fragmentación y ese espacio cerrado podrían sugerir que los diálogos, que esa relación madre hijo es una especie de viaje interior; lo cual explicaría ciertas cosas. Pero eso no queda tan claro. No es una obra para alargar la tarde ni para matar el rato o entretener. Se acerca más a un disfrute sólido. Es una obra redonda, para reír, para llorar, para pensar; una obra capaz de llevar un tema vital al escenario con calidad y sensatez. Mikel Bilbao. El Correo Vasco de Vitoria.
Enviado por: Miguel / 24-04-2011 23:24
SENCILLEZ Y AUTENTICIDAD. Por el placer de volver a verla nos sumerge en la presencia vital de alguien insustituible, alguien único, presente a lo largo y ancho de nuestra vida, nuestra madre. Nuestra madre en mayúsculas, en términos de relación, más allá del primer grado de consanguinidad. Así Miguel Ángel Solá (quien se muestra magistral en los diferentes cambios de registro, de roles y de edades que interpreta) en el papel de Miguel, nos invita en un escenario vacío, a ser partícipes del discurrir de su vida, jugando a narrar como creador de la obra que presenciamos y a interpretarse a sí mismo desde su más tierna infancia hasta la vida adulta, bajo el paraguas y la presencia de Nana, su madre. Una madre natural, parlanchina, cariñosa, dulce, sabia, disciplinada y exagerada en sus enfados, bien llevada por Blanca Oteyza que imprime el carácter que necesita el personaje. La trama aborda, de esta manera, una serie de escenas entre cotidianas y transcendentes que provocan unos diálogos entrañables, discusiones existencialistas, debates cálidos, que son aprovechados por Miguel y Blanca para crear unas situaciones que no por ingeniosas dejan de tener un sabor cómico a la vez que emotivo, humano y reflexivo. Con un emocionante texto de Michel Tremblay, sencillo y auténtico, sólo dos actores, un ciclorama que aporta un color diferente a cada escena y un atrezzo mínimo se da soporte a unas interpretaciones que logran transmitir sutilmente unas fuertes emociones tanto a través del lenguaje corporal, desarrollado con total naturalidad y credibilidad, como de una proyección vocal que consigue adaptar de forma soberbia la modulación de la voz a cada momento en que se sitúa la escena, ya sea alegre, triste, de abatimiento... La música, suave, y dulce, envuelve el escenario con una sutileza acorde a la ternura de la historia. El espectador no puede abstraerse y dejar de rememorar su infancia, su adolescencia y su madurez con la presencia de cada una de nuestras madres en cada etapa vivida. El resultado final no podría entenderse sin la soberbia dirección de Manuel González Gil que consigue una total empatía entre el espectador y los personajes, como si la cuarta pared no existiese. MIGUEL LOPOTT | Madrid, 24/04/2011 | Cultura. http://www.buscamusica.es/contenido.php?id=1492
Enviado por: Sonsoles / 24-04-2011 23:19
Belleza y más belleza. Me cae muy bien esta gente porque da lo que nadie: ternura, comprensión, piedad, alegría de compartir. Son un bonito ejemplo de lo que falta días enteros en nuestras vidas. Sonsoles Vega.
Enviado por: Ignacio / 24-04-2011 15:17
Vale la pena ir a ver cómo dos actores se dejan la piel en un trabajo limpio y lleno de ternura. De la que no abunda. De la que necesitamos para sobrellevar estos días desapacibles y llenos de olvido.
Enviado por: Ángeles / 23-04-2011 14:20
Nos ha parecido extraordinaria la interpretación y la obra es un encanto: sutil, alegre, vital, llena de pequeñas y grandes emociones. Es como abrir el propio arcón de los más precidos recuerdos. Más que recomendable: imprescindible.
Enviado por: María / 22-04-2011 17:48
"Por el placer de volver a verla", una, dos, tres….mil veces La magia del teatro vuelve a hacerse realidad en el madrileño Teatro Amaya gracias a Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza. El amor de madre (Nana), la admiración del hijo (Miguel) y su relación, desde la infancia hasta la muerte. Ese es el discurso narrativo de “Por el placer de volver a verla”, un camino salpicado de sentimientos universales, sensaciones cotidianas, encuentros y desencuentros, la pérdida, la memoria, la pena, la alegría. Todo esto y (por suerte) mucho más es lo que nos ofrece esta expresión máxima de la genialidad del teatro, un regalo mágico gracias a tres inmensurables: Miguel Ángel Solá (el hijo), Blanca Oteyza (la madre) y Manuel González Gil (el director). Una cita ineludible de la que, por ahora, podemos disfrutar en el Teatro Amaya. Una puesta en escena sin adornos (seis cubos que operarios convierten, allí mismo sobre el escenario, en un tren, una azotea o un salón… y un ciclorama que maneja el color de las emociones que durante casi dos horas invaden y seducen al espectador); un texto de Michel Tremblay y un único mensaje: el amor, tal vez la única razón que nos permite volver a quien ya no está, sentirlo, abrazarlo, hablarle, susurrarle, demostrarle cuánto nos duele su ausencia. Una obra en la que volvemos a disfrutar de la ya sabida maestría de Miguel Ángel Solá, pero en la que, más que nunca, descubrimos a una Blanca Oteyza soberbia, grande. Y una ocasión más de contemplar su complicidad, la que les une en el día a día y la que les ha permitido, con su anterior obra, “El diario de Adán y Eva” robar el corazón a espectadores de aquí y de allá, de este y el otro lado del charco, durante diez años. Por el placer de volver a verla Una obra que ya lleva dos años por España, haciendo las delicias del público. 18-abril-2011 Mar Cárpena "Por el placer de volver a verla", una, dos, tres….mil veces | Suite101.net http://www.suite101.net/content/por-el-placer-de-volver-a-verla-una-dos-tresmil-veces-a49250#ixzz1KGZKeDeB
Enviado por: Gabi / 20-04-2011 17:56
El pasado jueves 2 de marzo asistí en la Sala Trajano de Mérida a una interpretación sublime de Miguel Ángel Solá y de Blanca Oteyza, en la obra "Por el placer de volver a verla" de Michel Tremblay y dirigida por Manuel González Gil. Una obra emotiva donde el amor de una madre es el hilo conductor de la obra. Se nos cuenta la relación de un hijo y una madre, Nana, mediante los recuerdos de momentos intensos que nos pasan en la vida. La obra busca conmover al espectador y ciertamente lo hace, pasas por momentos de risas, complicidad, emoción y pena, acabas llorando. Una obra que despierta sentimientos, un viaje a lo más profundo el corazón humano. Muy interesante con una interpretación magistral. http://www.gabifem.com/2011/03/por-el-placer-de-volver-verla.html
Enviado por: Susana / 20-04-2011 17:55
De pequeño mi madre me enseñó que en esta vida todo merece un esfuerzo, que nada viene por obra o gracia del espíritu santo, que en el futuro serás todo aquello por lo que estés dispuesto a luchar, que la familia es lo único que perdura y que el tiempo arrasa con el resto. Me advirtió que la gente viene y va, que hay que aprovechar el presente y sobretodo, que hay que querer, aprovechar cada momento y entender que los cambios vienen de forma tan intempestiva que apenas te da tiempo a saborearlos. Siempre me ha animado a soñar sin basarme en utopías, a buscar mi camino, luchar por lo que es mío y tener en cuenta que la satisfacción no sólo llega cuando se ha cumplido con las aspiraciones y deseos personales, sino también cuando se ha hecho feliz a los demás. Me ha acompañado durante todo mi proceso de maduración y ya ha advertido que siempre va a estar a mi lado. Por eso entiendo a Michel Tremblay, dramaturgo y escritor canadiense que realiza un retrato apasionado de su madre en “Por el placer de volver a verla”, una obra que se representa en el Teatro Amaya de Madrid desde el pasado 24 de Marzo. Voy a intentar contar poco sobre ella puesto que, en este caso, lo más recomendable es ir al teatro a verla y, si ya se ha visto, volver otra vez. Quizás se puede decir que sólo hay dos personajes en escena que se quieren dentro y fuera de las tablas, que hablan durante casi dos horas sobre las relaciones humanas y tienen el atrevimiento de meterse sutilmente en la personalidad y la conciencia del público. Uno de ellos es un escritor que vive prácticamente en la ficción, como tantos de nosotros, para no hacer frente a varias dudas, indefiniciones y a su propio proceso de madurez. El otro es Nana, la mujer más importante de su vida, que lo acompaña durante los diez años que narra la obra con admirable valentía. El texto de Tremblay es de una calidad narrativa impagable, explora las noticias que nunca vemos en los medios pero que existen, como la capacidad de soñar, la frustración, el amor y el olvido, a través de un discurso sobrio y definido que consigue que el espectador crezca viendo esta obra. La actriz Blanca Oteyza mantiene una interpretación rigurosa apoyándose en los cambios de vestuario, sus entradas y salidas del escenario y la interpretación exagerada que requiere su carácter. En mi opinión, su mayor mérito radica en haber universalizado su personaje, con el que consigue que se identifiquen todas las madres. Por otra parte, el actor argentino Miguel Ángel Solá pone el teatro a volar por encima del resto de la ciudad metido en la piel del escritor. Rara vez se puede asistir en el teatro al espectáculo de un actor como este, que mediante el contacto visual, los gestos y la voz, desprende un magnetismo que indaga de lleno en las frustraciones y la ambición de los que se sientan en el patio de butacas. Cómo extrañaba apasionarme por algo y dejarme llevar por un torrente interpretativo como este. La crítica ha alabado la obra pero también hay un grupo de detractores que argumenta falta de acción, personajes que no evolucionan y que acaban por convertir la representación en repetitiva y perfectamente calibrada. Pero incluso los que hablan de un teatro a medida para las masas reconocen la inaudita habilidad para controlar los sentimientos del público, que se entrega al torrente escénico de sus dos intérpretes. Podría decirse que durante la función Solá hace malabares con las emociones, en esta obra que ha sido calificada de pura inteligencia emocional. Domingo 10 de Abril de 2011 18:02 Guillermo Aroca http://www.doze-mag.com/index.php/vortice/577-michel-tremblay
Enviado por: Lidia / 17-04-2011 22:21
Nos pareció tierna, emotiva, valiosa y muy buena para tomarse un descanso de esta pesadilla de vida que estamos construyendo quizás a pesar nuestro. Esta función nos ha hecho reflexionar mucho luego, quizás porque es tan sencilla, o porque, al decir de su protagonista: todo es tan breve y tan rápido. Enhorabuena a sus actores también.
Enviado por: Daniel / 11-04-2011 17:00
Encontrado en: http://www.doze-mag.com/index.php/vortice/577-michel-tremblay. Texto: Guillermo Aroca. Vale la pena leerlo. Por el placer de volver a verla. De pequeño mi madre me enseñó que en esta vida todo merece un esfuerzo, que nada viene por obra o gracia del espíritu santo, que en el futuro serás todo aquello por lo que estés dispuesto a luchar, que la familia es lo único que perdura y que el tiempo arrasa con el resto. Me advirtió que la gente viene y va, que hay que aprovechar el presente y sobretodo, que hay que querer, aprovechar cada momento y entender que los cambios vienen de forma tan intempestiva que apenas te da tiempo a saborearlos. Siempre me ha animado a soñar sin basarme en utopías, a buscar mi camino, luchar por lo que es mío y tener en cuenta que la satisfacción no sólo llega cuando se ha cumplido con las aspiraciones y deseos personales, sino también cuando se ha hecho feliz a los demás. Me ha acompañado durante todo mi proceso de maduración y ya ha advertido que siempre va a estar a mi lado. Por eso entiendo a Michel Tremblay, dramaturgo y escritor canadiense que realiza un retrato apasionado de su madre en Por el placer de volver a verla, una obra que se representa en el Teatro Amaya de Madrid desde el pasado 24 de Marzo. Voy a intentar contar poco sobre ella puesto que, en este caso, lo más recomendable es ir al teatro a verla y, si ya se ha visto, volver otra vez. Quizás se puede decir que sólo hay dos personajes en escena que se quieren dentro y fuera de las tablas, que hablan durante casi dos horas sobre las relaciones humanas y tienen el atrevimiento de meterse sutilmente en la personalidad y la conciencia del público. Uno de ellos es un escritor que vive prácticamente en la ficción, como tantos de nosotros, para no hacer frente a varias dudas, indefiniciones y a su propio proceso de madurez. El otro es Nana, la mujer más importante de su vida, que lo acompaña durante los diez años que narra la obra con admirable valentía. El texto de Tremblay es de una calidad narrativa impagable, explora las noticias que nunca vemos en los medios pero que existen, como la capacidad de soñar, la frustración, el amor y el olvido, a través de un discurso sobrio y definido que consigue que el espectador crezca viendo esta obra. La actriz Blanca Oteyza mantiene una interpretación rigurosa apoyándose en los cambios de vestuario, sus entradas y salidas del escenario y la exageración que requiere su carácter. En mi opinión, su mayor mérito radica en haber universalizado su personaje, con el que consigue que se identifiquen todas las madres. Por otra parte, el actor argentino Miguel Ángel Solá pone el teatro a volar por encima del resto de la ciudad metido en la piel del escritor. Rara vez se puede asistir en el teatro al espectáculo de un actor como este, que mediante el contacto visual, los gestos y la voz, desprende un magnetismo que indaga de lleno en las frustraciones y la ambición de los que se sientan en el patio de butacas. Cómo extrañaba apasionarme por algo y dejarme llevar por un torrente interpretativo como este. La crítica ha alabado la obra pero también hay un grupo de detractores que argumenta falta de acción, personajes que no evolucionan y que acaban por convertir la representación en repetitiva y perfectamente calibrada. Pero incluso los que hablan de un teatro a medida para las masas reconocen la inaudita habilidad para controlar los sentimientos del público, que se entrega al torrente escénico de sus dos intérpretes. Podría decirse que durante la función Solá hace malabares con las emociones, en esta obra que ha sido calificada de pura inteligencia emocional. Domingo 10 de Abril de 2011 18:02
Enviado por: Pastor / 10-04-2011 2:03
Estupenda. Una lección de teatro.
Enviado por: Agustín / 09-04-2011 14:12
Excelentes interpretaciones y un texto que te hace sentir y te deja pensando mucho.
Enviado por: Gonzalo / 09-04-2011 0:57
Nos ha gustado como ninguna otra en este último año. Son actores de verdad, magníficos, brillantes, dominan todas las técnicas, pero sobre todo la de conmover. De qué manera nos han tenido en un puño. ¡Bravo!
Enviado por: Tomás / 08-04-2011 13:58
Brillante. Y excelentes actores. Me han emocionado mucho y se los agradezco, lo necesitaba.
Enviado por: Tomás / 08-04-2011 13:57
Brillante. Y excelentes actores. Me han emocionado mucho y se los agradezco, lo necesitaba.
Enviado por: Ramiro / 08-04-2011 0:25
Un diez rotundo. Es una preciosa función y el trabajo de los actores es tan profundo que conmueve.
Enviado por: Lucía / 07-04-2011 14:40
Excelente. No nos tratan así en todos lados. La recomiendo con entusiasmo. Enhorabuena a su director y a sus actores porque son buenos de verdad.
Enviado por: Marta y Jorge / 05-04-2011 22:57
Nos ha encantado. Repetiremos.
Enviado por: Puri / 03-04-2011 22:05
No us perdeu “Por el placer de volver a verla”! La consigna és l'amor en «Por el placer de volver a verla», l'obra de Michel Tremblay, que Miquel Àngel Solà i Blanca Oteyza representen aquesta temporada. Una peça construïda des dels records. Ens retrotrau a un món que passa per la infància del protagonista i ens mostra una mare tendrament melodramàtica, que transmet el seu fill valors que li serviran per a la seva formació i dedicació en la seva vida futura. En aquesta peça no existeix el drama ni el esquinç emocional, sinó la mesura exacta per fer-nos somriure o deixar-nos lliscar una llàgrima de tant en tant. L'actuació de Miguel és una mostra fefaent de la seva professionalitat i experiència ancestral que envaeix la sala amb la seva màgia. Blanca ens encanta amb aquesta mare tendra i comprensiva i dóna mostres de la seva maduresa com a actriu. És un feix de llum que lumina amb energia pròpia. Una obra que recomano especialment, veure-la com un exercici de desintoxicació mental i com un aliment sa per l'ànima. Susana Villafañe. http://www.moncomunicacio.com/arxiu.htm
Enviado por: Francisco / 22-03-2011 13:02
PURA VIDA. “Por el placer de volver a verla” es toda una vida, un bolero de madre e hijo, como un corazón escénico que late y bombea sentimiento. Que lanza al espectador a tantos lugares en común, que no hay tregua para la rutina. Porque la vida vivida es el presente encadenado de padres e hijos que serán padres e hijos que serán padres… Y así hasta el final de los tiempos. Sí, pura vida. “Por el placer…” es un canto a al encanto del intento. A las frases que nunca se dijeron y que, por ese silencio sobrevenido, son las que de verdad cobran vigencia. Están presentes sin reproches, porque ese espacio en blanco que separa nuestras frases es una parte, igual de importante, del guión pendiente, siempre por escribir, que es la vida. En “Por el placer…” hay teatro dentro del teatro, como ejercitado experimento que da la mano al espectador para que intuya, asista, al segundo que precede al momento en que comienza el acto de crear e interpretar. Pero, más que artificio teatral, hay sinceridad, esto es, artefacto teatral. Pocas veces la cuarta pared es tan del público sin perder el respeto esencial a los códigos del teatro. Casi nunca ocurre lo que pasa aquí: que el recurso artístico está al servicio de la historia y de los que la ven. Blanca Oteyza pasa como un ciclón cálido que atraviesa la obra como ser reconocible. La madre habla. Ella interpreta lo inolvidable. Lanza al público la pelota de la memoria compartida. Reconstruye en cada butaca lo que algún día pasó para ser siempre presente. El espectador coge ese balón por encantamiento y bota con los recuerdos de los tiempos de la ilusión. El hijo escucha el porvenir. La madre e hijo que son Blanca Oteyza y Miguel Ángel Solá reescriben la generosidad mutua que ya pasó y que solo volverá cuando otros vayan sumándose a la obra. Esto es el antes que Gil de Biedma retrató con aquello de: “Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde.” Una historia de amor de esas que piden a susurros: reloj no marques las horas. Una historia de amor de madre. Una historia de puta madRE. F. R. A.
Enviado por: Jordi / 16-03-2011 12:31
Me alegra saber que les está yendo bien, como colega y profundo admirador del trabajo que hacen y con la sencillez, humildad y cariño que lo hacen. Jordi
Enviado por: Félix / 15-03-2011 22:00
Una maravilla. Volvería a verla. Me emocionó hasta las lágrimas y reí como un crío.
Enviado por: Gabriel / 14-03-2011 16:32
Extraordinaria. Estuve ayer en El Escorial. Salimos del teatro en una nube de cariño. Nos encantó.
Enviado por: Maga / 06-03-2011 15:58
-Lo que no supimos decir nos dolerá eternamente y sólo el valor de un corazón abierto podrá librarnos de esta congoja. Nuestros encuentros en la vida son un momento fugaz que debemos aprovechar con la verdad de la palabra y la sutileza de los sentimientos-, escrito por Susana Tamaro en DONDE EL CORAZÓN TE LLEVE. Supongo que Tremblay quiere contarnos eso mismo con su obra, magnífica, inteligente, tierna, clara y bonita como pocas. Mi enhorabuena. Maga.
Enviado por: Jaime / 29-01-2011 11:21
Quedará en el recuerdo. Obra distinguida, lúcida, delicada. Magistralmente interpretada. Lo mejor que se ha presentado en el Principal en años, ¿quién diría?, con dos únicos actores, quiero decir: artistas.
Enviado por: María Barcas / 28-01-2011 14:59
Una maravilla. Gracias por el teatro que nos dais.
Enviado por: Amanda / 20-01-2011 10:22
He estado en el teatro Principal de valencia viéndoles y la obra volvió a transportarme a mi niñez al cariño sin fronteras no intereses. Son dos actores llenos de luz e ingenio. Mis amigos han quedado maravillados, y yo ilusionada por la pura ilusión.
Enviado por: Albert / 16-01-2011 16:11
¿Has visto alguna vez una obra de teatro que te haya emocionado? Realmente, ¿la has visto? Pues si tu respuesta es quizás o alguna vez o incluso nunca, tengo una obra de teatro para recomendarte, una obra que considero imperdible tanto por su dinamismo escénico como por su elenco mínimo, formado por dos actores de primer nivel: Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza. Pareja en la vida real, estos dos grandes actores, de facultades simbólicamente ambivalentes, nos regalan una hora y media del mejor teatro a través de pensamientos y emociones tan profundas como simples, de escenas inolvidables y risas incontenibles. La historia, escrita por Michel Tremblay, gira en torno a un ya maduro dramaturgo que evoca a su madre, de quien guarda un hondo recuerdo. El actor nos muestra a su madre tal cual él mismo la vivió, como su verdadera fuente inspiradora en la vida, dueña de un fuerte carácter maternal y un sentido de la vida sensible y perceptivo. Una mujer que le ha dado no sólo material para su carrera teatral. También ha sido trascendental como paradigma, por su conducta, por su vigor. Conmovedores en el sentido literal de la palabra, Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza nos dan una señal magistral de los valores que manejamos a diario y que parecen disiparse en la rutina, de la importancia del diálogo con los integrantes de la familia, de lo mucho que cuesta crecer y de lo fundamental que es relacionarse con los otros para desarrollarse personalmente. Moviéndose por el escenario con la naturalidad propia de la experiencia, nos conceden el obsequio de la reflexión, de saber que nunca es tarde para hacer lo que alguna vez deseamos y decir lo que muchas veces tuvimos que callar. Y lo mejor de todo, que la obra sigue todavía en cartel y que seguramente será un placer volver a verla. Ignacio Vanini. (La Tierra fugaz).
Enviado por: Jorge Fuentes / 11-01-2011 18:51
Fuimos el domingo y nos sentó fenomenal a todos.
Enviado por: Raquel / 10-01-2011 9:37
Realmente entrañable, todo un homenaje a las madres emmarcado en un proceso de crecimiento individual del protagonista. Fantásticas interpretaciones de ambos protagonistas. Teatro en estado puro, no se puede pedir más.
Enviado por: Lala / 01-01-2011 16:00
Me habéis devuelto a mi niñez y a mi madre. Feliz año nuevo. Muy feliz, os lo merecéis
Enviado por: Catalina / 31-12-2010 12:53
Es deliciosa y mucho más.
Enviado por: Eloy / 23-12-2010 0:29
Ternura que te envuelve y te gana. Magnífica.
Enviado por: Pedro / 17-12-2010 11:30
Entrañable. Magnífica. Imprescindible
Enviado por: Andrea / 13-12-2010 16:47
La inmortalidad existe. Existe para algunos pocos elegidos, pero existe. La mayoría de las veces porque esas mismas personas la han buscado, pero otras veces, se consigue sin quererlo, solamente por amor y este es el caso de esta obra. La inmortalidad de una mujer gracias al amor de su hijo. Un hijo que cree que todo el mundo debe conocerla, por ser una mujer especial. Realmente es especial y conocerla lo mejor que te puede pasar. Por el placer de volver a verla es el ejemplo más bonito de como alguien, por amor, consigue traer a esa persona que tanto añora de vuelta a la vida. Es el teatro dentro del teatro. Es Tremblay (o su equivalente en actor) presentando a esa mujer que tanto ama al público, recreando su vida otra vez, para ofrecerle el final que se merece, repleto de amor, de belleza y de honor. Sin atrezzo, sin más personajes que ellos dos. El escenario prácticamente vacío y aún así logras sumergirte del todo en la historia. Es la historia de amor más pura y sencilla contada a través del cuerpo de otros actores. Es muy difícil explicar la peculiaridad de esta obra de teatro. La verdad es que nunca había oído hablar de Michel Tremblay y ha sido con esta obra con la que he descubierto a uno de los escritores más emotivos que he tenido el placer de vivir. Me da la sensación de que Tremblay sufre un poco el síndrome de mamitis que sufría (o sufre) Almodóvar. Es una persona profundamente enamorada de su madre, tremendamente ligado a ella, para quien no existe nadie más y para quien nadie podrá ocupar su lugar. Normalmente suelo tener sentimientos de rechazo antes estos casos de mamitis tan exagerados, pero en esta obra se respira tanto amor, tantas ansias por hacer lo imposible por otra persona, tanta fuerza, que al final de la obra lo único que puedes hacer es llorar. Llorar y desear que algún día, alguien sea capaz de quererte de la misma manera y con la misma intensidad e intente por todos los medios recordarte e inmortalizarte una vez te hayas ido. Esta obra (título original Encore un fois, si vous le permettez), ha sido ganadora del premio Chalmers y del premio Dora Mavor Moore en el 2000. No es que sean premios súper famosos y fantásticos, pero ahí están. Fue escrito en solamente 3 días y ha sido traducida a más de 22 idiomas, siempre con una crítica excelente. Es sin duda la obra más desinteresada y mágica que he visto en mucho tiempo y una de las mejores maneras de pasar un viernes o sábado noche. ¿Por qué mola tanto la obra? Mola por muchas cosas, te ríes, lloras, te vuelves a reír y pasas un buen rato. Pero sobre todo mola porque escribiendo esta obra, Tremblay ha logrado que su madre resucite varias veces al día, en diferentes partes del mundo, cada vez que un teatro decide ofrecer su obra. Porque en el momento en que su madre está ahí, viva, delante de él, la hace feliz, la convierte en reina, se desvive por darle la despedida que no le pudo dar. Porque, especialmente al final, puedes sentir el amor que hay sobre el escenario, lo lejos que ha llegado una persona para demostrar amor, para inmortalizar a la persona más importante en su vida, para traerla una y otra vez a la vida y así no tener que decir adiós jamás de manera definitiva. Mola porque, durante los 90 minutos que dura la obra, te olvidas de ti, de tu situación, de tus problemas y preocupaciones, para convertirte en un mar de emociones. Vas a reírte mucho y vas a llorar mucho. Vas a sentir mucho. Y sentir tanto, hasta ser incapaz de hacer cualquier cosa que no sea sentir, es de las experiencias más enriquecedoras que hay, porque nada nos hace más humanos que sentir. La obra se puede ver en estos momentos en su segunda edición en el teatro Amaya de Madrid, Paseo. General Martínez Campos 9. La recomiendo encarecidamente. By Nat in Mola vivir otras historias Tags: teatro, emociones, artes escénicas, actuaciones http://cosasquemolan.com/author/cosasmolonas/ 22 Nov 2010
Enviado por: Daniel / 13-12-2010 16:46
POR EL PLACER DE VER TEATRO. Por eso mismo. Porque no es un género que uno frecuente. Por descubrir si todo lo que te cuentan de una obra, en este caso, ‘Por el Placer de volver a verla’, es cierto o no. Por adivinar si realmente él, Miguel Ángel Solá, es tan bueno como aparenta ser, y ella, Blanca Oteyza, se come las tablas. Por entender que una y otra realidad son ciertas. Por quedarte boquiabierto ante un monstruo de la escena como Solá, capaz de hacerte pasar de la carcajada y de la mueca feliz, abierta y sincera, al sobrecogimiento y al llanto. Por contenerte y no saltar al escenario para preguntarle al tipo cómo carajo es capaz de hacer esas cosas con una facilidad tan aparente que te deslumbra, aunque tras ella haya mucho, pero que mucho trabajo. Por contemplar lo feliz que es sobre el escenario, dirigiendo, sincronizando, conduciendo el ritmo de la obra con la mano de quien sabe que está ante amigos y que a ellos nunca podrá engañarles, porque a los amigos se les emociona, se les hace reír o llorar. Pero nunca se les engaña. Por deleitarte con Blanca Oteyza, su alter ego. Tan inmensa, sin techo ni límites. Por reconocer que ha llegado a un momento en el que es capaz de replicar a Solá, que es mucho replicar. Por caer rendido ante su gracia, desparpajo, expresiones y cambios de reacción. Por no levantarte del asiento y espetarle, a voz en grito: ‘¡Dios, pero ¿tú sabes lo que estás haciendo?!’ Por quedarte esperando su próxima salida, siempre mejor que la anterior, pero no que la siguiente. Por no entender cómo es posible que Solá y Oteyza tengan un reducto tan limpio, pero a la vez tan pequeño, mientras la mediocridad se extiende a su alrededor. Por reclamar esos espacios para volver a encontrarte con la esencia de las cosas, tan sencillas y difíciles de hacer. Por emocionarte sabiendo que para hacerte pasar un buen rato tan sólo es necesario dos personas con ganas de eso, sin más alardes que ellos mismos. Y que todo te lo agradezcan con un sincero, casi humilde, ‘gracias’. Por darles las gracias. Por todo. Y por el placer de volver a verles. Cuanto antes si es posible, por favor. http://victorfernandezcorreas.com/2010/11/por-el-placer-de-ver-teatro/
Enviado por: Ada / 13-12-2010 16:44
EL AIRE LIBRE DEL GRAN TEATRO. Hay días en los que la calle es una encerrona y hay que salir de ella para encontrar el aire libre. El pasado fin de semana fue el ejemplo perfecto de lo que digo y poner un pie en la calle era meter la mano en un avispero, con la algarabía, el gentío, con la profusión y confusión de banderas, de convicciones, ilusiones, falsetes, con la falta de horizonte (la masa no es transparente)… En fin, no era fácil encontrar entre las muchedumbres dueñas de la calle un agujero por el que salir de ella, una puerta hacia la singularidad, una silla, digamos, desde la que ver o paladear una idea, un sentimiento que no estuviera reblandecido por la salivación de políticos y/o embaucadores. De mí puedo decir que la encontré el sábado, pero podría haber sido también el domingo. Me refiero a la puerta para salir de la atestada calle y encontrar el aire libre. Era la puerta del Teatro Borràs, donde se representa una obra de título imbatible: “Por el placer de volver a verla”. Frente a la aglomeración de fuera, allí, en la escena, sólo había dos personas, él y ella, pero no necesitaron más que unos cuántos minutos para multiplicar por cien la autenticidad, la idea, el sentimiento y el vínculo con el meollo con el ser humano, que no es, precisamente, algo que pueda ser envuelto un día o dos, o más, en una bandera, sea bicolor, tricolor, de barras, con o sin estrellas… Una vez allí, e el teatro, el actor Miguel Ángel Solá consigue reducir toda la complejidad del mundo a algo tan delgado y transmisor como un cordón umbilical: la evocación (quizá, invocación) de la madre, al espíritu, la personalidad, el carácter y la cháchara de quien quiso convertir tus naipes en castillo, una palabrería y una personalidad a las que les da cuerda Blanca Oteyza llevando la escena a ese terreno limpio, aromático, recién horneado de la añoranza. Un prodigio en la escena. Solá, su personaje, empequeñece de nostalgia, mientras que Oteyza, su evocación, crece y florece con el riego aspersor de la melancolía. Decía ayer Solá en una magnífica entrevista que a nadie le gusta ser menos de lo que fue. Lo decía de sí mismo, a propósito de unas rajaduras de tristeza que se le han quedado pegadas en la cara tras sus dos graves accidentes y sus secuelas, pero tal corolario, tal inapelable verdad, tiene su mejor lectura y su mejor versión en el propio placer de verlos en el Teatro Borràs, donde de un modo sencillo, entrañable y fascinante te muestran el camino para comprender y aceptar lo que eres mientras miras con los ojos vueltos a lo que eras. Y así, por escapar de la farsa callejera, es como uno fue a caer en el gran teatro. El aire libre del Gran Teatro. Oti Rodríguez Marchante. ABC Barcelona.
Enviado por: Fermín / 09-12-2010 12:56
Fuera de lo común, el texto, el contexto y la actuación. Nos resultó corta, queríamos más. Una noche muy entrañable, llena de recuerdos y de diálogo luego. Gracias
Enviado por: Hans / 07-12-2010 14:48
Una maravilla. Bonita y llena de cariño en un tiempo que sólo nos regala odio.
Enviado por: Marcos Zubiría Algorta / 03-12-2010 0:31
Extraordinaria manera de recordarnos que en el fondo instintivo de nuestro ser no pensamos, sino que sentimos. Obra de incalculable valor para el hombre. Y dos acores como las copas de los más altos pinos. Mi enhorabuena y la de toda mi familia.
Enviado por: Alicia / 02-12-2010 14:39
Hola, quería transmitir al Teatro Amaya y por supuesto a los actores Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza mis felicitaciones por el resultado de la obra teatral Por el placer de volver a verla. He tenido la suerte de llegar a verla en octubre gracias a que la volvisteis a representar y voy a tener la suerte de experimentar el placer de volver a verla y a verlos porque alargáis la representación hasta enero. Hay pocas cosas en la vida que te den tal sabor de boca como una buena obra de teatro, una buenísima interpretación y un mensaje hermoso y simplemente vital, como el de dicha obra: "alguien es único cuando crea en el otro el placer de volver a verle". Gracias por poner voz, gestos y espíritu a los personajes que durante una hora y media me han hecho, sencillamente, feliz. Saludos, Alicia.
Enviado por: Chema / 01-12-2010 13:29
Si Broadway hablara español, los luminosos con los nombres de Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza serían del tamaño XXL. Por suerte para nosotros la obra se representa en el teatro Amaya de Madrid después de haber recorrido con éxito gran parte del territorio nacional. El autor de “Por el placer de volver a verla” es el canadiense Michel Tremblay y la obra es un magistral homenaje a la memoria de su madre. Utilizar un escenario para contar todo aquello que no le dijo en vida podría resultar un “pastelón” de no ser por el talento del autor que fabrica un texto lleno de aciertos. La dirección de Manuel González Gil y la interpretación de la pareja protagonista redondean una obra excelente. Miguel Ángel Solá sale a escena en vaqueros y camisa azul que no se cambiará en toda la representación y se dirige a “la cuarta pared” como recurso narrativo enganchando al espectador desde el primer momento; salvo un buen texto, no necesita nada especial, es así de enorme. Puede hacernos creer que tiene once años, catorce, veinte… si se lo propusiera sería capaz de interpretar a Tarzán, Jane y la mona Chita y hacer perfectamente creíbles a los tres. Blanca Oteyza es esa madre a veces histérica, otras dulce, que encierra todas las madres en una. La madre amiga, compañera, cómplice y referente, como relación claramente edípica del autor. Su Nana es un bombón de papel, y ella, un marrón glacé de la escena. La obra tiene todos los ingredientes para durar varios años como ya sucedió con “Adán y Eva”. Gracias "por el inmenso placer de volver a veros”. Publicado por Pedro Rubio. http://milleches.blogspot.com/2010/11/ Thursday, November 25, 2010
Enviado por: Yazmina / 25-11-2010 15:55
La acción transcurre en el corazón del mundo que conocemos de memoria, me explicaba mi tío Jose, te ríes mucho como en la vida y derramas alguna lagrimilla de ternura, como cuando te regalé a Fito (mi compañero durante seis años hasta que se escapó), y luego volvemos a casa tan contentos y preparamos unos solomillos con una mixta de tomate, cebolla y lechuga. Pero, además nos quedamos en silencio tras una buena charla pensando en Clara (mi mamá y su hermana) y en la abuela (su mamá) y terminamos diciendo a la de una: ¡coño que han vivido una buena vida, poca, mucha, pero muy buena! Nos han querido y las hemos querido hasta decir basta. Y basta. Terminó el cuento. Luego, a dormir y sueñas con ellas también, una vez, no más, al día siguiente me cuentas el sueño y luego les prendemos una vela blanca para que descansen en paz y las seguimos recordando como lo mejor que nos dio la vida. Así es la función. No me gusta llorar pero quiero ir a verla.
Enviado por: Mariona / 24-11-2010 12:11
Excelentes actores en una función necesaria. Vivimos en un tiempo que publicita y promociona lo peor de los mejores y lo mejor de los peores. Esta función es un bálsamo que no responde a la realidad bastarda que nos pintan sino que nos habla de cariño sin fecha de caducidad. Necesaria, sí. Muy necesaria.
Enviado por: Aníbal / 22-11-2010 16:54
Muy buena. La pasé genial.
Enviado por: Leda / 22-11-2010 16:53
Deliciosa, llena de gracia y emoción y buen gusto; así es esta función que recomiendo a todos.
Enviado por: Javier y Rosa / 22-11-2010 13:41
Bravo. Gran trabajo de los actores. Pasamos una velada estupenda.
Enviado por: Rubén y Carlos Maitiaga / 20-11-2010 13:57
Son dos fenómenos. Nos gustó a rabiar. Somos uruguayos y estamos de paseo y ya hemos visto cuatro espectáculos en Madrid, y museos, y caminado como peregrinos, en siete días no hemos parado. La ciudad es muy bonita y la hemos pasado muy bien aquí. Ya nos volvemos con todos buenos recuerdos. Nuestras felicitaciones para Solá y Oteyza que son maravillosos. Y muchas gracias por todo, madrileños.
Enviado por: Andrés / 19-11-2010 12:25
Excepcional.
Enviado por: Claudio / 16-11-2010 17:41
La vi ayer Lunes en Ávila, en un Auditorio gigantesco yrepleto de gente. ¡Qué gozada de función y de público! Hemos reído llorado y aplaudido como críos. Muy buena, muy honda, muy entrañable, volveré a verles en Madrid, ya que vivo allí, y con mi madre, porque no me quiero perder su cara, ni su alegría ni sus lágrimas, porque la nuestra ha sido una historia similar. ¡Una gozada, repito, una gozada!
Enviado por: Mario / 16-11-2010 17:15
Absolutamente de acuerdo, es una función que debe verla mucha gente que necesita volver a sentir a través del teatro. Es lo mejor de todo lo que he visto este año de lejos.
Enviado por: Juan Bautista / 15-11-2010 13:38
Son dos genios llenos de luz.
Enviado por: Raquel / 09-11-2010 13:58
Enhorabuena, es magnífica y repetiré con gente a la que quiero y necesita que le hablen así. Gracias.
Enviado por: Carmiña / 08-11-2010 14:23
Elegante, bonita, sentimental y llena de amor por nosotras, las madres. Gracias por vernos de otra manera.
Enviado por: Susana / 07-11-2010 23:57
Yo no odría haberlo escrito mejor. POR EL PLACER DE VER TEATRO. Por eso mismo. Porque no es un género que uno frecuente. Por descubrir si todo lo que te cuentan de una obra, en este caso, ‘Por el Placer de volver a verla’, es cierto o no. Por adivinar si realmente él, Miguel Ángel Solá, es tan bueno como aparenta ser, y ella, Blanca Oteyza, se come las tablas. Por entender que una y otra realidad son ciertas. Por quedarte boquiabierto ante un monstruo de la escena como Solá, capaz de hacerte pasar de la carcajada y de la mueca feliz, abierta y sincera, al sobrecogimiento y al llanto. Por contenerte y no saltar al escenario para preguntarle al tipo cómo carajo es capaz de hacer esas cosas con una facilidad tan aparente que te deslumbra, aunque tras ella haya mucho, pero que mucho trabajo. Por contemplar lo feliz que es sobre el escenario, dirigiendo, sincronizando, conduciendo el ritmo de la obra con la mano de quien sabe que está ante amigos y que a ellos nunca podrá engañarles, porque a los amigos se les emociona, se les hace reír o llorar. Pero nunca se les engaña. Por deleitarte con Blanca Oteyza, su alter ego. Tan inmensa, sin techo ni límites. Por reconocer que ha llegado a un momento en el que es capaz de replicar a Solá, que es mucho replicar. Por caer rendido ante su gracia, desparpajo, expresiones y cambios de reacción. Por no levantarte del asiento y espetarle, a voz en grito: “¡Dios, pero ¿tú sabes lo que estás haciendo?”! Por quedarte esperando su próxima salida, siempre mejor que la anterior, pero no que la siguiente. Por no entender cómo es posible que Solá y Oteyza tengan un reducto tan limpio, pero a la vez tan pequeño, mientras la mediocridad se extiende a su alrededor. Por reclamar esos espacios para volver a encontrarte con la esencia de las cosas, tan sencillas y difíciles de hacer. Por emocionarte sabiendo que para hacerte pasar un buen rato tan sólo es necesario dos personas con ganas de eso, sin más alardes que ellos mismos. Y que todo te lo agradezcan con un sincero, casi humilde, “gracias”. Por darles las gracias. Por todo. Y por el placer de volver a verles. Cuanto antes si es posible, por favor. http://victorfernandezcorreas.com/2010/11/por-el-placer-de-ver-teatro/
Enviado por: Alejo / 04-11-2010 15:51
Me ha encantado. De lo mejor que he visto en teatro y en cine.
Enviado por: Maribel / 04-11-2010 12:29
Fuimos a ver la obra por lo escrito en esta página. ¡Gracias! MARIBEL
Enviado por: Julio Vargas / 03-11-2010 17:01
Los actores son de otra escuela, de otra raza, de otra creencia. Saben conmover sin prepararse, sin forzar, sin técnica a la vista, como yo sueño llegar a actuar alguna vez. Todo les brota naturalmente y pulsan la tecla exacta del espectador entregado, y así pasa lo que pasa con sus obras. Y el director ha de ser un sabio. Salí apasionado una vez más por el teatro. Julio
Enviado por: Luis / 02-11-2010 17:40
Excelente. Gran teatro, con lo esencial: talento, talento y talento. Recomiendo esta función. Ir con hijos y con personas queridas, la sobremesa es de antología. La gente de a pie se apasiona con esta obra porque es muy buena. Hace bien porque la hacen bien. Luis
Enviado por: Ana, Félix y Belén / 02-11-2010 17:38
La obra es una pasada. Nos encantó. Repetiríamos pero ya estamos en Santander. Ir a verla, es muy bonita. Félix, Ana y Belén
Enviado por: Claudio / 02-11-2010 17:37
Volveré... no hay dos sin tres. Claudio
Enviado por: Begoña / 02-11-2010 12:48
Soberbia obra de teatro de M.A. Solá y B. Oteyza. Sencillamente magistral. Begoña Fleitas
Enviado por: Familia Pal Martín / 02-11-2010 12:17
Estupenda. Nos la recomendaron y la recomendamos.
Enviado por: Rafaela Ampure / 01-11-2010 23:24
Gracias por una noche tan deliciosa. Rafaela.
Enviado por: Marcia / 01-11-2010 23:23
Muy buena, dan ganas de volver a verla. Te despierta cosas tristes pero son muchas más las bonitas, las tiernas, las que te gustaría seguir sintiendo siempre. Mi marido opina igual, Nos han transportado a tiempos en los que no teníamos que ganarnos la vida y estar permanentemente atiborrados de trabajo y pensamientos grises. Tiempos en los que la responsabilidad era de madre y padre. Ha sido una evocación con todas las letras. Los actores son de otro mundo. Marcia Leal.
Enviado por: Teresa / 31-10-2010 23:01
Dos actores que nunca defraudan y una obra de teatro absolutamente grata y recomendable. Lo mejor que se ha visto en la escena de Madrid en este año. No se la debería perder nadie que quiera al teatro.
Enviado por: Eleonora / 31-10-2010 23:01
Una obra llena de sensibilidad y alegría. Y un lujo poder ver a Solá y Oteyza otra vez en escena. Eleonora.
Enviado por: Eli / 28-10-2010 12:11
Excelente. La recomiendo para ir con toda la familia, digamos a partir de los trece catorce años. No tiene nada de feo, pero es muy emotiva y quizás a los más pequeños les de cosa. Pero mi adhesión es absoluta porque, además, despierta mucho diálogo y recuerdos. Ellos, insuperables. Eli.
Enviado por: Rafael / 27-10-2010 13:58
Excelente interpretación y una obra que nos exige darnos más a la ternura, a la atención, al honrar la vida desde los lugares que uno se atreva a atesorar. Yo mantengo una relación muy parecida con mi madre; ella y sus ochenta y tres aún me dan batalla, preciosa batalla. Faltará alguna vez, pero, nunca faltará. Entiendo al autor, entiendo que decida inmortalizarla. Qué manera original y dulce halló. Rafael.
Enviado por: Familia Palomares / 26-10-2010 13:41
Nos gustó mucho la obra y los actores nos emocionaron hasta las lágrimas. Os recomendamos ir a verla. Javier, Margarita, Fernando y Alicia Palomares
Enviado por: Laura / 26-10-2010 13:03
Lo mejor que hay en cartel. Calidad, calidez, claridad, creatividad, sencillez, y dos actores como la copa de un pino alto,alto,altísimo. He visto casi todo el teatro de Madrid. Ni hay color ni hay calor parecidos.
Enviado por: León / 25-10-2010 18:08
El teatro es a veces un milagro. Por el placer de volver a verla es ese a veces. Tarde tan bonita como pocas, milagro de cariño y de juntos como una piña. Mi madre no terminará de agradecer la tarde de ayer domingo que pasamos ella y sus siete hijos, todos disputándonos el lugar de preferido. Gané yo por supuesto.
Enviado por: Ignacio / 25-10-2010 16:17
El bien se difunde por sí mismo. Y el que se ve enriquecido con un bien, desea comunicarlo por la tendencia de tal bien a expandirse, como sucede con la luz. La tarea del beneficiado es la de transmitirlo a las gentes de modo que se comunique lo mejor al mayor número. Dos grandes actores, Blanca Oteyza y Miguel Ángel Solá, me han hecho bien a través de un texto tierno, al alcance de todos, sencillo y por eso profundo, que habla de cosas que dan sentido a la vida, cosas por las que merece la pena vivir. Yo cumplo conmigo y con el bien que me han hecho. Ignacio
Enviado por: Sophie / 25-10-2010 16:15
¡A mí me gustó muchísimo! Tanto Miguel Ángel Solá como Blanca Oteyza están descomunales en sus personajes, ¡cómo sólo dos personas pueden llenar un escenario de esa forma! Sus actuaciones y el argumento hacen que esa sencilla escenografía sea mágica simplemente con un juego de colores. Los colores de un gran amor como dice Anna Barjau en su crítica. Una obra que lo tiene todo, que te saca risas y lágrimas. Y que te deja con una cosa aquí dentro tan bonita. Me encantó, me encantó. Y la recomiendo como Anna. Sophie
Enviado por: Brandon / 24-10-2010 22:10
Buen teatro con pocos elementos escénicos. Texto fresco y natural. Nos cuenta una realidad que no suele contarse, la de las ilusiones y las verdades de uno con otro. Inmejorable interpretación. Brandon.
Enviado por: María Elena / 23-10-2010 0:16
Comentar que me encantó y que salí bastante emocionada es repetir lo que todos dicen aquí, pero, eso ocurrió conmigo. Parece, realmente, que el actor lo haya escrito para su madre, sales con esa impresión. Miguel Angel Solá hace suyo el personaje de tal manera que ya no sólo estás escuchando al adulto sino que vas viendo al niño, al adolescente y al joven dentro de la relación con su madre. En cuanto a Blanca Oteyza se supera con respecto al diario de Adán y Eva, que es mucho decir y tiene momentos antológicos. No soy de lágrima fácil, pero la obra me llegó a emocionar y salí del teatro con la sensación de haber visto teatro de verdad, no a actores de televisión o de cine actuando personajes que no sienten ni hacen suyos. Quienes quieran buen teatro, aquí lo hay a mares.
Enviado por: Victoria / 22-10-2010 23:36
Divertida, emotiva, original y con mucho fondo. Nos hemos reído, hemos llorado y hemos pasado un rato inolvidable. Enhorabuena a los actores y al guionista, por una historia tan bonita y tan única como es la de una relación de una madre con su hijo.
Enviado por: Bernardo / 22-10-2010 15:38
Son de otro planeta. Hablan de corazón a corazón y no les da pudor hacerlo. Viví una noche formidable, plagada de recuerdos y de madre. Llegué a casa y me puse a escribir sobre ella, las anécdotas, me sorprendió la mañana y la felicidad de estar vivo. Gran obra, grandes ellos, actor y actriz, gran director. Y mi madre. Y yo. Berni
Enviado por: Lalia / 20-10-2010 12:18
Muy buena. Me pareció muy tierna y muy necesaria, revive lo indispensable para cualquiera, el cariño, el afecto incondicional, esa protección de la que carecemos una vez echados a volar. Quien no aprendió a querer sin condiciones, no podrá enseñar a querer sin condiciones. Me encantó la interpretación, la música y el escenario prácticamente vacío pero lleno de vida. Lalia
Enviado por: Liliana / 19-10-2010 11:47
Dos actores con mayúsculas en una interpretación magistral. Una historia de amor que enternece a una piedra, mi marido, por ejemplo. Liliana.
Enviado por: Araceli / 17-10-2010 14:17
Nos ha encantado, está hecha con unas ganas de que el espectador salga pleno que no debemos menos que agradecer el momento que nos han hecho pasar. Hemos salido como todos, emocionados, con el sabor de las lágrimas y el eco de las risas. Mi enhorabuena a los actores y al teatro.
Enviado por: Julio / 14-10-2010 20:12
La obra es formidable, te queda dando vueltas. Han pasado ya dos semanas y ahí está conmigo, o, entre mis pensamientos y yo. Lo dicho: con talento, échenme a los leones que solo me las apaño. Julio
Enviado por: Conchi / 14-10-2010 13:20
Perdí a mi madre el 6 de enero pasado, los Reyes se llevaron el mejor regalo que había recibido en la vida. Fue algo muy rápido, afortunadamente sufrió un tránsito que firmaría yo sin dudarlo. Lo último que me dijo fue: te quiero, hija. Siempre me quiso, como la Nana de la obra, exagerada, caótica, de una sobre dimensión de las cosas y una inventiva inagotable, guapa, siempre arreglada, siempre de punta en blanco, siempre amable, a menos que algo o alguien amenazaran la seguridad de sus hijos. Somos tres, todos protegidos de la misma manera, pero yo he sido siempre un poco la mimada, la peque, la cachorra. Cuando se fue me quedó un vacío espacial en el corazón, la sensación de quedar flotando a la deriva, ingrávida. Calma, pero atónita, pasmada. La vida continuaba, o algo parecido que sin ella no era la vida conocida. Promedio la treintena y sé de la vida muchas cosas, pero aún no he podido sobreponerme a esa sensación, me falta suelo, me falta mi madre. Quizás sea pronto todavía. Fui a ver la obra sin saber de qué iba, de haberlo sabido no hubiese aceptado la invitación, pero, la vida es tan caja de sorpresas como el teatro. Me emocionó desde el comienzo hasta el final. Lloré como hacía mucho tiempo no lloraba, y reí de la misma manera y aplaudí a más no poder. La función me sacó un poco de ese estado catatónico que me envolvía y me ha hecho bien. Mi madre jamás podría haber estado mejor representada, y él es un ángel. Nada, que me lo he pasado como pocas veces, que me han devuelto mucha de la alegría que me faltaba, que el teatro no siempre es así pero que cuando es así pasa lo que pasa y algo cambia en tu vida o algo vuelve a tu vida. El teatro y los libros logran eso, cuando es teatro y cuando son libros. Gracias. Conchi
Enviado por: Lucía / 09-10-2010 10:20
Nos encantó. Mis hijos han reido y llorado, cuando la únicallorona de la casa siempre he sido yo. Que obra fina, que delicada y que buenos actores han elegido. Me he sentido importante ante mis hijos, creo que para siempre.
Enviado por: Eduardo / 06-10-2010 14:29
No coincido con el señor Castro en dos frases puntuales: ‘el tono infantiloide mantenido por Solá a lo largo de la obra’, que no es tal, porque Miguel personaje crece a soplos de edades: niño, preadolescente, joven, y así desde los once hasta los veintiséis años, en que queda huérfano de su madre. Otro punto en el que disiento es que trate como defecto la aspiración del personaje a no crecer, a 'quedarse' en Peter Pan, ya que allí radica la coherencia del personaje hasta la muerte de su madre. No quiere crecer. Lo dice, además. Y lo recalca en dos oportunidades: “A los veinte, empezó a angustiarme la vida; no quería crecer.), y también antes del final cuando enumera los “clavos” que ha heredado de su madre: “esa manta con la que aún suelo taparme”. Se niega a crecer para seguir siendo ese hijo preferido, ese “compi” incondicional de Nana. Ya crecerá luego (quien conozca la biografía de Tremblay podrá encontrarse, entre la muerte de su madre y su hoy, con un puntal de la cultura del norte de América y un infatigable luchador por los derechos de las minorías). Todo un hombre. Una última cosa que me parece una virtud de la obra es su despojado escenario y sus cromatismos, hallazgo y mérito de la visión de un director que manda a los actores a hacer sus acrobacias sin red. De todos modos me parece una buena crítica que apuntala al teatro en general y ayuda al espectáculo en particular en estos tiempos tan oscuros. E.A.V.
Enviado por: Eduardo Arriaga Valls / 06-10-2010 13:52
Lo han logrado otra vez. Es tal el respeto por el espectador, y por el teatro, que dejan en uno la sensación de haber tocado el meollo de las cosas con dos agujas y una madeja. Son de una imaginación y de una integridad artística que fascina a cualquiera. Estos actores entran en relación directa con la masa de público que los sigue, y, al mismo tiempo, con la persona individuo, hecha de un cuerpo y de un espíritu mezclados e indivisibles en el acto de sufrir y gozar. Ellos parecen saber cómo y cuando, y en qué cantidad debe administrarse la poción mágica que abre el canal del amor que permite tales cosas, y lo hacen siendo la imagen y el modelo de un torrente empático que cabalga instalado en la juntura de los seres hasta que el telón cae. La de ellos es una tesitura emocional. Única. No hay otros que la practiquen con tal limpieza. Ayer el Auditorio cerró sus puertas con la satisfacción inmensa de haber albergado lo inmensamente bien concebido. E. Arriaga Valls.
Enviado por: Pasión / 04-10-2010 19:25
Maravillosa noche de teatro. Gracias
Enviado por: Héctor / 29-09-2010 16:08
Interpretaciones excelentes. Solá en el gran nivel que lo caracteriza y Blanca Oteyza, para comértela: magnífica, encantadora y emocionante. Una obra sencilla, humana, emotiva, excelente, escrita con el corazón. Muy recomendable. Héctor.
Enviado por: Berta / 27-09-2010 15:20
Emocionada. Estoy emocionada por tanta dignidad escénica y porque me han apabullado desde la más profunda sencillez. Y porque me han devuelto ánimos y colmado de recuerdos y cariño. Y porque me han obligado a sentir la alegría de estar viva, cumpliendo mis sesenta y dos de la mejor de las maneras: viendo a dos colegas maravillosos sirviéndome una mesa repleta de ilusiones. Ourense no se olvidará de vosotros, ni yo, jamás. Berta
Enviado por: Charo / 25-09-2010 13:02
Oteyza está que se sale, y él es un rey. La obra es para llevársela con una a su casa y sentar a todos para que la vean una y otra vez, a ver si logramos un algo de respeto y cariño en vida, nosotras, las inaguantables brujas del hogar. Charo
Enviado por: Julio / 24-09-2010 23:06
Teatro, teatro y más teatro en el Rosalía. Sencillez y rigor sin superficialidades, con lo exactamente justo, la representación se crece por el ingenioso texto y la inteligencia, tanto de los actores para comunicar como del público para asimilar y responder. La corriente emocional que llegamos a sentir en esos cien minutos de obra gracias a la conjunción de estos elementos fue arrebatadora. Me entusiasmó ella. Y él. No es que sean cómplices, son un único árbol y tan diferentes. Me entusiasmaron, (soy actor y escritor, o lo pretendo desde hace muchos años sin desmayar) las reflexiones sobre el teatro, el espectador y los actores. Me entusiasmó el grado de influencia que logra directa e indirectamente esa madre sobre su hijo, con su machacón pensamiento casero cargado del milagroso ¡levántate y anda!. Me entusiasmó el relato del hijo, su capacidad de enternecernos, de despertar nuestras ganas de querer como se debe querer; y su osadía de imitar a su madre con el ¡levántate y anda! del que hablaba antes, en esa escena final (no quiero desvelar nada), que es categórica, que es el sello de la casa matriz, como en El diario de Adán y Eva la imagen final. Qué coraje le ponen estos tres nombres propios al teatro que hacen so riesgo de caerles cursis a los que saben tanto de todo. Yo tenía a uno de esos a mi izquierda que no aguantó ese final deseado, y que comentó: ¡buáh!, en un tono exagerado como para romper el encanto a su alrededor. Fue luego también el único de mi sector en no ponerse en pie, ni aplaudir, ni vivar el espectáculo. En cambio, para mí, poder darle un final así a quien se quiere con el alma es sencillamente transgresor. En una época que rechaza el poder del deseo de la poesía y que todo lo subordina al patético realismo que nos oprime como una puerta los dedos, para mí ese final, repito a gritos, es transgresor. Tras haber llorado de tristeza, me encontré secando mis lágrimas de alegría que son bien diferentes. ¿Qué importaba ese en definitiva pobre de espíritu que luchó a brazo partido por aburrirse, por aislarse, por negar toda nuestra felicidad y aprobación? Los actores son de otra escuela, de otra raza, de otra creencia, de otro trato. Saben conmover sin prepararse, sin forzar, sin técnica a la vista, como yo sueño llegar a actuar alguna vez. Todo les brota naturalmente y pulsan la tecla exacta del espectador entregado, y así pasa lo que pasa con sus obras. Y el director ha de ser un sabio. Salí apasionado una vez más por el teatro. Y mi novia pide que diga que daría su vida en este instante por dejar ese recuerdo en los hijos que aún no hemos tenido. ¡Qué bonito mi niña, lo más grande de este escrito! Julio
Enviado por: César / 22-09-2010 0:41
Una obra para descubrir. Y también para descubrirte. Te hace entrar en el mundo de tu madre sin ponerte en guardia. Por momentos te agobia cuando sientes que no has estado a la altura de tanto cariño, pero en otros comprendes que solo eres un hijo, y ella una madre, y que cada oficio se aprende equivocándose y muy de vez en cuando acertando. Salí del teatro y qué hice: la llamé y me fui a verla. Está con el guapo subido, con buena salud y una lucidez de aúpa. Y le hizo mucha ilusión que apareciera en casa por la noche, porque desde hace unos años las noches mías no son para ella, que, en fin: hablamos y picamos y bebimos. Es una pena que no se queden unos días más. Me hubiera gustado repetir con ella a mi lado. Noche completa y bonita de verdad. César Valle Celis.
Enviado por: Rubén Delgado / 15-09-2010 17:23
Es sensacional. Soy argentino y me piro por Solá porque es el gran actor de mi tierra, pero, esta vez, la gallega me mató. Es la supermamá y es tan lindo verla actuar. Hace seis años, en El diario de Adán y Eva que vi tres veces y donde a Solá le faltaba tocar el saxo con los dedos de los pies, ella se mantenía elegante, vital, bonita como ella sola, alegre, y estaba fantástica; pero ahora es un genio. Que lindo ver que pasan los años y siguen juntos, haciendo estas bellezas. Esta es emocionante y buena para el corazón de cualquiera que ande lejos de los viejos como yo, y para cualquiera que los tenga cerca y se olvide de darles la bola que merecen. Y para aquellos que no los tienen ni cerca ni lejos debe ser un bombazo. Soy adicto a esta pareja de actores. Vayan a verlos. Es lo mejor que puedo desearles. Rubén.
Enviado por: Santo / 15-09-2010 17:16
La recomiendo. Fui prácticamente “arrastrado” al teatro por mi mujer y mis hijas que ya la habían visto. Reí y también tuve que llorar (y no me da tanto apuro el decirlo) pero con tantas ganas como hacía mucho, desde la muerte de mi Panchi, la bendita que me crió. A falta de padres ella lo fue todo para mí; y, por momentos, los del escenario éramos nosotros: ella una mujer que no paraba de trabajar y de contestar con paciencia de santa a todas mis preguntas y yo, una mosca cojonera de cuidado, que salió bueno gracias a ella. Me hizo mucho bien ese teatro; hasta fue bueno para todos el que mis hijas me viesen llorar que era hora, y reír, que, con lo de la crisis parezco un ayatolá. Los comentarios llevan razón: no os la perdáis. Santo
Enviado por: José / 06-09-2010 12:08
Se llora, se ríe y se aprende. Es un espectáculo tan sencillo como iluminador. Luminoso Solá; encendida y conmovedora Oteyza; sois únicos y magníficos. Os aplaudí en Santander y en el Guimerá, y, os aplaudí, insisto, hasta con rabia de no saber dar palmas realmente poderosas para corresponderos. ¡Que viva el teatro que hacéis! José
Enviado por: Beatriz / 04-09-2010 13:59
Les vi ayer en el Guimerá de Tenerife, en su reapertura, ¡qué gozada!, cómo han hecho vibrar a ese teatro repleto hasta el paraíso. No exagero: han salido a saludar seis veces y el señor Solá tuvo que cortar el aplauso para hablarnos, pero cuando finalizó el aplauso continuó un minuto más con el telón bajo. Los Amigos del Guimerá felicitamos con a la señora Concha Busto, productora del espectáculo por haber traído esta maravillosa función de teatro. El teatro (804 butacas) a tope en las dos fuciones, y se ha de quedar mucha gente sin ver Por el placer de volver a verla porque las llamadas son incesantes. Mi enhorabuena a actores y director y técnicos, y mi alegría porque nuestro querido Guimerá ha quedado como nuevo. Beatriz Hidalgo.
Enviado por: CARLOTA / 26-08-2010 19:46
Hace varios años en Buenos Aires con "Hoy: el Diario de Adan y Eva de Mark Twain" y ahora, del otro lado del Océano Atlántico, en Barcelona, con "Por el placer de volver a verla" tuve la maravillosa experiencia de sentir las emociones más diversas dentro de un teatro. Sus interpretaciones hacen de las obras de teatro una verdadera obra de arte. A esto tengo que agregar que con esta última obra han dejado en mi un mensaje de incalculable valor. Muchas gracias!!! :)
Enviado por: Martín / 01-08-2010 12:36
Me gustó mucho. Y mi mujer terminó en puro llanto. Enhorabuena
Enviado por: Tomás / 01-08-2010 12:18
No pude llevar a mi madre porque ya no puede estar sentada en una butaca mucho tiempo; pero la función me encantó, me sacudió, me hizo sentir y pensar. Indirectamente supongo, porque la obra no toca ningún tema revulsivo. Aunque quizás no haya mayor revulsivo que el cariño admitido y asumido cuando éste deja de estar ahí a la mano, al tacto, a la vista, al oído, como es el caso de quienes han perdido a su madre. Mi madre lo ha sido todo para mí que crecí sin padre en casa; pero un Alzheimer me la ha ido quitando y sigue quitándomela casi todo el tiempo. A veces, en sus ojos, distingo un brillo que dice “hijo…”; y muy en el fondo de esos ojos veo a mi madre en un tiempo feliz, bailando, cantando, ilusionándose e ilusionándome con una vida que no fue nada fácil para ella. Y guapa, tanto o más que la actriz que interpretaba el papel de “mi” madre. La obra ha calado profundo en mí. Por las razones que tanto quiero a esa madre extraordinaria que disfruté a tope cuarenta años, y que hoy, cuando me besa en la mejilla, quiero creer, mejor dicho: sé que aún sabe quien soy. La función inusual, rica, llena de calor, mágica. Todos en pie en una sala abarrotada y no de las pequeñas. Todos agradecidos. Yo el que más. Tomás.
Enviado por: Ada / 30-07-2010 12:49
La función es extraordinaria, sus actores, su texto, todo. Es una obra deliciosa, sencilla, de una sensibilidad a flor de piel, agradable, bien llevada. Ella: una sorpresa de actriz; él: inteligente, completo. . Es un plan que encaja perfecto para padres, hijos y abuelos. Me fascinó Por el placer de volver a verla. Y volveré.
Enviado por: Helena / 25-07-2010 16:09
Una maravilla de función. La vida pasando como una luz, esa que ilumina las treinta cosas importantes, las mil palabras que nos dieron la vida, la identidad y la belleza de la comprensión. Noche inolvidable para muchos. Ella y él nos han arrebatado con su arte en el escenario, y, más tarde, con su sencillez a la salida del teatro Borràs. Ha sido una noche de alegría por muchas razones; el saber que la vida vale la pena, pase lo que pase, la primera. Helena.


OPINIÓN
La "maldición del número uno"
Sara Medialdea
La "maldición del número uno"
La educación. Estaba en su programa
Javier López
La educación. Estaba en su programa
Errores o delitos y faltas
Pedro Fernández Vicente
Errores o delitos y faltas
Eurovegas, sí
Mara Colás
Eurovegas, sí
La industria, clave en la superación de la crisis
Carmelo Ruiz de la Hermosa
La industria, clave en la superación de la crisis
"El Rafita", "El Ramoncín"...
Ángel del Río
"El Rafita", "El Ramoncín"...
Nueve años en el infierno
Sara Medialdea
Nueve años en el infierno