En algún momento tenían que coincidir los Veranos de la Villa y la canción del verano, dos fenómenos estivales que alcanzaron la madurez hace rato. La oportunidad se ha dado este año cuando cuando la popular lista de los 40 Principales celebra sus sesenta años de éxito. Los veranos madrileños solo tiene cuarenta y dos…
La efeméride musical ha servido para inaugurar la programación de este año 2026 con una prolongada sesión discotequera en la plaza central del antiguo matadero de Legazpi. La que se presentía como velada sofocante, se vio aliviada por la gran tormenta que descargó sobre la capital hasta una hora antes de empezar el festejo. Fue necesario achicar agua de los escenarios y, posiblemente, el fenómeno meteorológico retrajo a muchos participantes. Los que no se arredraron ante la posibilidad de mojarse, lo pasaron en grande. La ceremonia musical tenía que estar oficiada por dos veteranos maestros de las mezclas: Fernandisco y Mónica Ordóñez, que se alternaron en la mesa animando al público. No precisaron mucha animación Marta Rivera de la Cruz y Joaquín de Luz, director de los veranos, que fueron de los primeros en moverse al son de los éxitos de los 80 y 90 del pasado siglo. En la improvisada pista se dieron cita cientos de parejas de una edad no especialmente corta, que se sabían todas y cada una de las canciones.
Los matrimonios más jóvenes llevaron a sus hijos pequeños, que ponían cara de no entender nada: estos temas les sonaban a chino. No faltaron caras de una cierta vergüenza al ver a sus progenitores descoyuntarse al ritmo de La Barbacoa. Así durante tres horas, haciendo alguna parada en los chiringuitos, con precios no especialmente populares, por cierto.
La canción del verano despertó pasiones durante décadas. Los grupos y solistas lanzaban sus novedades recién iniciada la primavera con el fin de popularizarlos antes de que comenzaran los meses de galas por toda España. Quien se llevaba el gato al agua, conseguía más contratos y tenía la obligación de interpretar su éxito una, dos y hasta tres veces en concierto. Las orquestas veraniegas, auténticas sostenedoras las verbenas y fiestas mayores de la península, llevaban en su repertorio los títulos más nuevos pero, también, los que habían machacado los pinchadiscos los veranos anteriores. La larga lista de títulos que sonó ayer devolvió momentáneamente del olvido a bastantes artistas pero también sonaron otros que siguen actuando y grabando.
Este ejercicio de nostalgia musical abre un programa que se prolongará hasta el 29 de agosto. Esta noche se enciende el escenario del centro Conde Duque para la gala de zarzuela protagonizada por la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid dirigida por Oliver Díaz, con la soprano Berna Perles y el barítono Manel Esteve. Se interpretarán fragmentos de zarzuelas como La verbena de la Paloma, El barberillo de Lavapiés, Doña Francisquita o Los gavilanes. Comenzará a las diez de la noche y tiene un precio de 24 euros.
Durante este primer fin de semana, la programación se extenderá por varios de los distritos de la capital.