Veinte años después de los ataques terroristas del 11 de marzo de 2004 en Madrid, las cicatrices dejadas por la tragedia aún están vivas en la memoria colectiva de España y Europa. Los atentados coordinados en trenes de cercanías en la estación de Atocha de Madrid, que se cobraron la vida de 191 personas y hubo más de 1.800 heridos, supusieron un punto de inflexión en la lucha antiterrorista europea, que adquirió conciencia abruptamente de la amenaza del terrorismo islamista y su capacidad para llevar cabo sus ataques en el continente.
Madrid celebra este año, vigésimo aniversario de los atentados, con numerosos actos solemnes para recordar a las víctimas y la respuesta de la sociedad española; el trabajo de los servicios de emergencia y las fuerzas de seguridad, pero también el de centenares de voluntarios que asistieron a heridos y familiares de la catástrofe.
Los atentados del 11-M en Madrid sirvieron como llamada de atención y provocaron un cambio significativo en los esfuerzos antiterroristas de España y Europa. Desde entonces se han invertido recursos en agencias policiales y de inteligencia para abordar el panorama de una amenaza en evolución, que ha golpeado el continente innumerables veces en las últimas dos décadas.
"Los atentados del 11-M fueron una operación terrorista sin precedentes en España por su gravedad, por el modus operandi y por el impacto social y político que tuvieron. Fue el primer atentado yihadista grave consumado en un país de Europa occidental", según Luis de la Corte Ibáñez, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) e investigador en asuntos de seguridad nacional e internacional.
Desde los atentados del 11-M en Madrid, la amenaza yihadista ha evolucionado debido a la actividad de difusión de propaganda a través de Internet y a la influencia de organizaciones yihadistas que han aparecido con posterioridad, especialmente tras la declaración de un Estado Islámico en Siria y en Irak en 2014.
"Eso acabó generando, entre otras dinámicas nuevas, un ciclo de movilización yihadista hacia Siria e Irak. Desde países árabes, pero también desde países europeos, lo cual planteó un desafío enorme para las Autoridades, que debían identificar a ciudadanos europeos que intentaban unirse al Estado Islámico para detenerlos antes de que pudieran regresar a Europa, quizá con intenciones de atentar", explicó De la Corte a 'Euronews'.
El terrorismo islamista ha visto también la aparición del fenómeno de los lobos solitarios, individuos que actúan por sus propios medios, con sus propios criterios y sin el apoyo de una estructura organizativa detrás, pero que han llegado a cometer atentados letales en París, Berlín o Barcelona.
En la actualidad, el yihadismo global tiene una prioridad clara fuera de Occidente, centrándose en países del mundo árabe musulmán, explicó el experto en seguridad.