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Pilar Oteiza explicó que esta exposición se observa cómo en el proceso de búsqueda estética el artista va eliminando materia, primero con los poliedros y después con sus chapas, hasta crear un "espacio vacío y espiritual". A partir de ahí aparecen las unidades livianas, que son las que configurarán los límites de la obra que relaciona el espacio interior con el espacio en el que se inserta.
Respecto a la descomposición del cubo, la comisaria de esta muestra explicó que comienza con la apertura de poliedros que trabaja en piedra. "La unidad Malevich está muy presente, sirviendo de sustracción o adición, según sea necesario", indicó. Así, con sus maclas inicia la desocupación del cubo, que luego pasa a ocupar con planchas metálicas en las que utiliza neta la unidad Malevich, una unidad dinámica que pone en relación la obra con su entorno.
En los años 50 el artista pasa por un proceso de explosión de su capacidad creadora y es en este momento cuando le proponen realizar la estatuaria de Aránzazu y se pone de lleno a trabajar con pequeños formatos de escultura con diversos materiales. "Es su etapa más importante porque en ese momento consigue llegar a su búsqueda, al final de su búsqueda estética", señaló. "La madurez artística de Oteiza fue un proceso, y siempre supo que era un artista, y buscaba cómo responder a esa llamada interior", señaló Oteiza.






































