El comercio en la Gran Vía ha experimentado (y sufrido, en algunos casos) una gran transformación. El paso del tiempo y la evolución social ha provocado una colonización de grandes marcas en la que antes fue una calle selecta.
Florencio Delgado, presidente de la Asociación de Comerciantes de la Gran Vía, acompaña a
Madridiario en el paseo que está realizando por esta calle centenaria. La asociación ha sido una de las impulsoras de la onomástica. Creó una comisión y convenció al Rey Juan Carlos I para que presidiese la celebración.

La Gran Vía comenzó siendo una calle comercial donde se dieron cita desde el princpio las mejores tiendas. Se concibió como un espacio de glamour y tendencias.
Pasó de ser un espacio de inspiración parisina a plantearse como una vía de estilo neoyorquino, aunque con calzadas muy estrechas y edificios de una altura relativamente baja (a pesar de que tenía algunos de los rascacielos más altos del mundo). Conforme pasaron los años, fueron objeto de la evolución social y del ocio.

El comercio creció, primero con el teatro y las variedades, y luego con el cine. "Madrid tenía en esta calle una de las mayores concentraciones de cines de Europa. Miles de espectadores que arrastraron el interés del comercio". Nacieron cafeterías, restaurantes, joyerías, bares y tiendas de lujo. Los concesionarios de coches presentaban allí sus novedades. Los escaparates marcaban vanguardia en el selecto paseo. "Se ofrecía un trato al cliente impensable hoy día. Por ejemplo, en el centro Madrid-París había un salón de té para que las señoras descansasen durante las compras".
Declive
Fue este centro el que marcó una pauta para la realidad actual de la calle. Madrid-París fue el primer gran almacén de España, al que siguió Sepu.

Una pauta no escrita que hacía que cualquier visitante que pisase, ya no Madrid, España, tuviesen cita obligada con la Gran Vía. Era el centro del mundo ante el que se arremolinaba toda una sociedad. La 'jet set' nacional e internacional pasó allí para ver y ser visto, para dar y disfrutar de ese ambiente único.
A partir del último tercio de siglo, comenzó la decadencia. Para Delgado, la concentración de grandes franquicias ha acabado con el alma comercial de la calle. "La Gran Vía tenía un poder de atracción especial por la experiencia que suponía. Era el escaparate de Madrid y de España. Las tiendas daban un trato selecto al cliente. Todo eso se ha perdido. La crisis del cine ha afectado al comercio y eso ha convertido a la Gran Vía, con todo el dolor de mi corazón, en una calle más. Una calle vulgar", incide.

Sólo quedan 3 de los 13 cines que hubo, y otro 4 se han reconvertido en teatros. Cafeterías como Zahara, Nebraska o Manila, y joyerías como Alexander o la Unión Relojera cerraron sus tiendas en la zona. delgado concluye: "Turismo va a haber siempre, porque se incluye enm la guías de viajes, pero el comercio no está tan claro que vaya a ganar con el tiempo. Porque, poco a poco, la idea de la Gran Vía como referencia del comercio de primera línea está desapareciendo. Se está convirtiendo en una calle anodina de venta para las masas, mientras que el comercio que le daba gran nombre a la calle se ha trasladado a la zona noble de la ciudad". Los tenderos de toda la vida esperan que el soplo de velas del 5 de abril recupere esa pujanza perdida.