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Años más tarde, ya muerto Calvino, Cano se reencontró con la mujer del escritor en otra exposición "y me regaló un ejemplar de la primera edición de 'Las ciudades invisibles', sugiriéndome leerlo con atención e intentar extraer material para mi pintura", recordó durante la presentación de la muestra el artista.
Con un formato de 30 por 50 centímetros, y con la acuarela como única fuente, a la derecha de cada una de las imágenes aparecen dos letras que corresponden a la inicial de las ciudades y que han sido extraídas por el artista de treinta alfabetos diferentes, la mayor parte de ellos antiguos.
Las ciudades fantásticas narradas por Marco Polo al emperador de los tártaros, Kublai Kan, toman forma, a partir de las referencias de Calvino, en unas acuarelas llenas de sensaciones. "En cada página del libro había grandes sugerencias. Trece años después de leerlo propuse hacer una serie de litografías, pero, a propuesta de la propia esposa de Calvino, decidí finalmente pintar cada una de las ciudades", explicó el artista.



































