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Ver nevar

Por Pedro González Torroba
domingo 17 de enero de 2021, 19:31h

La respuesta de una mayoría de madrileños ante las llamadas a la colaboración del Ayuntamiento de Madrid contrastan con algunas actitudes pasivas de otros que consideran que no tienen ese deber. Si los madrileños no hemos reaccionado más rápido es porque no acostumbramos a tener palas en nuestras casas, aunque puede que también por un exceso de confianza en que el sol rápidamente desharía el entuerto.

Un día nevado cuesta a cada madrileño 50 euros y llevamos así más de una semana. Si los ciudadanos no nos involucráramos, seguiríamos perdiendo 50 euros a día hasta que, por fin, llegaran los servicios municipales a la última puerta de nuestras casas.

Las palas van llegando y las comunidades de propietarios y los vecinos se las han ido prestando entre sí. Pero hemos echado de menos una normativa que lo regule. Madrid no tiene una ordenanza que obligue a los propietarios de los edificios a eliminar la nieve de la acera como sí tienen tantas otras ciudades del mundo.

Pero lo curioso del caso es que no se trata de un olvido. Madrid tenía hasta hace diez años una disposición en su Ordenanza de limpieza viaria que decía que, quienes habitaran en fincas urbanas y quienes tuvieran a su cargo la limpieza de edificios públicos y establecimientos de toda índole, debían colaborar en la limpieza de hielo y nieve de las aceras en la longitud correspondiente a su fachada, y en una anchura mínima de dos metros, si la acera fuera de mayor ancho, depositando la nieve o hielo recogido a lo largo del borde de la acera. Esta obligación no era una novedad en aquel momento, se trataba de un deber que históricamente se imponía a los propietarios de los edificios por las ordenanzas municipales.

Parece una regulación bastante sensata pero a un particular le pareció demasiado gravamen y en 2012 el Tribunal Supremo le dio la razón por considerar que esa ordenanza imponía una prestación personal y anuló el precepto. Es decir, el Tribunal Supremo consideró que salir a limpiar la nieve delante de nuestras casas -o contratar a otro para que lo haga por nosotros- es igual de gravoso que, por ejemplo, hacer la mili. Según este criterio que parece que muchos tienen muy asumido, regular el deber de retirar la nieve al borde de la acera requiere de las mismas garantías que reclutar forzosamente a los ciudadanos y, sin embargo, no se asimila a otros deberes cívicos como conservar el medio ambiente o reciclar. Lo terrible es que no se puede volver a aprobar una normativa similar, salvo que queramos que nos vuelvan a aplicar el mismo criterio judicial.

Pedro González Torroba

Letrado consistorial del Ayuntamiento de Madrid y Coordinador general del Área de gobierno de Economía, innovación y empleo

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